Combustibles vs. comida | 5 de Septiembre.
vie. Jul 19th, 2019

Combustibles vs. comida

A nadie sorprende que los cánones consumistas de los Estados Unidos señalen a esa nación como el país más derrochador del planeta. Allí cada producto tiene que repetirse, y créame sin exageración alguna, hasta lo infinito, pues sin aprovechar al máximo su valor de uso, lo que prima es quién lo hace más y en qué cuantía lo compran.

Los combustibles constituyen un buen ejemplo de lo anterior. Esta nación es, sin lugar a dudas, la Meca del gasto de hidrocarburos. Digo más, el status de las familias acomodadas estadounidenses les impide prescindir de, al menos, un automóvil per cápita.

Luego, simples cálculos matemáticos podrían arrojar luz de la demanda que necesita cubrir el país más poderoso del planeta para abastecer de este recurso energético a toda su población. En una de las reflexiones más recientes del Comandante en Jefe Fidel Castro, publicada con el título de Regalo de reyes, el Presidente cubano plantea:

“Parece irreal ver a Bush, el conquistador de materias primas y recursos energéticos de otros pueblos, trazando pautas al mundo sin importarle cuántos cientos de miles o millones de personas mueren y cuántas cárceles clandestinas y centros de torturas deben crearse para alcanzar sus objetivos”.

En otra parte de su artículo señala: “en un artículo publicado por El País, órgano español de prensa bastante leído, se aborda el tema de los precios de los alimentos y el combustible. Suscrito por Paul Kennedy, profesor de Historia y director de Estudios Internacionales de Seguridad en la Universidad de Yale, uno de los intelectuales más influyentes en ese país, éste afirma que “el petróleo es el mayor elemento de dependencia que tiene Estados Unidos respecto a fuerzas externas”.

Y cita refiriéndose al trabajo periodístico de Paul Kennedy: “el punto de vista que más nos interesa: la interconexión cada vez mayor entre el petróleo y los alimentos”. Las razones son bien sabidas: la enorme demanda energética entre las grandes economías asiáticas y la incapacidad de los países más ricos -Estados Unidos, Japón y Europa- de reducir su consumo.

Quiere esto decir que para nada importa a los gobernantes de los Estados Unidos poner en peligro la alimentación de los llamados países del Tercer Mundo, proveedores fundamentales de los combustibles a la potencia norteña, con tal de satisfacer las apetencias de este renglón, según el modo de vida de la sociedad más consumista del mundo.

Esta es una prueba más, e irrefutable por cierto, de que como asegurara Fidel en su reflexión, “el capitalismo no sirve ni como instrumento. Es como un árbol con raíces podridas del que sólo brotan las peores formas de individualismo, corrupción y desigualdad”.

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