Cienfuegos rindió tributo a sus mártires

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Operación Tributo./Fotos: Juan Carlos Dorado
Foto: Juan Carlos Dorado

Este 7 de diciembre, el pueblo de Cienfuegos conmemoró dos hechos imprescindibles de la historia de nuestra Patria, pertenecientes a dos siglos distintos, pero aunados por la dignidad de la nación cubana: la Operación Tributo y la caída en combate del Lugarteniente General del Ejército Libertador Antonio Maceo y su ayudante Panchito Gómez Toro.

En la ceremonia oficial por la Operación Tributo, celebrada en el Cementerio Tomás Acea (donde reposan los restos de quienes entregaron su sangre en defensa de los ideales de nuestra Patria), fueron colocadas cinco ofrendas florales en homenaje a los caídos enviadas por el primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, General de Ejército Raúl Castro Ruz; por el presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez; la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana; los familiares de los caídos y el pueblo de Cienfuegos.

El acto solemne fue presidido por el General de Cuerpo de Ejército y viceministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Joaquín Quintas Solá, en compañía del General de División y Jefe del Ejército Central, Raúl Rodríguez Lobaina; la miembro del Comité Central del Partido y primera secretaria en Cienfuegos, Lydia Esther Brunet Nodarse; y la presidenta de la Asamblea Provincial del Poder Popular, Mayrelis Pernía Cordero.

Operación Tributo./Fotos: Juan Carlos Dorado
Foto: Juan Carlos Dorado

Las palabras centrales estuvieron a cargo de Andrés Román Albelo, primer secretario del Partido en Cienfuegos, quien recordó cómo justo un día como hoy, en 1989, cuando recordábamos un nuevo aniversario de la caída del Titán de Bronce, en cada uno de los municipios del país desfilaron los cortejos fúnebres en pos de trasladar hasta su último destino (el Mausoleo de los Caídos por la Defensa), los restos de los combatientes internacionalistas fallecidos durante los cerca de tres lustros de presencia internacionalista en Angola y en otros epicentros de respaldo solidario a pueblos hermanos, a la manera de Etiopía y Nicaragua.

Fueron 2 mil 085 nuestros combatientes caídos en el cumplimiento de su deber; 204 murieron mientras realizaban tareas de carácter civil. El Cacahual, al lado de la tumba de Maceo y Panchito, constituyó el escenario central del acto de despedida a esos héroes de la Patria, en la histórica Operación Tributo.

Aquel 7 de diciembre Fidel pronunció allí palabras de sentimientos muy hondos, con los cuales habrían de identificarse no solo a los familiares, sino el pueblo todo que daba el adiós a sus hermanos valerosos: “Estos hombres y mujeres a los que hoy damos honrosa sepultura en la cálida tierra que los vio nacer, murieron por los más sagrados valores…

“Ellos murieron luchando contra el colonialismo y el neocolonialismo (…) el racismo y el apartheid (…) el saqueo y la explotación de los pueblos del Tercer Mundo (…) por la independencia y la soberanía (…) por el derecho al bienestar y al desarrollo de todos los pueblos…

“Murieron para que no existan hambrientos, mendigos, enfermos sin médicos, niños sin escuelas, seres humanos sin trabajo, sin techo, sin alimento (…) para que no existan opresores y oprimidos, explotadores y explotados (…) por la dignidad y la libertad de todos los hombres (…) por la verdadera paz y seguridad para todos los pueblos (…) por las ideas de Céspedes y de Máximo Gómez (…) por las ideas de Martí y de Maceo (…) por las ideas de Marx, Engels y Lenin (…) por las ideas que la Revolución de Octubre expandió por el mundo (…) por el socialismo, por el internacionalismo, por la Patria revolucionaria y digna que hoy es Cuba. Sabremos ser capaces de seguir su ejemplo”, dijo Fidel.

El 7 de Diciembre de 1896, Antonio Maceo y Grajales -segundo jefe del Ejército Mambí- murió en combate. Su ayudante, el capitán Francisco Gómez Toro -hijo del Mayor General Máximo Gómez, General en Jefe de los insurrectos- trató de rescatar su cuerpo y murió junto a él, a causa de sus heridas y las agresiones de los soldados españoles que lo cercaron.

La muerte del hijo de Mariana resultó un duro golpe para el movimiento independentista. Máximo Gómez, en carta de pésame a la viuda, María Cabrales, reconoce que “…con la desaparición de ese hombre extraordinario, pierde usted al dulce compañero de su vida, pierdo yo al más ilustre y al más bravo de mis amigos y pierde en fin, el ejército libertador, a la figura más excelsa de la Revolución.

“A esta pena se me une, allá en el fondo del alma, la pena cruelísima también de mi Pancho, caído junto al cadáver del heroico guerrero y sepultado con él, en una misma fosa, como si la Providencia hubiera querido con este hecho conceder a mi desgracia el triste consuelo de ver unidos en la tumba a dos seres cuyos nombres vivieron eternamente unidos en el fondo de mi corazón”, escribía el dominicano patriota de América.

Los cadáveres de su amigo y su hijo fueron rescatados, para luego sepultarse. El Generalísimo ordenó 10 días de luto, el cual debía ser observado con el mayor silencio posible en el campo insurrecto.

La hidalguía y la fibra heroica de Maceo y Panchito, los mismos de la historia independentista cubana y de todos nuestros mártires, fueron refrendados también por los combatientes internacionalistas en tierras africanas y de otras partes del mundo.

Cuba los recuerda hoy a todos, porque ellos son la historia; y sin su participación en esta hoy no seríamos quienes somos. Cienfuegos también.

Foto: Juan Carlos Dorado
Foto: Juan Carlos Dorado

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