Ciencia cubana acompaña la soberanía alimentaria

Los intereses de Cuba en materia de soberanía alimentaria se acompañan de los adelantos científicos de la mayor de las Antillas, capaces de proveer novedosas y más eficientes soluciones al sector agrícola.

Durante los últimos años, los empeños se encaminan de manera prioritaria a la multiplicación de los granos, sobre todo si se toma en cuenta que el país importa anualmente más de mil 800 millones de dólares en alimentos, entre estos el maíz, la soya y el arroz representan más del 30 por ciento.

Solo para cubrir las necesidades de maíz, Cuba requiere cerca de 800 mil toneladas cada año, pero la producción nacional apenas alcanza las 100 mil en 2020, según reconocen directivos del ramo.

Paliar la aún deficiente obtención de estos productos es vital para la nación caribeña que se enfrenta hoy a un recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos desde hace casi seis décadas, y en medio de un panorama en el que prima la incertidumbre debido a la multicrisis acarreada por la pandemia de la Covid-19.

Con el propósito de revertir esa tendencia fueron diseñadas un grupo de medidas para estimular la producción de maíz y hacerla atractiva a los trabajadores vinculados a la obtención de granos, unido a la ejecución de inversiones que mejoran la maquinaria agrícola y el procesamiento industrial.

Así lo reconoció Mario Estrada, director de Investigaciones Agropecuarias del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB).

De acuerdo con el experto, en colaboración con varias instituciones científicas y productivas, se desarrolló en la última década una tecnología para la creación de semillas híbridas de maíz, a partir de la combinación de dos líneas puras de simientes cubanas.

«Una de ellas, modificada genéticamente, es capaz de mejorar dos aspectos principales que limitan la productividad de la gramínea: la resistencia a la palomilla del maíz (principal plaga que afecta a este cultivo en el país), y a un herbicida muy utilizado internacionalmente para optimizar el control de la maleza», precisó.

El científico certificó, además, que el potencial híbrido alcanzó producciones entre cuatro y nueve toneladas de maíz seco por hectárea, muy superior a la tonelada que se logra en la isla de manera tradicional.

Agregó también que a finales del tercer trimestre de este año, comenzaría la siembra para la generación de semillas híbridas cubanas destinadas a la campaña de primavera del 2021 en varias de las entidades dedicadas a este cultivo.

«De mantenerse los rendimientos alcanzados podremos conseguir más de 40 mil toneladas de maíz seco, cantidad superior al 50 por ciento del total producido durante el 2019 en más de 100 mil hectáreas, con el consiguiente ahorro de combustible, agua, recursos, mano de obra, suelo, entre otros», acotó.

Este, sin embargo, no constituye el único aporte de la ciencia pues el Instituto de Investigaciones de Granos, por su parte, generaliza en la occidental provincia de Pinar del Río la plantación de seis nuevas variedades altamente productivas.

Algunas de sus múltiples ventajas son las de poseer un marco de siembra más estrecho, gracias al cual el número de plantas sobre una misma superficie se incrementa significativamente; y se logran hojas más erectas que admiten mayor densidad con capacidad para aportar dos y hasta tres mazorcas.

De unas 40 mil plantas por hectárea con las variedades tradicionales, la cifra puede llegar a 70 mil con las nuevas, aseguró Jorge Díaz, director de la unidad empresarial de Semillas en ese territorio.

Las nuevas simientes han sido denominadas Esmeralda, Diamante, Dorado, Escambray, maig-5461 y maig-5462.

Si bien, el maíz parece ser uno de los casos más estudiados por los científicos de la isla, también la soya, otro de los cultivos indispensables, alcanza algunos resultados.

Pocos meses atrás, el Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas (Inca) divulgó la obtención de variedades de soya de ciclo corto que en 75 u 80 días se pueden cosechar, lo cual permite su siembra más de una vez al año.

Según la Doctora en Ciencias Agrícolas, María González, en el archipiélago existen cuatro mutantes de soya en proceso de registro y seis ya inscritos, los que se cultivan a pequeña escala en zonas como Matanzas y Mayabeque.

Las variedades, apuntó, tienen la ventaja de mejorar los suelos donde se cultivan y tienen el beneficio de ser resistentes a la sequía, la salinidad y las altas temperaturas.

En medio de los esfuerzos realizados por Cuba para disminuir su factura de importaciones, son innegables entonces los muchos resultados que en este sentido puede compartir la ciencia.

Tomado de Cuba Internacional

5 de Septiembre

5 de Septiembre

El periódico de Cienfuegos. Fundado en 1980 y en la red desde Junio de 1998.

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