COVID-19: Los otros escenarios de riesgo

Acostumbrados como estamos a que actos, plenarias y abanderamientos sean parte de nuestra dinámica social y de nuestras referencias en la prensa diaria, no es de extrañar que este inicio de año, que ya transita por su segundo mes, acumule no pocas de esas actividades.

Solo que este 2021 no ha comenzado como un año cualquiera en el devenir de la vida nacional yva dejando en su todavía corto camino una impronta sombría, con cifras alarmantes de contagios y fallecimientos causados por la COVID-19.

Así como la situación epidemiológica del país —ahora más comprometida— nos ha obligado a revisar hábitos de comportamientos y de socialización desde que comenzó la pandemia, deberíamos plantearnos también prescindir de ciertas liturgias que, abundantes y hasta redundantes en tiempos normales, ahora están fuera de lugar.

Asombra  —y alarma— ver cómo este tenso inicio de año ha sido pródigo en eventos que reúnen a una determinada cantidad de personas. Ni siquiera la consabida coletilla de que se hacen “… con todas las medidas que la actual situación impone…” como suelen ser reflejados en nuestra prensa, alcanza a tranquilizarnos, máxime en un contexto en que constantemente se exige a la población limitar las reuniones de toda índole, ser disciplinada y responsable.

Se lee en los periódicos, se oye en la radio, pero sobre todo se ven en la televisión —donde la imagen no deja lugar a dudas— reseñas sobre colectivos que lo mismo en un espacio abierto que en uno cerrado, intercambian sobre una agenda o conmemoran un acontecimiento cuyo tratamiento bien pudiera postergarse, sin consecuencias.

Y aclaro en este punto que no me refiero a aquellos intercambios o reuniones indispensables que la dirección del país o la de sus provincias debe sostener para coordinar, organizar e implementar medidas que contribuyan a mantener vital a la nación en tiempos tan convulsos y retadores.

Son esas dinámicas imprescindibles, pero que deben promoverse también con una racionalidad necesaria y con las debidas precauciones, para minimizar el riesgo de contagio en personas que ostentan altas responsabilidades en las estructuras del Partido y del Gobierno, puesto que sus aportes en el desempeño de sus cargos son aún más valiosos en estos tiempos de crisis.

Sí llamo la atención sobre aquellas rutinas que pueden esperar o que pueden hacerse de una manera diferente a como una tradición las ha entronizado.

En momentos en que la cifra de contagios en el país y en algunos de sus territorios no baja de los tres dígitos y promedia de tres a cuatro fallecidos diarios… ¿hay que reunir a tantas personas para reconocer a un trabajador o a un colectivo, por mucho que lo merezcan? ¿No se pueden divulgar sus virtudes por otras vías, de manera que todos lo sepan y se sientan así gratificados?

¿Es necesario abanderar – en medio de un ritual al que ya nos hemos acostumbrado – a una brigada de trabajadores por muy altruista que sea la misión que van a cumplir, cuando loimportante es precisamente eso, que la cumplan y que la cumplan bien?

¿Hay que reunir —ceremonia mediante— a un grupo relativamente numeroso de personas para inaugurar un local o un servicio, cuando lo que realmente importa es que comience a desempeñar de inmediato su rol social?

¿Por qué tenemos que celebrar el “Día de…” como siempre lo hemos hecho — con podio, tribuna y público— si en tiempos tan excepcionales como estos, con una mención al interior de los colectivos o una bien diseñada estrategia comunicativa podemos ponderarlo y no dejar que pase por alto?

Durante estas últimas jornadas, tremendas para Cuba y para el mundo, he visto, por ejemplo, cómo un grupo de personas se reúne en un cine de pueblo para celebrar una conferencia municipal del sindicato, o asisten a un acto en conmemoración de un “Día de…” que ni siquiera se ha ganado la provincia a la que pertenece la localidad que lo está festejando.

Se habla —y con razón— de cuánto riesgo entrañan viajeros y familiares que violan los protocolos establecidos; las fiestas fuera de control y las colas desorganizadas. Pero deberíamos también activar las alarmas sobre ciertas prácticas que se han hecho rituales en nuestra sociedad, pero que tal como las veníamos asumiendo, son hoy incompatibles con los tiempos que corren.

*Premio Nacional de Periodismo José Martí

Omar George Carpi

Omar George Carpi

Periodista del Telecentro Perlavisión.

3 Comentarios en “COVID-19: Los otros escenarios de riesgo

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    el 16 febrero, 2021 a las 11:14 am
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    Y qué hay con las reuniones de las organizaciones. Aunque se dice y dice, el secretario de mi núcleo quiere hacer una reunión «ordinaria», de a todas todas y a porque sí.

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      el 17 febrero, 2021 a las 4:06 pm
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      Berto, gracias por opinar y contribuir así al debate sobre el tema. En lo personal, creo que entre las muchas urgencias entre las que el país se debate en estos momentos, hacer conciencia sobre lo improcedente de algunos comportamientos en tiempos de pandemia, es una de las más perentorias. Siendo el trabajo político ideológico una de las razones de ser de un núcleo del Partido, la insistencia que usted describe no me parece compatible con esa responsabilidad, sobre todo cuando puede haber otras maneras de hacer una «reunión ordinaria» que no sea añadiendo un espacio más de riesgo a los que ya tenemos. Saludos

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    el 16 febrero, 2021 a las 11:00 am
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    Me parece magnifica la reflexiòn, aùn queda mucho por hacer , la responsabilidad y la dsciplina se impone.
    Porque deseo de tantas celebraciones si aun siguen apareciendo casos por cometer errores en indisciplinas en el actuar diario de nosotros mismos.

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