Causa judicial a los asaltantes a cuarteles el 26 de Julio de 1953 | 5 de Septiembre.

Causa judicial a los asaltantes a cuarteles el 26 de Julio de 1953

Juicio a los asaltantes a los cuarteles Moncada y Céspedes. /Foto: Archivo

El 21 de septiembre de 1953 comenzó la Causa No. 37 de ese año del Tribunal de Urgencia de Santiago de Cuba, para juzgar a los acusados por los sucesos de los cuarteles Moncada, de Santiago de Cuba, y Céspedes, de Bayamo, acaecidos casi dos meses antes, el 26 de julio.

La entonces novel periodista Marta Rojas tuvo el privilegio de presenciar aquel juicio histórico, y dejó emotivas crónicas y después libros con el relato minucioso del proceso. A otros periodistas experimentados no les permitieron estar presentes. Debemos a ella algunos de los datos que apuntamos.

Así ocurrió el primer día: “A todos los condujeron esposados a la sala de justicia. El sonido metálico que sobresaltó al escaso público presente había sido producido por las cadenas cromadas que apresaran un centenar de muñecas (…) Fidel Castro hizo un alto para tratar de hablarle al Tribunal, y los guardias, en actitud de zafarrancho de combate, rastrillaron sus armas. Había dos cientos de ellos en el interior de la Sala del Pleno y muchos más afuera. Hacían un total de 600 los guardias que ocupaban la manzana donde estaba situado el Palacio de Justicia. Chocando unas con otras las esposas que mantenían las manos cautivas, Fidel llamó la atención del Tribunal y por sobre el sonido de las culatas de los fusiles de los custodios que tocaban en el piso imperativamente, dejó escuchar su voz limpia y firme.

La joven periodista Marta Rojas le pregunta al Coronel Chaviano, asesino de los asaltantes al cuartel Moncada, quiénes son las dos mujeres que acababa de ver mientras eran interrogadas. /Foto: Archivo

“¿Qué garantías puede haber en este juicio? Ni a los peores criminales se les mantiene en una sala que pretende ser de Justicia en estas condiciones, no se puede juzgar a nadie esposado.

Hubo un silencio total y el Presidente de la Sala ordenó:

“¡Esta vista se suspende hasta tanto quiten las esposas a los acusados!…”.

Así comenzaba este juicio trascendental. Al iniciarse, Fidel solicitó al Tribunal ser su propio defensor dada su condición de Abogado, y así en su momento interrogó a los testigos y acusadores incluyendo a los altos oficiales de la tiranía, a los que descaracterizó, ridiculizó, acusó de ser asesinos de sus compañeros y probó con sus alegatos que lo dicho era cierto. En ese debate, en un momento de la labor de Fidel como Abogado, un dirigente del Partido Auténtico acusado de ser autor intelectual de esos sucesos, le solicitó que dijera si él había intervenido en algo de ello. Fidel respondió:

Que nadie se sienta acusado de ser autor intelectual del asalto a los cuarteles Moncada y Céspedes. ¡El único autor intelectual del 26 de Julio es José Martí, el Apóstol de nuestra independencia!”.

Evidentemente, Fidel les estaba ganando la batalla judicial y política desde ese primer día del juicio que se les celebraba a los combatientes sobrevivientes de aquellos memorables hechos. Por tanto, decidieron separarlo del proceso con el pretexto de una enfermedad, y presentaron un certificado médico que falseaba ese pretexto. Sólo que al día siguiente, cuando se inició la segunda vista del juicio, ya sin la presencia de Fidel, y se entregó al Tribunal aquel certificado que falseaba acerca de su salud, la acusada y también abogada Melba Hernández, extrajo del moño de su peinado una carta firmada por Fidel en que denunciaba la maniobra y solicitaba al Tribunal que con un equipo médico certificara su salud, acto inesperado y valiente que impactó a todos, pero el Tribunal no accedió a la solicitud y Fidel quedó apartado del juicio, para ser juzgado días después, el 16 de octubre, en una salita de estudio de las enfermeras del Hospital Militar. Fue allí donde Fidel pronunció su alegato que el mundo conoce como La historia me absolverá, por las palabras con que termina esa pieza oratoria que se convirtió en Programa. Allí fue juzgado también en esa ocasión, el combatiente cienfueguero Abelardo Crespo Arias, quien por la gravedad de sus heridas en el combate, no pudo estar presente en el juicio comenzado el 21 de septiembre.

Entonces gracias a Marta Rojas, el mundo pudo conocer el inicio, el desarrollo y el último día de ese juicio, y cuando Fidel pudo reconstruir, y el ya nacido Movimiento 26 de Julio reprodujo y distribuyó clandestinamente ese documento, los cubanos tuvimos el instrumento teórico que nucleó al pueblo y lo condujo a la victoria final.

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