Ciudad despierta

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Julián Espinosa (Wayacón) integra la muestra visual. /Foto: Dorado.

La Galería Mateo Torriente, de la Uneac, tiene en cartel la exposición colectiva Ciudad despierta, la cual reúne a nueve artistas de la plástica, todos miembros de la citada organización en Cienfuegos, quienes desde propuestas discursivas muy personales aluden a la ciudad.

Sin embargo, la mayoría de las piezas no declara una filiación explícita, dependiente y representacional del marco físico -arquitectónico o urbanístico – en el que trascurre la existencia de sus autores. Su interpretación en torno a la urbe está más cerca del concepto del sociólogo, historiador y urbanista estadounidense Lewis Mumford (1895-1990), quien desplegó una serie de conocimientos reflexivos y críticos, mezclados con historia, filosofía, religión, política, derecho y arquitectura, a partir de los cuales afirmó: “la ciudad es el armazón especial que favorece la creación de oportunidades diferenciadas para lograr una vida común y generar un drama colectivo significativo”.

Las obras reunidas bajo el rótulo de Ciudad despierta apuntan a desentrañar el significado del espacio ciudadano nacido de estructuras técnico productivas industriales y de servicios. Pues este entramado se convierte en el escenario favorecedor para la emergencia de aparatos institucionales y de control, creciente urbanización, desarrollo de las relaciones sociales, determinados estilos de vida, conductas, prácticas culturales, incluso, estados de ánimo asociados a la alienación y el anonimato de los individuos.

La pieza Beisbol city de Ángel Fernández (Ández) y las dos fotografías Sin título de Ángel Peña son las que acusan mayor propensión referencial. Ández, porque desde la configuración y factura aprovecha la simbología beisbolera para insinuar costados de nuestra identidad; Peña, porque propicia el diálogo entre iconos arquitectónicos de rancia estirpe y códigos emergentes, huella de tiempos más cercanos. Julián Espinosa (Wayacón), José Basulto y Roberto Gil ponen el acento en el colorido y el regodeo en el oficio para ofrecer una visión fabulada – y hasta diría utópica- del ambiente urbano. Pues el mundo que orquestan no renuncia a la presencia de la naturaleza como garantía para una vida saludable. Una perspectiva diferente ofrecen Camilo Villalvilla y Vladimir Rodríguez, quienes optan por acercarse al drama humano que subyace en el carácter administrativo y político que ostenta la ciudad con las implicaciones que ello aporta a la estructura social y la actividad económica y cultural. En Tesis, antítesis y síntesis el símbolo del poder marca el decurso del tiempo; Epigramas delata los entresijos de tal existencia. Mientras, Néstor Vega y Yanet Martínez asumen posiciones más heréticas, al recrear desde la abstracción el caos citadino, ese donde convergen las nociones anteriores.

Valga esta Ciudad despierta en las creaciones visuales de nuestros artistas como oportunidad veraniega para reflexionar sobre nuestra vida en común.

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