Crónica de color incierto

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De esas noticias que ciegan: Irrumpe, una de las grandes agrupaciones de la historia del teatro cubano, viaja a Cienfuegos a culminar el montaje y a estrenar “Crónica de un amor oscuro”, provocativa muestra cuya realización constituye el trabajo de diploma de su director, Eduardo Muñoa.

Aunque la noche doncella fue sin dudas un ensayo general, como podía esperarse, las puestas sucesivas fueron ganando en ritmo, los movimientos eran ya más atinados, se había conseguido una mayor organicidad; restaban por pulirse detalles de proyección, dicción y nivel de las voces…, empero, algo parece inscribir sus adeudos en el saldo de la dirección de actores, en el del montaje en general, o quizás en el sustento escrito, no lo llegué a saber.

Quizás cargaron demasiado al hipertexto (por momentos asfixia la exigencia de conocimientos que presupone la comprensión trascendental); otras, el texto parece insuficiente. Sin dominar ciertos pasajes de la historia aludida (nada sobresalientes, por tanto, dispensables) noté que, para muchos en la sala, el duque de Mórtimer era apenas un criado enamorado de la reina, y las máscaras de la corte cualquier pandilla de borrachos que pasaban, ni siquiera por el puerto, espacio este relativamente inasible dentro del contexto.

A una primera mirada me preocupa el empleo a fondo de los personajes, los excesivos sobreentendidos en la conversación de Isabella Capeto con su cómplice, los demasiado livianos verbos del rey y su amante, especialmente mientras mediaban las caricias, y aquellos serían instantes que marcarían el curso de la trama contada.

La historia en sí, se afinca en lo que hoy constituye moda recurrida por los teatreros de la capital: el tema de la homosexualidad. Apela al destino del rey Eduardo II, de la dinastía Plantagenet, y de su pareja Daniel Gaveston, exponiendo la manera en que el monarca fue progresivamente acosado por las normas que a él le correspondía administrar, al punto de que se viera movido a traicionarse con decisiones graves que, no obstante, dejaron infelices a todas las partes implicadas y sumieron al país en la guerra civil por más de una década.

Valorando la posición del rey, la reina, el intrigante y la chusma, se filosofa entonces sobre la naturaleza de la traición, sobre la ceguedad de los profundos sentimientos y la naturaleza del amor, que ante el despecho pretende destrozar el objeto deseado; viene a capitulo la primacía del orden sobre la razón y la falsedad de la victoria que espera a los traidores. Se indaga respecto a la lealtad a sí mismos y a los demás, la “dudosa” confiabilidad de los que tienen el valor de ser distintos, y la opción de su oponente, la no menos tambaleante conveniencia de la doble moral…, de alguna forma se aborda cada una de las astas de esa propia razón en su condición de multilateralidad (ambos, asesino y victimario, esgrimen su pedazo de verdad), y el triunfo sobre ellas de la eventualidad. Se estudian los pasos seguidos por quienes buscan encontrar los caminos para arruinar la felicidad de una persona… Se arriba a una conclusión de las más importantes: la fragilidad del destino elevado.

En el plano de las actuaciones valdría reconocer la dignidad con que José Luis Pérez defiende su Spencer; a todas luces, este joven hará capítulo, y eso pudimos comprobarlo en el Café-teatro. Además de subir con decoro a las tablas, muestra dominio de su voz y su cuerpo, bailando y cantando con gran precisión y entusiasmo. La sangre del artista se le sube a los poros con gran temple; ya viene siendo hora de que alguien le confíe papeles más destacados.

De cualquier modo, la crítica señala, le corresponde al tiempo sancionar. El público fue pródigo, y ellos recibieron ese cariño con un gracioso gesto de grandeza humana. Siempre habrá que agradecerles venir acá a estrenar, tanto como que sigan confiando en los jóvenes, bella forma esta de honrar el propio nombre de Irrumpe, y así también la memoria de su mentor (por siempre la historia del conjunto se asociará directamente al trascendental dramaturgo Roberto Blanco).

Estimo, finalmente, que la tradicional limpieza de estilo y el afán de trascendentalidad que a lo largo de sus tantos años han caracterizado a la compañía, irrumpirán progresivamente en la obra, seguirán perfilándola y harán en breve de ella una de las puestas memorables de la cartelera contemporánea.

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