Cienfuegos: tradición de ordenamiento

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Cienfuegos nació con una organización acrisolada por la disciplina y el respeto a la ley de sus habitantes. / Foto: Omar George.

¿Se ha preguntado usted por qué nuestra ciudad se nos muestra coherente, armónica y equilibrada en su fisonomía urbana?

Una hipótesis podría tener fundamento en la observancia de las Ordenanzas Municipales que desde finales del siglo XIX oficializaron disposiciones ya vigentes desde los tiempos de la fundación de la colonia de Fernandina de Jagua.

El legajo regulaba prácticamente todo lo concerniente a la comunidad, desde el comportamiento de sus vecinos hasta el entramado urbano.

En el acápite dedicado a las construcciones en la zona central de la ciudad, se fijaba la altura de los edificios, el ancho de las aceras, la uniformidad de las fachadas y la proyección de los balcones, entre otras precisiones.

La única excepción que se permitían los reglamentos se resumía en un tópico denominado “construcciones de carácter especial”. El apartado especificaba que los edificios del Estado, de la provincia o del municipio, y los de las iglesias públicas, no estarían sujetos a otras dimensiones que las que sus necesidades y el arte aconsejaran, como tampoco los monumentos. La misma dispensa se aplicaba a los inmuebles que, sin ser públicos, se destinaran a usos corporativos o tuvieran un carácter artístico y monumental.

El espíritu que alentó la fundación de la colonia de Fernandina de Jagua quedó refrendado en varias disposiciones de las Ordenanzas Municipales. / Facsímil de Omar George.

Incluso el Ayuntamiento podría autorizar edificaciones de mayor elevación siempre que tuvieran buenas proporciones y la solidez debida, aunque cada una de sus plantas o niveles debería atenerse a una misma altura.

Por eso el Parque Martí, donde coinciden edificaciones tan disímiles, nos resulta tan armónico. Igual de equilibrados se presentan otros núcleos citadinos como los paseos del Prado, Arango y la Calzada de Dolores, celosamente considerados en las prescripciones de aquellas ordenanzas.

Toda esta combinación de rigor y flexibilidad se acendraba en la disciplina y en el respeto a la Ley. Solo así pudo la ciudad conciliar tradición y desarrollo sin sacrificar sus esencias.

LA CONVIVENCIA DECIDE

Pero hubo en esta urbe, por suerte, una temprana conciencia de que de nada vale ordenar la proyección de una ciudad si no se cultiva al mismo tiempo el espíritu de sus habitantes.

Las normas de convivencia social son importantes para toda comunidad. Y Cienfuegos las valoraba a tal extremo que decidió reglamentar hasta el comportamiento de los transeúntes. Junto a las también estrictas disposiciones urbanísticas, las Ordenanzas Municipales estipulaban la conducta de los ciudadanos cuando se desplazaban a pie por sus calles.

En aquellos preceptos se determinaba, por ejemplo, el derecho que asistía a las personas cuando se cruzaban en  sentido contrario en una acera. Cada una tendría la prioridad por su derecha. Y si caminaban en una misma dirección, las de atrás no podían molestar a las que iban delante, ni obligarlas a que se apresuraran. En ese caso, quienes venían a la zaga deberían torcer su dirección aun cuando tuvieran que abandonar la acera.

Se sancionaba también a los que sin motivo alguno formaran grupos, colocaran puestos de venta  o depositaran cualquier objeto que obstruyera o dificultara la libre circulación.

Los espacios peatonales de la ciudad se hicieron cada vez más concurridos con el paso de los años. Y no se sabe a ciencia cierta cuándo dejó de exigirse por el cabal cumplimiento de aquellas disposiciones.

Lo cierto es que recordarlas, y sobre todo, ejercitarlas, nunca estaría de más.

6 Comentarios

  1. Tras leer su artículo no pude evitar pensar en un sitio que forma parte de mi entorno laboral y por consiguiente transito a diario. Hablo del Corredor de Santa Isabel o el eterno ¨boulevard nuevo¨, parece que nunca envejecerá en la conciencia colectiva. Lo que si envejeció fue la higiene y ornato de este sitio surgido de buenas intenciones. Me confieso entre los incrédulos que vaticinaban que este espacio nunca alcanzaría la concurrencia y relevancia que justificaran su inversión, ejemplos anteriores me llevaban a pensar así ( parque de las esculturas, parque del 50 aniversario del 5 de septiembre etc.)sitios que permanecen desiertos y olvidados durante casi todo el día al solo cumplir una función estética. La realidad me sorprendió pués el corredor paulatinamente se hizo popular, transitado, útil y sobre todo querido y cómo no serlo si transformó tan positivamente un entorno tan entrañable. Sin embargo he de decir que sus vecinos, esos que hacen de él hábitat no han acompañado el espíritu cívico que esta área demanda. Esto se hace harto evidente en la segunda y tercera cuadras precisamente las más densamente habitadas. Desechos domésticos en las esquinas sacados en pleno día, hombres semidesnudos sentados en sus bancos públicos, motocicletas parqueadas en plena acera y para cerrar con broche de oro, vecinos que sacan sus perritos a defecar sobre los adoquines. Este sería solo el comienzo de una larga lista de indisciplinas, nada que pareciera que vivienda y espacio público son incompatibles en la sociedad cubana actual, sobre todo si no se toman las medidas para evitar estas situaciones como si parecía hacerse en el pasado según ud plantea en su excelente trabajo periodístico y no hablo de llamados a la conciencia ciudadana, me refiero a acciones concretas que corten el mal de raíz. Si bien me refiero en este comentario al Corredor de Santa Isabel, esto puede evidenciarse en diversos sitios de nuestra perla. Me pregunto si algún día artículos tan valiosos como el expuesto por ud nos harán emitir comentarios positivos sobre la presente realidad de la, a ultranza, bella ciudad del mar.

    • Gracias por comentar y por sus atinadas apreciaciones. Yo también he experimentado esa ambigua sensación de renovación y marginalidad que proyectan algunas cuadras del Corredor de Santa Isabel (Calle 29). Creo que la educación en un comportamiento cívico junto a la firme actuación de las autoridades contra quienes lo transgredan es la única solución, extensiva además a otras situaciones que nos afectan.

  2. Gracias por comentar y muy de acuerdo con ambos. No se podría objetar lo consecuente que, por generaciones, los cienfuegueros han tratado de ser con el patrimonio heredado. Ampliando y mejorando las de 1856, las ordenanzas de 1895 fueron claves en la conformación de la ciudad actual, porque fueron las más profundas y permitieron dibujar a Cienfuegos tal como es hoy. En 1999 se comienza a trabajar con esas ordenanzas y esto va a permitir la inclusión de reglamentos y leyes relacionadas con el planeamiento, el ordenamiento y el urbanismo. En 2016 se establecen regulaciones urbanísticas que contemplan en uno de sus capítulos las zonas con normas de máxima protección y las zonas con valor patrimonial a las que se aplica una serie de regulaciones. ¡Ah! ¿Pero qué faltaría? Que ese celo, ese rigor, ese respeto se haga también evidente y vigente en la convivencia de los cienfuegueros con su ciudad y entre nosotros mismos.

    • Pero cuando ese celo y ese rigor no son espontáneos, las autoridades locales deben buscar alternativas, aplicar mecanismos de control, para que la higiene y el ornato públicos se hagan cotidianos en la agenda pública y en los planes de trabajo; al tiempo que se cumplan las ordenanzas

  3. Qué dirían los inspectores de otrora, en la actualidad, cuando: “Se sancionaba también a los que sin motivo alguno formaran grupos, colocaran puestos de venta o depositaran cualquier objeto que obstruyera o dificultara la libre circulación”, si se tropiezan con la cola del yogurt de soya en el puesto de venta de Cartoqui por Prado, casi esquina San Fernando? Porque a veces se les exigen ordenanzas a las personas pero se le permite a entidades estatales, propiciar colas e incluso lanzar agua por portales y aceras allí en la mañana, donde circulan los peatones, entonces? Buen tema Omar George Carpi, para darle seguimiento porque el Cienfuegos de hoy necesita nuevas y exigentes ordenanzas si queremos recuperarla. En estos días conversaba con el Dr. Espinosita, cienfueguero rellollo, en la sala de su casona de Prado sobre el tema

  4. Es una verdadera lástima, que los barrios periféricos (Tulipán y otros) crecen sobre la base de la flexibilidad, careciendo de alcantarillado, aceras y hasta de la señalética básica de tránsito. Las aguas albañales corren a ambos lados de las calles por canales a cielo abierto, cada quien construye, según su criterio personal, sin respeto alguno por las normas urbanas.

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