Catorce verbos de marzo por Martí

Un día como hoy, hace 129 años, un periodista latino, universal llevaba por la oscura madrugada neoyorkina, sus manos cargadas con la primera edición recién impresa del periódico del Partido Revolucionario Cubano (PRC). José Martí fundó Patria cuando nutría a los pinos nuevos, con la vieja savia mambisa, durante los preparativos de la contienda independentista cubana.

Al amanecer del 14  de marzo de 1892, vio la luz el rotativo insignia de las ideas del Maestro, depositario de su pensamiento progresista. Herederos de ese legado, los periodistas cubanos celebramos cada año la efeméride, devenida Día de la Prensa Cubana.

Lóbrega niñez con lamentos por el dolor esclavo, conspiraciones y pronto destierro marcaron el ideario martiano.

Allá, por Madrid y Zaragoza, consolidó su convicción sobre lastres coloniales y la ulterior estancia en México, Guatemala y Estados Unidos le posibilitó palpar los riesgos expansionistas del imperio.

De ahí surgió su obra movilizadora; un acervo literario y periodístico adquirió impulso a partir del viaje a Venezuela en 1881.

Fue reportero, articulista, editor, corrector de pruebas, corresponsal, y al respecto dejó escritos sus elogios al oficio de la imprenta, pero fue en el periódico Patria donde cristalizó su última misión periodística.

José Martí ha sido el más grande patriota e intelectual cubano del siglo XIX. Su herencia independentista no quedó inconclusa, sobrevivió pese a falsas repúblicas y contrariedades; sus sueños no duermen en el mármol de estatuas y monumentos en vano ultrajados.

Si en el centenario de su natalicio una hornada de jóvenes rebeldes no lo dejaron morir, ahora las nuevas generaciones de periodistas cubanos ratificamos que su voz está con nosotros, su genio político, síntesis perfecta de la ética que debe orientar al hombre, y por siempre latirá en nuestra tinta su eterno legado de entrega humana y consagración social.

En momentos de controversias sociales que pretenden estremecer el ideal martiano de justicia social, nos remitimos a su célebre Elogio de las alabanzas:

“…El que en el silencio del mundo ve encendidas a solas la luz de su corazón, o la apaga colérico, y se queda el mundo a oscuras, o abre sus puertas a quien le conoce la claridad, y sigue con él camino”.

La claridad del mundo no esperará por nuestras plumas, eterno compromiso con el Apóstol, cada día señal. héroe, hombre infinito.

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Dagmara Barbieri López

Periodista. Máster en Ciencias de la Comunicación.

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