Consigna incumplida

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La historia de los Estados Unidos demuestra con creces que el desarrollo de la nación norteña ocurrió haciendo caso omiso de lo que proclamaron al independizarse, o más bien haciendo todo lo contrario.
La historia de los Estados Unidos demuestra con creces que el desarrollo de la nación norteña ocurrió haciendo caso omiso de lo que proclamaron al independizarse, o más bien haciendo todo lo contrario.

Hace ahora 241 años que un grupo de trece colonias inglesas que ocupaban un territorio relativamente pequeño en el subcontinente de América del Norte, se rebelaron contra su metrópoli que los expoliaba y el 4 de julio de 1776 proclamaron su independencia.

El Congreso Continental, reunido en Filadelfia, aprobó la célebre Declaración que proclamó la independencia de Estados Unidos de América (sin precisar que era América del Norte, como para poder luego apropiársela toda) y estableció “el derecho y el deber de la población de luchar por derrocar cualquier poder colonial de ultramar que los oprima y asesine”.

Proclamaron entonces, además, una Consigna: “Todos los hombres fueron creados iguales y deben pelear por conquistar la libertad”. (¡!)

Cuando algunos hombres poderosos y guerreristas pensaron que necesitaban más “espacio vital” para desarrollarse como nuevo Estado, se anexaron en 1846, por conquista, los territorios mexicanos de Texas, Nuevo México y California, despojándolos de casi la mitad de su país original.

Cuando los Estados del Sur se rebelaron contra los del Norte, para mantener la esclavitud de otros hombres que ellos no sentían “tan iguales” porque eran negros, ocurrió la Guerra de Secesión (1861-1866).

Grabado que reproduce el acto de proclamación de la independencia de los Estados Unidos de América.
Grabado que reproduce el acto de proclamación de la independencia de los Estados Unidos de América.

Cuando en 1898 las discrepancias de Estados Unidos contra España determinaron que los primeros le declararan la guerra, permitieron arrebatarles a Cuba, Puerto Rico y ocupar Filipinas y Hawai. En 1903 compraron a Panamá una faja de terreno en la que construyeron un Canal Interoceánico. En 1917 entraron en la Primera Guerra Mundial, (1914-1918) al lado de los Aliados, y al concluir, EE.UU. rehusó adherirse a la Sociedad de Naciones y a firmar el Tratado de Versalles, y les trajo un rápido desarrollo de la industria y la agricultura. Entraron de nuevo en la guerra durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) al lado de los Aliados, después de la agresión japonesa a Pearl Harbor. Al término de la conflagración, aprovechando la debacle económica de los países europeos, emergieron de ella indemnes de penalidades dentro de su territorio, lejano del conflicto principal; crearon las bases de la Organización de las Naciones Unidas (1944); se enriquecieron financieramente con el Tratado de Asistencia Económica (Plan Marshall) a Europa (1947); cooperaron con la organización del Pacto Militar de Europa Occidental (1949); y para decirlo eufemísticamente, con palabras del diccionario Larousse (1968): “de un modo general se puede decir que los Estados Unidos, después de la Segunda Guerra Mundial, han intervenido en todas las cuestiones políticas y económicas importantes en Europa, Asia y África”, a lo que podemos agregar, para evitar la omisión de ese diccionario: en cuestiones también de la América Latina y el Caribe, aunque en ningún caso para cumplir la Consigna de los padres fundadores, sino en procura de su olvido. Para reafirmar esto último, citemos al intelectual dominicano Juan Bosch, quien en su texto El Pentagonismo, sustituto del imperialismo, prueba que desde la segunda mitad del siglo XVIII comenzaron a desarrollar vínculos contradictorios entre Estados Unidos y el mundo del Caribe que llamó “frontera imperial”.

Si analizamos el desenlace del proceso de independencia de Estados Unidos podemos ver en la actualidad que su desarrollo ocurrió haciendo caso omiso de lo que proclamaron al independizarse, o más bien haciendo todo lo contrario.

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