Cementerio General de Reina: 180 años abrazado al mar
mié. Nov 13th, 2019

Cementerio General de Reina: 180 años abrazado al mar

Foto: Nelson Costa

Foto: Nelson Costa

Cienfuegos hoy se siente orgullosa sobremanera con el aniversario 180 de una de sus dos emblemáticas necrópolis: el Cementerio General de Reina. Este necesario espacio, no siempre estuvo en el lugar que ahora ocupa, sino en las calles conocidas como Santa Cruz, por el sur; Casales, por el oeste; Santa Elena, por el norte; y Velasco, por el este.

Fue construido en 1820, pero a la postre fue trasladado a la barriada conocida después como Reina. Ya en este nuevo emplazamiento fue inaugurado en 1839, a solo 20 años de fundada la colonia de Fernandina de Jagua, para ese entonces Villa de Cienfuegos, y que fuera bendecido por el cura párroco Antonio Loreto Sánchez Romero el 21 de junio de aquel año.

Único de su tipo en Cuba, los expertos lo clasifican como un caso notable de la arquitectura colonial cubana. En primer lugar, por su manera de enterramiento, realizado a través de tres hileras de nichos verticales que conforman el perímetro del mismo. A pesar de las comparaciones con el Cementerio de Espada, en La Habana, del cual apenas perduran algunas paredes al final de la calle Aramburu, el General de Reina sigue descollando por su carácter incomparable en los elementos que lo integran.

A través de las propiedades cementeriales ofrecidas por las familias españolas, irlandesas, francesas, alemanas, mixtas en cuanto a nacionalidad, quedó evidenciada la supremacía económica de las raleas en aquella época. Materiales como mármol, hierro y pizarra; así como la simbología en cruces, relojes de arena, sarcófagos, amapolas, ángeles, figuras andróginas, trabajados en alto, medio o bajorrelieve, pertenecientes a diversos estilos y épocas, como el neoclasicismo o el neogótico; todo ello fue incorporado a la pericia de los maestros herreros en el trabajo con verjas y lápidas. En cuestiones generales, constituye el más bello repertorio del patrimonio mixto entrelazado y manifestado de la heredad cementerial en Cuba.

María Josefa Álvarez Mijares y Miró: ¿qué cienfueguero autóctono no se siente atraído por la leyenda popular que circunda a este nombre en la escultura conocida como la Bella Durmiente? Apasiona, envuelve, atrapa, nos deja un sabor a misterio y poesía en nuestras mentes. Digamos sin más que, esa imagen escultórica representa solo uno de los tantos y formidables tesoros de su arte estatuario.

Los visitantes que hoy atraviesan su pórtico pueden apreciar un primer patio en forma de cruz latina, que lo lleva desde la propia puerta hasta la capilla del fondo con un marcado estilo neoclásico, construida por Nicolás Jacinto Acea Pérez y renovada en las décadas finales del siglo XIX, por su sobrino Nicolás Salvador Acea y de los Ríos.

CARACTERÍSTICAS E IMPORTANCIA DEL SEGUNDO PATIO

Los más perspicaces establecerán enseguida un balance comparativo al entrar en el segundo huerto: la presencia allí de las bóvedas es predominante, no hay grandes panteones como en el primer patio, como el sepulcro de la familia Real y Oruña, por ejemplo, único con una cripta, y que su interior está enchapado en mármol de Carrara, con nicho y un altar para la posible celebración de una despedida de duelo o breve misa. Pero, ¿por qué se ve tan desemejante este claustro con respecto al primero? Debido, en buena medida, a la nueva y difícil situación económica social que presentaba Cuba en el momento en que fue impulsada su creación; un período inter guerras devastador para todos los poblados y urbes de la Isla. Por tal razón, existe en este punto una ruptura creativa con lo anterior, reflejada en los cambios arquitectónicos de sus monumentos funerarios. Pero, aun así, en él apenas se vislumbran pequeñas esculturas, y se destacan unicidades en el trabajo con el hierro.

Un caso excepcional en este sentido es una bóveda que presenta una verja perimetral que recrea elementos de la flora, en forma de una enredadera. Es un trabajo que emula la forma vegetal de manera exquisita. A tal punto, que es conocida por los trabajadores del lugar como “la Cunita”, pero desgraciadamente el nombre del propietario es desconocido. Por eso es que no solo la casas marmoleras dejan una impronta, sino también las fundiciones del territorio durante aquella época: como la Castillo y la Damují, propiedad de la familia Clark, mencionadas desde la década de 1880.

Por otra parte, se cuenta que esta sección del cementerio posee dentro de sus perimetrales paredes, en lugar desconocido, los restos de Henry Reeve, devenido entre sus compañeros como El Inglesito. Su figura, legendaria pero poco conocida, otorgó juventud y vida a la nueva patria que lo acogía.

Fuentes documentales afirman que los restos fueron exhibidos en el Hospital Militar, localizado en la década de 1870 en el área que hoy ocupa el parque Villuendas, y su cadáver fue trasladado al Cementerio decimonónico citadino.

¿Dónde fue sepultado? Quizás por temor a que fueran exhumados sus restos, continúa siendo un enigma hasta nuestros días. Se presume que esté allí, con altas probabilidades de que sea en el segundo patio, esperando a ser rescatado del olvido y la indiferencia y además forme parte de la importante restauración acometida en el primero.

Alrededor del cementerio, además, crece y se retroalimenta vox populi; hecho fehaciente de la locuacidad desmesurada de los cubanos durante décadas, y ha cimentado un rico patrimonio inmaterial que no debe elidirse. Entre los mitos de un túnel bajo las criptas, espíritus y fantasmas errabundos, y el sonido de las aguas cercanas del mar, creando los susurros de cientos de muertos que charlan en las noches, los cienfuegueros festejan los 180 años de existencia del Cementerio General de Reina. Sí nos importa —y mucho— su preservación: hasta la más pequeña losa, símbolo o alegoría dialoga con el pasado de la Perla del Sur. Aprendamos entonces a amarlo desde todos los ángulos, desde todas las aristas, desde la vida y hasta en la muerte.

*En coautoría con Carmen Rosa Pérez Ortiz, Museóloga Especialista del Museo de las Artes Palacio Ferrer.

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