Corea del Norte: “el todo por el todo”

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El portaaviones "USS Carl Vinson" mientras navegaba por las aguas del mar del sur de China en dirección a la península coreana./Foto: Internet

De que Corea del Norte está dispuesta a jugarse el todo por el todo, la desaparición de la península incluida, parece demostrarlo la actual crisis que implica a sus enemigos históricos.

La magnitud de lo que se juega hoy en esa zona del mundo, más allá de las consecuencias para los protagonistas principales del conflicto, dice hasta donde está decidida a jugársela la dirección del actual gobierno coreano, aliado de China, según se afirma.

El lenguaje desatado por los contendientes, el de la fuerza, es el mismo que EE.UU. y la otra Corea vienen empleando con maniobras militares cercanas a las aguas territoriales del país del norte de la península desde hace muchos años.

En las informaciones y análisis de la gran prensa occidental referidos al tema, ninguno censura las constantes provocaciones que amenazan la integridad de la nación del líder histórico, Kin Il Sun, y las sucesivas generaciones nacidas en ella.

Sanciones tras sanciones de la ONU a Corea del Norte —ninguna de las cuales son aplicadas a Israel—, intentan obligarla a ceder al chantaje de la más poderosa potencia militar y económica del mundo.

Los norcoreanos no olvidan la agresión de que fueron víctimas por parte de Estados Unidos, entre los años 50 y 53, con las consecuencias derivadas de una guerra de tamaña dimensión, la cual dio lugar al surgimiento de la otra parte de la península, aliada hoy del imperio del norte al sur del paralelo 38.

El desarrollo militar que Corea del Norte ha alcanzado, mediante inconmensurables sacrificios, tienen que ver con su historia. Sus gobernantes llegaron a la conclusión de que solo con una fuerza armamentista como la que poseen podrían detener a Estados Unidos y hacerlos pagar bien caro un potencial ataque.

A Irak, Libia, Afganistán, dicen sus líderes, terminaron ocupándolos y los retrotrajeron al desastre por todos conocido.

Con aparente calma, ocultando su inquietud, la diplomacia norteamericana corre de un lugar a otro tratando de prevenir el incendio en el que también podrían quemarse si el arsenal concentrado en la zona llegara a estallar.

En sus últimas declaraciones Donald Trump ha dicho que prefiere solucionar este conflicto apelando a la diplomacia y solicita de las autoridades chinas influir en Corea para intentar aplacar la debacle en que sus intereses se verían seriamente afectados.

De desatarse o no un choque de tal naturaleza, los resultados para Estados Unidos serían absolutamente adversos. El mundo observa, cómo el imperio todopoderoso está siendo desafiado por un contrincante del Tercer Mundo que no se atemoriza ante sus amenazas. Corea del Norte se juega el todo por el todo. Es cierto. Estados Unidos, Corea del Sur y otros…, también.

Donald Trump, el recién estrenado presidente de Estados Unidos, quien en su campaña electoral prometía a sus conciudadanos respetar el sistema político y social de todos los países del mundo, evitando cualquier tipo de intromisión militar, rompió tempranamente sus compromisos por aquello de “donde dije digo, dije diego”.

Una gran parte de los norteamericanos, cansados de tantas guerras, promovidas por sus gobernantes, colocaron a Trump como el jefe de estado con menos apoyo popular por su errática política interior y exterior, la cual afecta la paz mundial y la seguridad misma de los norteamericanos.

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