Cienfuegos y la lluvia

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Foto: Juan Carlos Dorado.

Es martes 29 de mayo y el día amaneció, nuevamente con presagio de lluvias, aunque los cienfuegueros esperábamos que la mañana despertara con el sol. Contra todo pronóstico callejero, continuaron las precipitaciones. Pero ya la gente no puede permanecer en casa y sale a la calle a por galletas, pan, sirope, pollo y fideos para la sopa… y hasta para curiosear, porque ya son demasiado los días “en cautiverio”.

Los cienfuegueros recorren las calles, van con sombrillas multicolores tostadas por el Sol, con zapatos plásticos para no echar a perder el mejor par, el más costoso; y sus rostros, los de la gente, no son expresivos, denotan preocupación; sabedores de que los 640,9 milímetros caídos hasta el día de hoy en la provincia son directamente proporcionales a las pérdidas que ha sufrido la Agricultura, y que se mostrarán en el plato del día a día, ya bastante costoso sin el temporal.

Y piensan en los precios de la carne de cerdo, y el ganado vacuno que no quedó a resguardo y que significa litros menos de leche (un producto que ya era deficitario en la sequía y las expectativas de primavera auguraba mejoría); en las viandas y los vegetales ahogados…, y ¿cómo no andar preocupados?

El 26 de mayo, sábado, cuando el temporal era solo un nombre, Alberto, y una trayectoria en los partes meteorológicos de los noticiarios, llovía y la cifra rondaba entonces los 169,7 milímetros de lluvia, la percepción del riesgo era baja, pero aún así recolectaban agua limpia y algunas viandas para un caldo, pero nunca imaginaron que casi se quintuplicaría la cifra pasadas 72 horas.

Muchos de otras generaciones recuerdan las inundaciones de 1988, los botes anfibios en La Calzada, la calle de Gloria convertida en un río caudaloso, el barrio de San Lázaro devastado como zona de guerra, los colchones y electrodomésticos “pescados” en la bahía. Están cercanos en la memoria aquellos tiempos, porque a primeros de junio se cumplen 30 años de la tragedia.

¿Cómo olvidar? El olor de la humedad, los bienes perdidos, las calles convertidas en canales, la vida al sol.

Al terminar de escribir cesó la lluvia, y por la claraboya de la Redacción se ve la luz de un sol que lucha por salir, y el reflejo de la humedad en el cristal. Y vuelven nuestras esperanzas de gente que, a pesar de las dificultades, los edificios patrimoniales que cedieron, la bahía contaminada y hasta las tuberías secas de algunos barrios y comunidades, sin entender que las presas estén vertiendo 626,5 millones de metros cúbicos para aliviar los embalses, piensan en mañana, en un Cienfuegos que vuelve a ser otro después de la lluvia.

Foto: Juan Carlos Dorado
Foto: Juan Carlos Dorado

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