Contundente manifiesto social
vie. Dic 13th, 2019
Foto: Tomada de Internet

Foto: Tomada de Internet

Con la hendidura de su escalpelo en las zonas más putrefactas y anómalas del cuerpo social de los Estados Unidos, Así nos ven estampa un zoom directo, libre de toda condescendencia, parcialidad o sensiblería, al mecanismo legal y penal yanqui, al racismo cerval de muchos norteamericanos en posición de poder y al apetito omnívoro tanto de los medios como de los multimillonarios que condicionan la dirección del país por controlar las matrices de opinión a favor de sus respectivos intereses.

Así nos ven (2019), la miniserie mediante la cual la ecléctica, muy prolífica y a la vez demasiadas veces anodina cadena Netflix nos sorprende gratamente a los seguidores de sus producciones seriadas, se sumerge, con convicción inusual para este tipo de materiales, en la gran engañifa nacional en la cual se convirtió el célebre caso de Los Cinco de Central Park.

Mediante un relato social directo, realista y políticamente posicionado -como no había visto exponentes de su género algunos desde The Wire y American Crime– la miniserie que proyectó Cubavisión durante varios domingos redescubre a la opinión pública los intersticios de uno de los errores penales más clamorosos de la historia de los Estados Unidos.

Si bien, en realidad no fue un error; sino en verdad una descarada conjura trilateral de policías/comisarios, fiscales/jueces, medios/políticos para inculpar a cuatro niños y adolescentes negros y a un hispano de la salvaje violación e intento de asesinato de una corredora blanca, en el Parque Central de Nueva York, durante la noche del 19 de abril de 1989.

Cual el episodio 2 se encarga de subrayar, mediante material de archivo de loable evidencia, el magnate de bienes raíces Donald Trump resultó uno de los impulsores fundamentales de la injusta condena de perfil racista, por espacio de 10 a 14 años, de niños negros para quienes el actual mandatario estadounidense pidió hace tres décadas la pena de muerte; y en tal sentido costeó anuncios en los periódicos nacionales para atizar el odio.

La miniserie creada y comandada con notable pulso cinematográfico y sentido de la dosificación dramática por la directora-activista Ada DuVernay (realizadora del filme Selma, también sobre el tema de la racialidad) es modélica en la organización de su contenido, asida a un sesgo convencional prudente para un modelo de narración al cual ese abuso de las fragmentaciones de tanta serie actual hubiese lastrado.

Los dos primeros episodios (magníficos, sin nada que objetarles) exponen los hechos y desarrollo del amañado proceso legal. El tercero, con unos 25 minutos iniciales reiterativos y que debieron peinarse en pos de mayor sustrato narrativo, aborda la difícil reintegración social al salir de la cárcel a un sistema que está configurado para nunca asimilar a los ex convictos. Y el cuarto, el menos sólido de todos, está centrado de forma muy puntual en el salvajismo carcelario practicado contra uno de los jóvenes. Se nota que antes de filmarlos la DuVernay se bebió de un tirón la serie Oz, pero carga las tintas en demasía, al tiempo que individualiza de forma marcada una historia hasta dicho momento semicoral.

Al cierre de este capítulo final, la obra producida por Oprah Winfrey y Robert De Niro, consigna en la consabida información epilogar de casi todo audiovisual basado en hechos reales que Korey Wise, Raymond Santana, Kevin Richardson, Antron McCray y Yusef Salaam, los Cinco de Central Park, fueron exonerados, en 2014, cuando el Estado de Nueva York los indemnizó de forma conjunta por 41 millones de dólares. Eso ocurrió solo doce años después que el real violador y causante de las graves lesiones a la corredora nocturna, Matías Reyes, confesase su culpabilidad.

Ni 41 millones ni todos los dólares de la nación podrían compensar la cuchillada a la inocencia que significó ese abuso abierto (con estos chiquillos, juzgados a dedo, violaron todos los procedimientos legales y cada una de las normas de Derecho de los Estados Unidos) practicado por policías, jefes de precintos y fiscales de Nueva York. Constituyó uno de los más comentados casos de racismo policial y discriminación de toda la historia del sistema judicial norteamericano. Aunque en ese país, cuyas cárceles están abarrotadas de negros jóvenes, poco instruidos y de zonas pobres (como los protagonistas del relato), han existido muchos, demasiados casos de personas injustamente condenadas, no pocas de las cuales incluso fueron ejecutadas tras permanecer largo tiempo en prisiones y en el Corredor de la Muerte.

Ni 41 millones ni todo el oro de la Reserva Federal podrían devolverles lo arrebatado, por largos años, a estos cinco niños que vivieron experiencias traumáticas en reformatorios y cárceles ubicados a lo largo del país, que troncharon su adolescencia, su juventud y conocieron la humillación de por vida, justo hasta 2014, cuando el sistema, muy tardíamente, reconoció su colosal fallo.

Rara avis dentro del contexto de la teleficción norteamericana, en virtud de su valentía y verismo hoy día inhabituales en su narrativa seriada, Así nos ven representa una de las series más importantes del año, la cual amerita el visionaje de todos.

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