Columna Juvenil del Centenario: Los muchachos que viraron la tierra al revés

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Cuenta de manera recurrente y en cada reunión familiar mi nonagenaria abuela Tomasa, la historia de cuando, hace unos 50 años, su hijo Alfredo se fue para Camagüey y estuvo casi un año sin verlo. “Fue a ‘pasar’ el Servicio Militar en la zafra, pero cuando aquello la cosa sí era dura”, comenta cada vez que alguien de nuestra numerosa prole va tras los hijos, nietos, bisnietos y hasta tataranietos en postura de sobreprotección.

Y así, el septuagenario tío Alfredo, miembro de la Columna Juvenil del Centenario (CJC) se ha convertido en un referente familiar de cuando los jóvenes “sí se sacrificaban”.

Fundada en 1968, en tiempos de Revolución nueva, resultó integrada por muchachos de diversas organizaciones, pero en esencia fue una tarea de choque de la Unión de Jóvenes Comunistas. Comenzó en el Camagüey y luego se extendió a todo el país, en trabajos vinculados con el cultivo de la caña de azúcar y aquella hazaña trunca que significó la Zafra de los 10 millones.

Numerosas y difíciles misiones cumplieron los muchachos de la Columna, que más tarde pasó a ser el Ejército Juvenil del Trabajo (EJT), todas relacionadas con la economía cubana y el desarrollo de la nación, porque los caracteriza, desde entonces, el rendimiento y la eficiencia en la producción de alimentos y en la agroecología (el café).

Pero también se han convertido en hacedores de caminos en la reparación y construcción de líneas férreas; participan en las campañas de salud para combatir los agentes trasmisores de varias enfermedades, de casa en casa, a riesgo de que alguna puerta se les cierre de golpe en el rostro. Y hasta hacen arte y música en los conjuntos artísticos de montaña, para la comunidad.

Aquellos muchachos hermosos, fuertes, imberbes que cargaban sobre sus hombros el enorme peso de una consigna: “El relevo no fallará”, los que “(…) ahora mismo, mientras se entona cualquier canto, mientras partimos a disipar el calor, están luchando allá. ¿Qué va a pagar la sangre que la tierra absorbe? ¿Qué oro que no es oro de sueños pesa así? ¿Qué puede valer más?”, como dijo Silvio Rodríguez entonces; hicieron historia desde los surcos de caña, encontrando el amor en el batey de un central, y sin apenas notar que dejaban un rastro de valor en cada semilla, aun al alto precio de dar sus mejores años.

Ha trascurrido medio siglo desde entonces y tal y como la abuela Tomasa no olvida cómo “se llevaron a su hijo Alfredo lejos, que se fue como niño y regresó hombre”, la Columna, y después el EJT, son una escuela donde se aprende esfuerzo y sacrificio, de la que salieron héroes del trabajo…, “(…) donde por años la luz fue farol y el sueño diversión —única diversión”, pero donde a fuer de darlo todo viraron la tierra al revés.

Nota de la autora: Fueron utilizados, no literalmente, fragmentos de la canción Columna Juvenil del Centenario, de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés.

19 Comentarios

    • Gracias a ustedes, los jóvenes de entonces, por tantas enseñanzas, y gracias por acercarse a nuestro sitio web y comentar, la autora

    • Creo que se formarían solo unos pocos jóvenes, son tan escasos los cañaverales hoy. Sin embargo pueden formarse, primero, es sus familias; luego, en las escuelas, universidades, centros de trabajo; conozco muchos jóvenes valiosos en Cienfuegos, de la Termoléctrica, Micalum, el INDER, Ciencias Médicas, la Universidad de Cienfuegos, el pedagógico, las empresas de construcción… Los tiempos y las coyunturas…

  1. Éstos jovencitos del EJT, siempre a la vanguardia y cumpliendo cualquiera de las misiones que se les encomiendan, no importa lo difícil que éstas sean, en aras que la economía cubana y el desarrollo de la nación, siga adelante.

  2. La creación de las EJT fue una tarea de choque de la Unión de Jóvenes Comunistas, numerosas y difíciles misiones cumplieron los muchachos. La EJT, es una escuela donde se aprende esfuerzo y sacrificio, de la que salieron héroes del trabajo…

  3. Jóvenes que fueron ejemplo en su tiempo y que se deben multiplicar en nuestros días, el reconocimiento a la EJT que tanto han aportado a la economía del país.

  4. Nuestros jovenes azucareros entran a nuestras fábricas siendo a penas adolescentes y se hacen hombres sacrificados, que en un futuro con sus lindas experiencias tributan con sus hijos al fortalecimiento de nuestras industrias

  5. Ejemplo de juventud consagrada, los muchachos jovenes de hoy en día también se suman a esta columna, consagración, esfuerzo y pertenencia son sus palabras de orden

    • Es todo cuanto se espera de los jóvenes, en sus manos está el futuro de nuestro país, en ellos confiamos. En unos 20 años el 75 por ciento de la población cubana habrá envejecido y serán los jóvenes quienes impulsen nuestro proyecto social. Créeme que en mi trabajo como reportera encuentro a diario a muchos jóvenes valiosos, médicos, maestros, ingenieros, soldadores, linieros, trabajadores agrícolas, del Comercio, los servicios, innovadores, científicos, deportistas, cuantapropistas, actores, músicos… y hasta periodistas y hacedores de azúcar, en la más amplia acepción del término. Este es un trabajo de corte histórico, para homenajear a aquellos primeros miembros de la Columna Juvenil del Centenario y la historia que cuento es real, gracias por acercarse a nuestro sitio web y comentar

  6. que hermoso es ver como se recuerda aquella epica realizada por los jóvenes de la Colunma Juvenil del Centenario que marco en ellos el esfuerzo y sacrificio hacia un aalbor noble trabajar en el corte de caña, de columna salieron muchos hombres que hoy ostenta la medalla de Heroes del Trabajo de la Republica y cuando nos detenemos a ver la biografia de ellos nos quedamos como que paralizados de ver cuanto amor, sacrifcio dejado en cada surco o planton de caña, en mi provincia tenemos uno de ellos que nos hace muchos relatos de aquello días, es Mario Laffita, considero que el autor del articulo hace un digo reconocimiento a aquellos jóvenes que muchos no conocen de esa historia tan rica. felicidades que ejemplos como estos hay que darlos a conocer a los mas jovenes

    • A no dudar Zeidel, tenemos muchos jóvenes valiosos en todos los sectores de la sociedad, lo reconozco, y a pesar de que ya paso de los 50 soy una defensora de los jóvenes; también porque tengo dos hijos de 22 y 23 años, excelentes muchachos. El trabajo de marras es de corte histórico, para homenajear a los de entonces y lo que está entrecomillado lo dice una anciana de 95 años, mi abuela, y la historia que cuento es ciento por ciento real, gracias por acercarse a nuestro sitio web y comentar

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