Concluye restauración de vitrales de la catedral de Cienfuegos

Con una experticia de 40 años, los vidrieros españoles, Hermanos Barrio, completan el encargo del Obispado de la Diócesis de Cienfuegos y Trinidad, por primera vez fuera del viejo continente. Cuatro años demoró la restauración de los vitrales de la Catedral Nuestra Señora de la Purísima Concepción (1819-1869). Las vidrieras le confieren al templo ese sello espiritual, la luz transformada en colores

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Con el emplazamiento de los últimos cinco vitrales, concluyó la restauración de las vidrieras policromadas en la catedral Nuestra Señora de la Purísima Concepción./Foto: Ismary Barcia

La restauración de exponentes únicos del arte religioso en vitrales quedó concluida aquí, con el emplazamiento de los últimos cinco, de quince vidrieras que flanquean la nave central de la Catedral de Nuestra Señora de la Purísima Concepción. Los vidrieros españoles, Hermanos Barrio, completan el encargo del Obispado de la Diócesis de Cienfuegos y Trinidad.

Hace cuatro años que ellos iniciaron su rehabilitación, con el desmontaje de las obras del afamado maestro vidriero suizo Jean Jules Gaspar Gsell, autor de grandes obras en 52 departamentos franceses y en doce países, y entre ellos, las de Cienfuegos, únicos ejemplares en Cuba.

Colocadas en 1871, dos años después de la terminación del templo, sería esta su primera restauración, a cargo de una empresa con más de 40 años de experiencia en toda Europa. Pero la de esta ciudad, sería su primera vez fuera del llamado Viejo Continente.

Las piezas de menor deterioro se rescataron in situ con la participación de los alumnos de la escuela de restauración Joseph Tantete Dubruillier, de la Oficina del Conservador de la Ciudad.

“La protección de todos los ventanales con perfiles de aluminio y cristales de ocho milímetros de grosor, fueron el siguiente paso, vital para resguardar las obras de futuros huracanes, explica Emilio Barrio, uno de los restauradores. Y luego en diferentes fases, las tareas más complejas se fueron haciendo en nuestro taller de Burgos, España, y transportando los otros trabajos acá”.

Restituidos los primeros dos vitrales de las lucernas del altar y el Cristo que tutela la Catedral, en los dos últimos años fueron completando las policromadas imágenes de los doce apóstoles.

Las últimas cinco, acaban de ser emplazadas.

Luces para la ciudad

Foto: Ismary Barcia

“Conseguimos recuperar todo el material original, por muy fragmentado que estuviera. No lo sustituimos, sino que conservamos esas piezas, con técnicas precisas para ello, y añadimos solamente las faltas, las lagunas”, aseguró el vocero de la empresa vidriera.

Estudiando minuciosamente las exquisitas técnicas, color y pintura del autor, y respetando los métodos ancestrales, crearon dos de las vidrieras que habían sido desaparecidas por sucesivos huracanes desde 1935.

Una labor artística paciente, costosa, pero invaluable para Hermanos Barrio.

“Soy un privilegiado; venir acá tan lejos de Europa, a restaurar obras del sitio donde se fabricaron, es un privilegio. Yo siempre he entendido las obras que pasan por mi taller, no como un modo de vida, ni cómo recuperar una parte de la historia, sino como una escuela donde aprender de los grandes maestros. He restaurado piezas del siglo XIII, XIV, XV y XVI, además del XVIII y el XIX, pero estas me han dado unas lecciones muy grandes”, enfatizó Barrio.

Vidrieras que devuelven el color que tiñe la bóveda, la atmósfera íntima para los feligreses, y quince obras de arte legadas a uno de los edificios que le confieren el carácter de Patrimonio Cultural de la Humanidad a la urbe, próxima a sus 200 años.

Foto: Ismary Barcia

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