Carenas: una perla llena de trillos y curiosidades (+Galería)

Afortunadamente, la pandemia no se ensañó demasiado con la provincia de Cienfuegos, lo cual ha propiciado que los mochileros del centro sur de Cuba puedan aún senderear y explorar la geografía, dentro de nuestro territorio.

Así pues, con los barbijos, una mochila con pomos de agua, toallas, refrescos, algunos dulces y cámara en mano, nos adentramos tres curiosos exploradores en la Bahía de Jagua el pasado mes de agosto. La meta: senderear, tomar fotos, disfrutar del mar y hacer trabajo de campo en Cayo Carenas: el segundo islote en tamaño de los tres principales que posee la bolsa de la bahía.

Se sale temprano con el alba, sobre las 7:30 AM, en el barco (la patana) que dispone el puerto de la ciudad para transportar a su gente hasta el otro extremo, en los poblados de el Castillo, el Perché y Pasacaballo.

Cayo Carenas es la primera parada de un trayecto breve de siete kilómetros, pero en el que se disfruta del esplendor de la zona; los buques en las dársenas, los yates pomposos anclados en el Club Náutico de la ciudad, todo el barrio residencial de Punta Gorda; el popular malecón, más la salvaje y casi inexplorada costa oeste de la rada cienfueguera.

Los faros triangulares de Punta Pescadores./Foto: Delvis

Al llegar, tuvimos suerte de observar desde el muelle la entrada lenta de un buque pesquero; inusual momento, pues requiere destreza marinera el conducir un barco de aquel tamaño por uno de los canales de bolsa más torcidos que tiene Cuba.

Caminamos todo el terreno, y aprovechamos las decenas de trillos que lo surcan: desde Punta Pescadores –donde se hallan unas insólitas estructuras que funcionan como faros pequeños para las embarcaciones que se adentran en las noches–, hasta Punta Carabineros por el sur, bordeando poco a poco el litoral de mediana altura.

Punta Arenas y Punta Piedras forman los otros dos extremos de la isla, este último con una formación rocosa muy atractiva, rodeada por pequeñas palmeras, más la vegetación espinosa y arbustiva típica de los lugares costeros.

Vivienda habitada en el litoral del cayo./Foto: Delvis

Sabíamos de antemano que la mayoría de aquellas veredas tenían nombres propios dados desde finales del siglo XIX y principios del XX. Asimismo, representaron las “avenidas” en un cayo que durante muchos años fue un sitio de veraneo para la clase pudiente de la Perla del Sur.

Entre los más curiosos de todos está el llamado Callejón de Coll, que nos llevó directamente hasta una vetusta iglesia; única en su tipo en la provincia y posiblemente de Cuba, teniendo en cuenta las características del área. Encontrarnos con aquella mole arquitectónica en medio de la maleza fue quizás lo más asombroso de nuestro viaje. Luego supimos que solo es visitado una vez al año: los 16 de julio, cuando los feligreses celebran el día de Nuestra Señora del Carmen; virgen de los pescadores en el país.

Construcción de madera abandonada en el interior de la isla./Foto: Delvis

Quién sabe si formemos parte de esa peregrinación en 2021, porque, definitivamente, Cayo Carenas enamora por su tranquilidad y el sosiego que destilan sus alrededores; cercano y a la vez retirado del bullicio citadino.

Las embarcaciones de gran calado navegan por la porción izquierda del cayo.
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Delvis Toledo De la Cruz

Delvis Toledo De la Cruz

Licenciado en Letras por la Facultad de Humanidades de la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas en 2016.

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