Crónicas de la Libertad: Cienfuegos en profundas contradicciones (V) | 5 de Septiembre.
dom. Dic 15th, 2019

Crónicas de la Libertad: Cienfuegos en profundas contradicciones (V)

Cuba era un desborde de alegría por el triunfo rebelde. Cienfuegos también, pero recelaba de aquellos que se presentaron como liberadores de la ciudad. Sapiencia de pueblo. /Foto: Archivo

Los líderes revolucionarios sureños, esos que el pueblo reconocía y respetaba por su actuación rebelde y correcta, no se encontraban en la ciudad en los inicios de aquel año 1959. Después del alzamiento del 5 de septiembre de 1957, aplastado por la tiranía a sangre y fuego, los que salvaron la vida fueron obligados por la feroz represión a tomar diferentes caminos: asilarse y salir del país, trasladarse a otras provincias, subir a las montañas del Escambray o la Sierra Maestra.

Así transcurrieron en la ciudad los cuatro primeros días de enero, jornadas de júbilo esperanzador en las que el orden lo impuso el propio pueblo, dirigido por revolucionarios locales sencillos e inspirados. Cienfuegos festejaba la victoria alcanzada a tan alto costo de sangre y sacrificios, y a su vez respaldaba la Huelga General Revolucionaria decretada por Fidel.

Pero la dirección oportunista de Gutiérrez Menoyo estableció su control sobre las estaciones radiales locales, desde cuyos micrófonos lanzaron el comunicado de la “liberación de esta ciudad por las gloriosas tropas del Segundo Frente Nacional del Escambray”. Por supuesto, no dijeron que nunca habían entablado combate con el enemigo, ni tampoco explicaron por qué no tenían representación alguna en la ciudad, ni estaban estructuradas como organización aquí.

Es cierto que algunos de sus combatientes eran hombres honestos y patriotas, gente confundida en medio de aquellas circunstancias, pero los dirigentes de aquella amalgama caótica carecían de una ideología revolucionaria. Los movía su afán de monopolizar el poder político, y en interés de hacerse con él tomaron posesión de dependencias municipales y crearon una especie de Junta de Gobierno.

Al frente de aquella gobernación espuria nombraron coordinador a un representante de la burguesía propietaria cienfueguera de apellido Lora —un oportunista de marca mayor autonombrado integrante de la facción de derecha del Movimiento 26 de Julio, dueño de cafetales y tierras en el Escambray—, al tiempo que designaron jefe de la Plaza Militar de la ciudad a William Morgan, norteamericano segundo al mando de ese grupo; a John Spiritto, tercera pieza en la dirección del Frente, como jefe de la Policía Marítima; y como buen camaján al fin, Eloy Gutiérrez Menoyo se trasladó a La Habana en busca de posiciones, porque creyó que, como antaño, con el triunfo habría componenda, y si a algo él aspiraba, era a no quedarse fuera.

El mismo Primero de Enero de 1959, de manera independiente, el dirigente fundador de la Juventud del M-26-7 en la ciudad, Jorge Liriano, ocupó los locales sindicales —muchos dominados por batistianos—, selló las cajas fuertes para que no se robaran los fondos y destituyó a los dirigentes “mujalistas”, todo ello en medio de fuertes discrepancias con los dirigentes del Segundo Frente Nacional, a quienes no agradó la radical medida.

Por su parte, miembros del Directorio 13 de Marzo y del Partido Socialista Popular, unitarios y realmente revolucionarios, no tardaron en reorganizarse, aunque en espera de sus jefes locales máximos.

Procedente de Júcaro, donde operaba cuando se produjo el triunfo revolucionario, el 2 de enero entró a la bahía, en zafarrancho de combate y con sus cañones desenfundados, la fragata 101 de la Marina de Guerra y quedó al pairo frente a Cayo Loco, expectante ante la presencia indeseada de las tropas del Segundo Frente Nacional del Escambray, que ocupaban las instalaciones de la sede del Distrito Naval del Sur. La dotación de esta unidad de superficie, comandada por Gerardo Torres Tamayo, había comunicado ya su adhesión a la causa rebelde.

Al siguiente día, sábado 3 de enero del ’59, la jefatura de la Marina de Guerra, en la capital, envió a esta ciudad al palmireño Roberto Roque Núñez, quien fuera uno de los pilotos del yate Granma, para hacerse cargo de esa base naval, pero Morgan y Spiritto se lo impidieron, desconociendo la orden de la jefatura central. Cienfuegos era escenario de profundas contradicciones, ¡pero el pueblo en las calles era el dueño del verdadero poder! (Continuará)

Crónicas de la libertad: El día que amanecieron juntos un año y un pueblo (IV)

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