Conrado Benítez: El Maestro | 5 de Septiembre.
lun. Ago 19th, 2019

Foto: Escambray

El cinco de enero de 1961 elementos contra- revolucionarios que operaban como bandas de bandidos alzados en la cordillera  montañosa del Escambray, asesinan al alfabetizador Conrado Benítez García, nacido en Matanzas, de 18 años de edad y maestro voluntario en la Campaña de Alfabetización que se desarrollaba en la Cuba revolucionaria, la más humana de las acciones para enseñar a las masas a leer y escribir.

Esas bandas cumplían órdenes de quienes los habían organizado y armado, la CIA de Estados Unidos, para que crearan el pánico en las zonas campesinas y frenaran la campaña alfabetizadora. Los poderosos y enriquecidos siempre han deseado mantener en la ignorancia a las masas para que no luchen por sus derechos. Las ideas rebeldes siempre han asustado a los explotadores.

El crimen ocurrió en la zona llamada Las Tinajitas, San Ambrosio, zona intrincada de la Sierra escambradeña. Conrado Benítez había nacido en un barrio humilde de Matanzas. De niño lustró zapatos por cinco centavos en el parque de su ciudad, para ayudar a la precaria economía familiar, fue ayudante de panadería y realizó otros humildes oficios y a duras penas por las noches trataba de estudiar.

“Era negro, pobre, dócil, tranquilo, reía muy poco, pero era muy cariñoso”. Así lo describen sus familiares y amigos. Y se hizo maestro. Y fue mártir. Y fue símbolo.

Cuando triunfó la Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, Conrado supo dónde estaba su puesto. Fue a estudiar a Minas del Frío, en la Sierra Maestra, integrando el primer contingente de Maestros Voluntarios que creó la Revolución. Después, fue designado para alfabetizar en una zona del Escambray. Era una odisea para un joven de ciudad, de 18 años, andar por esos caminos abruptos en un lomerío desconocido. Allí vivían familias acostumbradas al color y olor del monte tupido, al alegre canto mañanero de las aves libres, al sonido acompasado de las campanitas de las arrias de mulos que llevaban pesados bultos. Casi todos los habitantes del Escambray eran muy trabajadores, muy humildes y analfabetos. Por eso Conrado Benítez fue a esa zona a alfabetizar.

¿Qué armas llevaba cuando lo mataron? Él iba camino a la escuelita donde por las noches enseñaba a 44 adultos a leer y a escribir. Por el día enseñaba a otra cuarentena de niños. Bajo un brazo llevaba tres libros: uno de Español, uno de Aritmética y el otro de Fisiología elemental. En la otra mano llevaba su farol para iluminar el aula.

En su cartera llevaba cuatro pesos y un retrato de su novia, y muchos sueños de amor y de felicidad. En el corazón, las ideas martianas y el cariño por sus alumnos. No caben dudas que eran armas formidables.

¿Qué le hicieron a Conrado Benítez? Aquellas fieras, que no hombres, le dieron golpes por todo el cuerpo, con un punzón le sacaron un ojo, con una bayoneta la atravesaron el vientre, y lo ahorcaron con un alambre de púas. Había cometido un grave delito: era maestro.

Los restos de Conrado Benítez  García fueron sepultados en el mismo lugar donde lo asesinaron. La rama del árbol donde fue ahorcado y el pedazo de alambre de púas está hoy en el Museo de los Caídos por la Defensa en el cementerio de Matanzas, su ciudad natal. ¡Y él vive en
el corazón de los cubanos buenos!

Los poetas le cantaron a su memoria. El Indio Naborí, lo hizo así:

     Se pulió como un diamante/en su voluntad de acero/  era de día

un obrero/y de noche un estudiante.//Le dolió el campo

ignorante/más allá de la amargura/y aceptó la prueba dura/

de ser maestro rural.

Conrado Benítez se convirtió  pocos días después de su muerte en un símbolo. ¡Se convirtió en cien mil nuevos alfabetizadores que tomaron su nombre para su Brigada, y ganaron la batalla de la Alfabetización en Cuba!

Y ahora su ejemplo se conoce y se multiplica en cada país del mundo donde ha llegado el Programa Alfabetizador Cubano Solidario “Yo sí puedo”. ¡Qué homenaje tan hermoso!

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