Chas A. Prada, un cienfueguero precursor del cine cubano (I parte)

En 1907 emerge en Cienfuegos un joven entusiasta que pronto hará historia en el cine cubano: Charles A. Prada, quien goza de alguna notoriedad como representante de varias compañías de espectáculos de variedades y cinematográficos. El cronista local Eduardo Sanz y Gutiérrez refiere en El Comercio (18 de noviembre de 1907, p. 5): “Chas, antiguo conocido nuestro, dedica sus energías de ese tan indispensable género de espectáculos que en Madrid llaman cine”. Agrega en su sección A través de mis lentes: “las películas que proyecta —películas hermosas y refrendadas por el prestigio de Pathé, el artístico, y Gaumont, el comisísimo, sucédense ante el espectador con suma claridad y acertado verismo”.

Para entonces, era considerado un hombre laborioso que en el Teatro Nacional de La Habana, logró no poco prestigio con sus divertimentos. De hecho, el 13 de noviembre de ese año presenta en el teatro Tomás Terry, de la Perla del Sur, a la popular bailarina La Bella Carmela, a la sazón émula de La Bella Otero, y un ciclo de cortos que causaron grandes emociones, como Error farmacéutico, Carta urgentísima, Alumnos paseadores, Suegra angelical, Vigilante apurado, Cuidado rotura, Boda en París, Caperucita, Pepito en sociedad, Perro justiciero, Crimen en la nieve, Armadura encantada, Legado dificulto y especialmente uno que impactó a los españoles y sus legatarios: Episodios de Marruecos. Prada, “que este año viene a la derniere, es decir, sin bigote” —al decir de Sanz— se consagra definitivamente, al punto que comienza a pensar en instalarse y desarrollar su negocio en la ciudad. A propósito, en esta tournée le acompaña su hija Aimée Prada, futura actriz del corto La leyenda del Charco del Güije (1910), filmada en Sagua La Grande, y formada artísticamente en tierra cienfueguera.

                                                      Chas A. Prada en Cienfuegos (El Comercio, 1908).

Prada era un agente hábil, que asociado a Frank Costa, había fundado su propia compañía en 1905, y luego de viajar a Nueva York con el propósito de adquirir cortos fílmicos y cilindros para los dos fonógrafos que animaban las exhibiciones, explotó el proyector llamado fotocinematógrafo por toda la Isla. En febrero de 1907, debuta con su aparato en el teatro La Caridad, de Santa Clara, aunque luego lo sustituye por un bioscopio. Los santaclareños llegaron a deleitarse con un programa de vistas variado, parecido al que traerán a Cienfuegos: Gran Luna de miel, La venganza del escribiente, Lecciones de patinar, Salvado por un melón y Mala madrastra. De modo que tratándose de una ciudad próspera y gustosa de los recreos, no era una idea descabellada una mudanza temporal. Por otro lado, el ambiente social y cultural era muy apropiado para su hija, una apasionada de la escena teatral.

En abril de 1908, asociado a la compañía de Gustavo Bernard, regresa a su tierra natal (Cienfuegos), con un espectáculo protagonizado por La Oterito y un aparato cinematográfico destinado a las proyecciones nocturnas. El de 2 agosto de 1908, ya separado de Frank Costa y asociado con Alfredo Misa, en el Neptuno Habanero, trae un nuevo espectáculo al escenario del “Terry”. Son momentos difíciles, pues el cine es atacado y calificado de pornográfico; empero, logra mantener el negocio. Entonces realiza una transacción con el actor cómico Isaac Puga, otrora miembro de la compañía de Mario Martínez Casado, y permanece por dos años como proyeccionista del teatrillo Luisa Martínez Casado (no confundir con el futuro teatro homónimo). El incansable cronista de El comercio afirma en octubre de 1910 que: “Al teatro Luisa Martínez Casado le cabe la honra de haber sido el primero, no ya de la Isla sino del mundo entero, de haber presentado el cinematógrafo a toda luz del día. Esto pudieron contemplarlo todos los espectadores que estuvimos en la matineé de ayer.

Las proyecciones se hacen claras y con más ventajas que a oscuras la platea, por cuanto no perjudica la vista como de la otra manera.

Todo obedece a un telón de preparación especial, debido a la pericia de nuestro amigo el ingenioso operador Chas Prada, y que sus propietarios los señores Sanz y Puga no desmayan ni omiten sacrificios ni gastos en presentar al público de Cienfuegos todo lo que sea nuevo y moderno. Con este sistema dará matineé ese teatro todos los domingos”.

Según Julián Sanz, Prada es el precursor de este género de proyecciones, y Cienfuegos, la primera ciudad que se regocijó con un espectáculo de cine diurno. Para entonces, con el propósito de seducir al gremio femenino, el empresario recomienda al cine Actualidades, de esta ciudad, establecer Los Miércoles de Moda, que atrapa por la entremezcla del arte del vestuario y los accesorios con el cine. Justo, la idea original es suya y tiene su comienzo en Las Noches de Moda o Días de Moda, que crea durante su etapa de gerente en el Metropolitan Co. de La Habana.

Durante la construcción del actual cine teatro Luisa, Chas pasa su empresa a otros espacios sureños, como el salón Actualidades. El 22 de agosto de 1911, estrena un corto dirigido por él mismo y aún no referenciado por los historiadores, llamado Las mulatas. Esta producción aparece poco después de haber regresado de París y visitado los talleres de Pathé Fréres y de Gaumont. Precisamente, Prada había trabajado por algún tiempo en la Casa Gaumont, hasta que regresa a Cienfuegos a dirigir el “cine” del teatro Luisa Martínez Casado. Entonces trasluce sus deseos de filmar, aunque la empresa lo absorbe. Junto a aquel, exhibe el mediometraje Le regalo a mi mujer y la colección completa de La vida tal como es. En esta etapa custodia a su hija, ya toda una adolescente. Julián Sanz cuenta que el lunes 4 de septiembre, acompaña a la joven que interpretara a la mejor amiga de la protagonista del corto La leyenda…: “He tenido el gusto de saludar a la bella joven ‘Nena’ Prada, hija del popular Chas”, cuenta el empresario del “Luisa”. (Continuará).

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Jorge Luis Urra Maqueira

Crítico de arte. Miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

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