Celia Sánchez Manduley: Heroina de la Revolución Cubana

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Foto: Tomada de Cubadebate

Una de las primeras mujeres orientales en apoyar al Movimiento 26 de Julio, encabezado por Fidel Castro, aún antes de conocerlo, Celia Sánchez Manduley se destacó por sus extraordinarios servicios en la lucha clandestina contra la dictadura de Batista, en el territorio sur de la provincia de Oriente.


Había nacido en Media Luna, Sierra Maestra, el 9 de mayo de 1920 y recibió en el hogar las más elevadas ideas de justicia y de dignidad humana, de su madre y de su padre, fervoroso martiano que junto a Celia colocó en la cima del Turquino la escultura de Martí que la corona, adquirida de su peculio personal.

Con increíble audacia, aprovechando su conocimiento de la zona, el prestigio suyo y de su familia acomodada, y la simpatía que siempre irradió, Celia bajo los seudónimos de “Aly” y “Norma” realizó un magnífico trabajo de organización de células del M-26-7 vinculada con Frank País de quien se convirtió en segura, hábil y valiente combatiente clandestina.

Ante la inminencia del desembarco del “Granma” por la zona sur de Oriente, Celia cumplió con efectividad la tarea dada por Frank de crear una base de apoyo de los expedicionarios, con participación de vecinos confiables convertidos en comités de recepción. La demora del arribo del yate histórico, dos días después de lo previsto, impidió mayor efectividad de ese apoyo,  complicado cuando el ejército batistiano movilizó numerosas tropas por el área.  No obstante salvó a numerosos expedicionarios, entre ellos a Fidel, Raúl, Almeida, Camilo, Che, Ramiro Valdés,  y otros.

Posteriormente dirigió la integración de grupos de combatientes que reforzaron la guerrilla inicial en la Sierra Maestra, acopió armas y a mediados de marzo de 1957 Celia se incorporó al Ejército Rebelde y funda con Fidel el pelotón femenino “Mariana Grajales” y junto a Fidel toma las decisiones más importantes en la guerra.  Se convirtió en la sencilla e insustituible Celia, con cuyo nombre la ha eternizado el pueblo cubano. Armando Hart ha escrito que  “será imposible escribir la historia de Fidel Castro sin reflejar a su vez la vida de Celia”. Muchas obras a lo largo y ancho de la Isla conservan la impronta de Celia, su huella creadora, en la belleza de los detalles que sugiere a los arquitectos, artistas y constructores, en la utilidad y novedad de su creación. “Ella estaba en todo y no aparecía en nada”, se ha dicho de Celia con razón. Su maternal preocupación por cada compañero, por cada ciudadano humilde, la hicieron confiable y querida. Fue capaz de entenderse con el pueblo como hermanos. Era hermana en el consejo y en la ayuda.  Fue madre de tantos y tantos cubanos que solicitaron su ayuda que buscaban su ternura, que su pueblo le correspondió con semejante cariño.

Desempeñó con toda eficacia sus funciones en el Estado revolucionario y en el Comité Central del Partido. Fue guardiana apasionada de la historia de la epopeya revolucionaria, recopilando documentos y papeles de todo tipo.

Por eso, aunque Celia Sánchez Manduley falleció un día como hoy en 1980, sigue entre nosotros, enseñando modestia a quienes la han perdido, mostrando honradez a toda prueba  y fidelidad a la Revolución.  Es, como la calificara Hart: “la flor más autóctona de la Revolución”.

El 11 de enero de 1980 la Patria se vistió de luto por la muerte de Celia Sánchez Manduley, una de sus hijas más leales, combatiente infatigable, martiana  y Heroína de la Revolución Cubana.

Otro 11 de enero, en 1898, la muerte sorprendió al intrépido guerrero mambí, el Mayor General Calixto García Íñiguez, en Washington, donde cumplía una misión del gobierno cubano, y sufrió una mortal pulmonía. Nacido en Holguín el 4 de agosto de 1839 se incorporó en plena juventud al estallido revolucionario  insurreccional convocado por Céspedes en 1868.  No era militar, pero la necesidad de luchar por la libertad de su Patria lo convirtió en un sólido estratega militar.  En septiembre de 1874 en un camino real entre Manzanillo y Bayamo, Calixto García fue sorprendido por una columna española.  Cuando era inminente su captura, en acto de impresionante heroísmo, se disparó su última bala debajo del mentón, para no caer prisionero.  Pero la bala no siguió el curso esperado hacia el cerebro, sino que salió por la frente, y a pesar de su estado crítico, sobrevivió y le quedó la huella indeleble de su decisión de vencer o morir.   Cuando le avisaron a su valerosa madre que estaba prisionero de los españoles, ésta exclamó:  ¡No, ese no es mi hijo Calixto! , pero al aclararle lo que había realizado, ella afirmó: “¡Ah, ése sí es mi hijo Calixto: muerto antes que rendido!”.   Los cubanos somos de esa estirpe mambisa.

Continuando la lucha independentista, se convirtió en el primer jefe mambí en utilizar la artillería contra el enemigo, desarrollando ese arte militar cubano.  En 1898 cuando se encontraba en misión patriótica en la capital norteamericana falleció de pulmonía.

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