Chibás: muerte por honor

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Pronunciando uno de sus ardientes discursos, en representacion del Partido Ortodoxo./Foto: Internet

El 16 de agosto de 1951 falleció en La Habana, Eduardo Renato Chibás, el líder del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), a consecuencia de un disparo de pistola que se hiciera a sí mismo el domingo 5 de agosto en medio de su espacio radial de la CMQ en que difundía su denuncia al régimen corrupto del gobierno del partido Auténtico de Carlos Prío Socarrás. La muerte del líder en que las masas cubanas tenían cifradas sus esperanzas, conmocionó a toda la población de la Isla.

El líder que proclamó “Vergüenza contra Dinero” como consigna central de su Partido que las masas hicieron suya y se proponían elegirlo Presidente de la República en próximas elecciones, se disparó angustiado por la impotencia al no poder probar, como había anunciado, que el ministro de Educación de aquel gobierno corrompido y corruptor, Aureliano Sánchez Arango, se robaba el dinero del presupuesto escolar. Aunque eso era algo conocido popularmente, Chibás al denunciarlo públicamente se comprometió a presentar las pruebas de ese latrocinio, y al ser traicionado y no poder presentar tales  evidencias, avergonzado y demostrando un pudor y lealtad al pueblo como nadie jamás, se disparó al tiempo que proclamaba: “Pueblo cubano: despierta, este es mi último aldabonazo…”.  Resonó el disparo por los micrófonos y en la conciencia popular.

Días después, tras prolongada agonía, perecía un día como hoy de 1951. Chibás había fundado ese Partido años antes. Pudo convertirse en millonario cuando era dirigente del partido Auténtico, pero no defraudó la confianza popular y se separó de éste y fundó el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) para defender las causas populares y a partir de entonces las masas comenzaron a seguirlo y a confiar en la propuesta política que hacía y miles de cubanos se propusieron llevar al poder a aquel hombre que era un político distinto, tan distinto a todos los demás que engañaban a las masas que estaban ya descreídas y cansadas del poder burgués, mentiroso y ajeno a la verdadera justicia social que Chibás prometía en encendidos discursos.

De la Juventud Ortodoxa, esa pura fragua de revolucionarios, surgió Fidel Castro Ruz y otros jóvenes que integraron después, la Generación del Centenario, y una gran parte fueron asaltantes de los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes en 1952,  y militaron en las filas del Movimiento 26 de Julio que dio origen a la Revolución Cubana triunfante en 1959.

El líder de la Ortodoxia libró recias batallas desde los micrófonos de la CMQ, denunciando a los políticos inescrupulosos, desenmascarando a los ladrones del Tesoro público. Chibás era un excelente orador y un hombre leal a sus principios, y arrastró a multitudes, y a su lado se pudieron líderes estudiantiles como Fidel Castro y otros muchos. Era evidente que iba a ser el candidato preferido de las masas que querían castigar a los desprestigiados políticos tradicionales. Eso comenzó a preocupar a los gobernantes del imperio norteamericano, necesitado de políticos venales y entregados a su Poder imperial. El pueblo cubano no podía ascender al poder político. Y comenzaron a tratar de eliminarlo, sutilmente, vencerlo con las armas de la intriga, y de tratar de desprestigiarlo, de utilizar como armas contra él, la desmoralización que le traería no poder probar las denuncias que hacía contra los gobernantes corruptos del autenticismo. Es muy posible que fraguaran esa trampa, hacerle concebir esperanzas en pruebas inexistentes que iban a entregarle, y traicionar su confianza, para que no pudiera probar lo que denunciaba. La vergüenza de Eduardo Chibás, era superior a su amor por la vida sin prestigio. Es probable que así sucedieran las cosas, aunque no existen pruebas de ello. Solo el convencimiento de que así maniobra el imperio. Cualquier imperio. Todos los imperios.

Después de su muerte, su Partido se escindió. Los líderes principales quedaron desprestigiados cuando llamaron al quietismo ante el golpe de Estado de Batista, y quedaron en el anonimato ante las masas que, así como le había brindado su confianza a Chibás, los aborreció a ellos posteriormente, ante su posición  cobarde frente a la tiranía que se instauró en Cuba en 1952.

Pero de las filas de aquella Ortodoxia limpia de Chibás surgieron nuevos líderes jóvenes que con Fidel Castro al frente limpiaron la memoria y los sueños de José Martí, y ya en el primer aniversario de la muerte de Chibás, Fidel Castro, en el cementerio donde yacían sus restos, ante su tumba, proclamó que la única vía para combatir a la tiranía era la vía insurreccional y  quedó plasmada en las acciones del 26 de Julio frente a los muros de los asaltados cuarteles “Moncada” y “Carlos Manuel de Céspedes” el 26 de julio de 1953.

Años después, de nuevo ante la tumba de Chibás, en el cementerio habanero donde Fidel Castro acudió el 16 de enero de 1959, a solo quince días de la victoria de la Revolución,  proclamó: “Sin la ideología, sin los sentimientos, sin la prédica de Chibás, y lo que hizo,  sin su civismo y la rebeldía que despertó en la juventud cubana, el 26 de Julio no hubiera sido posible…”.

Por ello Chibás continúa estando presente en los sentimientos, acciones y pensamientos de los que luchan con honestidad, vergüenza y honradez, con lealtad de principios,  contra cualquier tipo de inmoralidad o corrupción. Y esta es una manera de ser revolucionario.

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