Crónicas de la Libertad: Cienfuegos reorganiza su nueva vida (VI)

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Mientras la triunfante caravana rebelde se acercaba al centro de Cuba, en Cienfuegos la vida nueva se organizaba en medio de tensiones.

El domingo 4 de enero del ’59 llegó a Cienfuegos, procedente del exilio, el dirigente del Movimiento 26 de Julio aquí, Aldo Margolles Dueñas, elegido coordinador de esa organización. El Directorio Revolucionario reagrupó sus fuerzas bajo la dirección de Pedro Elizalde Lazo y otros destacados revolucionarios. Fue de esa manera que se reestructuró en la ciudad el Partido Socialista Popular (PSP), y ese propio día se eligió una Comisión Municipal de las organizaciones revolucionarias locales, primer paso para lograr la consolidación del poder revolucionario unitario.

Esta primera estructura quedó encabezada por el doctor Serafín Ruíz de Zárate, también del M-26-7, médico cienfueguero que se desempeñó hasta la propia batalla de Santa Clara en la columna invasora No. 8 Ciro Redondo, al mando del Comandante Ernesto Che Guevara.

La comisión la integraron, además, el abogado José Antonio Frías (M-26-7), José Manuel Macías González y Emilio Caballero Castillo (Segundo Frente Nacional del Escambray -SFNE), Juan Ferriol Freyre (Organización Auténtica) y Rafael Lozano Cabrales (PSP).

Posteriormente fue elegido Comisionado Municipal (Alcalde) Serafín Ruíz de Zárate, y cuando éste fue llamado a la capital para su nombramiento como ministro de Salud Pública, ocupó ese cargo José Antonio Frías.

Después serían designados otros cuadros revolucionarios, la mayoría del movimiento liderado por Fidel, al frente de las dependencias económicas oficiales del territorio. Así, Rigoberto García Flores, quien fuera el primer coordinador de la referida agrupación en la clandestinidad, fue nombrado director de la Aduana; José Fuxá Sáenz, jefe de la Resistencia Cívica, quedaría a cargo de la Zona Fiscal; el doctor José Caballero, también de filiación al movimiento, fue designado director del Hospital Civil; Fernando López Muiño, Andrés Díaz Suárez y Jorge Segura, en la Junta de Educación; el periodista Manuel Guerrero Torres, coordinador obrero; José Álvarez Gallo, coordinador de propaganda; Francisco Primiano, tesorero municipal; y Digna Cires, activa militante del clandestinaje, coordinadora de suministros.

Otra mujer del movimiento rojinegro, Aida Peña, fue nombrada directora del periódico Cienfuegos Libre, órgano de la Revolución, nombre que adoptó el antiguo diario El Comercio, incautado por sus obreros el 2 de enero, porque era propiedad del ministro de Gobernación del régimen derrocado, Santiago Rey Pernas, y del representante a la Cámara, Alberto Aragonés. Este diario después tomaría el nombre de Liberación.

Para las tareas militares fue designado el luchador clandestino cienfueguero Aníbal Veláz Suárez.

La designación de éstos y luego otros legítimos y prestigiosos luchadores del Movimiento 26 de Julio, fue el reconocimiento más que merecido a aquellos que desafiando la feroz dictadura batistiana la combatieron en la ciudad, y luego desde otras partes, cuando arreció la persecución contra los participantes en el levantamiento popular armado aquel 5 de septiembre de 1957. El gesto era, además, el tácito desconocimiento de la sociedad cienfueguera a los espurios jefes “comevacas” del pomposamente autoproclamado Segundo Frente Nacional del Escambray.

Como adelantamos en la cuarta parte de este seriado, aquel domingo 4 de enero, a media mañana, hizo su entrada triunfal en la ciudad una caravana de entre 30 y 40 camiones con combatientes capitaneados por Raúl Curbelo Morales que habían tomado parte en la liberación de los poblados de Aguada de Pasajeros, Rodas, Abreus y Cartagena.

En la discusión de los capitanes del M-26-7 Curbelo Morales y Julio Martínez con William Morgan y su tropa del SFNE, se hizo evidente la hostilidad de la fuerza disidente a los esfuerzos conciliatorios iniciados por el Che desde su llegada al macizo central de Cuba. Aun así, se logró un acuerdo para compartir las postas de guardia en la ciudad, como una manera de ir puliendo las discrepancias y en evitación de un incidente de mayor envergadura que en nada ayudaría al naciente proceso revolucionario. Para los verdaderos patriotas siempre estuvo claro que la unidad era lo esencialmente revolucionario en aquellos días de definiciones. (Continuará)

Crónicas de la Libertad: Cienfuegos en profundas contradicciones (V)

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