Celia, sencilla flor de la Revolución cubana

 Resultaba inimaginable cómo el menudo cuerpo de aquella mujer era capaz de albergar tantas virtudes al mismo tiempo. Tras su paso por la vida dejó una estela de simpatía sin par; fomentó tanto amistades humildes como de personalidades relevantes; sembró la virtud y recogió el fruto del cariño y la admiración.

Así de sencilla fue Celia Sánchez Manduley, contada por historiadores y exaltada por poetas; venerada por un pueblo que vio en ella, desde su estirpe de legendaria guerrillera, la flor autóctona de la Revolución, como la eternizaran un día. El símbolo de esa auténtica cubana había nacido el 20 de mayo de 1920.

Celia, la Heroína, amiga, rebelde, la joven inquieta que caminó por los actuales municipios de Media Luna, Pilón, Manzanillo…, la misma que acompañó a su padre para colocar la escultura del Apóstol de la independencia de Cuba, José Martí, entre las nubes de la cima del Turquino.

Justo de Manuel Sánchez Silveira heredó el temperamento patriótico y rebelde, aprendido desde la cuna. El ejemplo y las enseñanzas de ambos padres moldearon el carácter vivaz y firme, el sentido de la justicia y del deber de compartir con los desposeídos; de ellos aprendió que la nobleza y sencillez era la mayor riqueza del alma humana.

Por esos sentimientos martianos y patrióticos acogió muy pronto las ideas de la Generación del Centenario y comprendió que solo el joven Fidel Castro, al frente de una revolución legítima era capaz de sacar a Cuba de la ignominia, la pobreza, la corrupción y el sometimiento de la soberanía a un estado extranjero.

Luego, no era de extrañar que durante 1956 en coordinación con el dirigente del Movimiento 26 de Julio en la provincia de Oriente, Frank País, trabajara de forma intensa en preparar condiciones para darle el apoyo necesario a la expedición del yate Granma, encabezada por Fidel.

En los días posteriores al desembarco, Celia desempeñó un papel muy significativo en el apoyo a los combatientes rebeldes, sobre todo después del 5 de diciembre, cuando en Alegría de Pío estos fueron atacados en forma sorpresiva por soldados de la dictadura, lo cual provocó una gran dispersión de los expedicionarios.

Una vez cumplida su misión en la clandestinidad, donde en innumerables ocasiones arriesgó su vida con los nombres de Norma, Carmen, Liliana y Caridad, fue la primera mujer en vestir de verde olivo para integrar el Ejército Rebelde, y convertirse en la mano derecha del máximo líder de la Revolución.

A pesar de la firmeza y la rectitud de principios, se convirtió en la madrina de la mayoría de los jóvenes combatientes. A ellos dedicaba horas de paciencia y comprensión. Allí en la Comandancia fue artífice de la creación del pelotón femenino de Las Marianas.

Gracias a esa dedicación a los detalles pudo preservarse la historia de aquella epopéyica gesta. Conservó para la posteridad documentos y hasta simples notas, que luego enriquecerían testimonios, anécdotas y narraciones de esos meses en las montañas.

Tras el triunfo revolucionario, Celia trabajó con la misma sencillez y entrega con que lo había hecho durante la etapa de la lucha de liberación nacional. Mantuvo un estrecho contacto con el pueblo. Casi siempre desde una posición anónima, fue la gestora de diversas obras de beneficio popular. Entre estas se cuentan escuelas para niñas campesinas y la atención a hijos y familiares de mártires; así como el gran centro de recreación de La Habana: el Parque Lenin, además el Palacio de Convenciones, entre muchos otros objetivos de impacto social.

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Una mañana gris—en manifestación de luto tal vez—  del 11 enero de 1980, dejaba de existir la extraordinaria mujer de Media Luna. El pueblo la lloró y la colocó para siempre en el jardín del Olimpo como la flor sencilla y autóctona que fue. El cáncer la venció “cuando todavía tenía por delante muchos sueños por realizar, y aspiraciones de revolucionaria y patriota por cumplir”, como lo afirmara un colega tras conocerse la triste noticia.

De ella, la periodista y poetisa cubana Nancy Robinson Calvet escribió estos versos, en un hermoso poema dedicado a su memoria:

“Si quieres hallarla una vez para besar su frente,

no la busques allí donde la luz es tenue,

donde el espacio es tan mudo y breve.

Allí no… búscala en la continua marcha,

en la lucha, en la abnegación, en el denuedo,

donde aparezca el alba y aquí,

en el corazón del pueblo”.

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Armando Sáez Chávez

Armando Sáez Chávez

Periodista de la Editora 5 de Septiembre, Cienfuegos, Licenciado en Español y Literatura y Máster en Ciencias de la Educación

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