Cienfuegos bajo las luces de Bob

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En las imágenes del artista canadiense quedan fundidos a la plata de la posteridad los reales gestores de la geografía cienfueguera: labriegos, músicos, estudiantes, combatientes, niños…/ Foto: Bob Dalby

Merced a las imágenes de su exposición personal La vida ocurre una vez —en un instante—, el fotógrafo canadiense Bob Dalby fragua voto de fe y pacto de filiación sentimental con un Cienfuegos entrevisto por la lente del artista norteño desde su condición de miríada y pléyade en lo étnico, demográfico, espacial, paisajístico.

Sus capturas a las múltiples capas de dicho ecosistema —montadas en la referida muestra de la galería del Centro Cultural de las Artes Benny Moré— no guardan las devociones parcelarias de las tradicionales recopilaciones por asuntos, tan caras a cierto tipo de muestras enyuntadas a las filias del sujeto temático puro desligado del mundo exterior. No está el autor por la labor de sesgar los reflejos posibles de un objetivo cuya multilateralidad le asegura el estatuto permanente de crisol, corolario; de mixtura multiplicadora de ecos diseminados en historias, rostros, paisajes, fachadas, ademanes, actitudes, costumbres, rasgos, fibra. Su mirada, antes bien, es abierta, curiosa; en cierto modo impregnada de un interés por el mundo exterior de raíz infantil que la hacen más querible.

No hay impostura, ni desvaríos arty, ni la emoción comprada característica de ciertas instantáneas enviadas a concurso, en las tomas de un fotógrafo que reniega del look for export o del melindre lastimero, para —por el contrario— apostar por convertirse en observador de perfil antropológico e intención ontológica, capaz de sucumbir volitivamente al encanto ínsito de los blancos aprehendidos tras el tiro del obturador: francos trozos de vida. Por consecuencia, cuanto apreciamos en las gráficas seleccionadas en la muestra no es más que la comunión del artista con el zeitgeist del universo capturado.

Aquí, amén del espíritu de un momento y un lugar, quedan fundidos a la plata de la posteridad los reales gestores de aquel, a saber los diversos resortes humanos de la geografía cienfueguera: labriegos, músicos, estudiantes, combatientes, niños…, además de la atmósfera local, charme, emblemas patrimoniales e históricos. También la rudeza del tiempo expresada en inmuebles o en las calles de una ciudad que, pese a su juvenil raigambre decimonónica, en no toda su porción ha podido pagar las cuentas del minutero sobre su apariencia visible.

Las luces de Bob se cuidan tanto de la academia y de su consustancial formalismo estético como de los juicios morales. El creador no signa edictos, solo hace fotos. Su asunción trasunta, sobre todo, honestidad. Y cuando a esta se le suman la admiración, la ternura y el respeto todo trabajo merece el reconocimiento.

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