Calabaza: de untársela, nada | 5 de Septiembre.
mié. Oct 23rd, 2019

Calabaza: de untársela, nada

Por esas características jaraneras de los cubanos y el sentido del humor que poseemos, de seguro que usted ha escuchado en más de una oportunidad que con la calabaza da lo mismo comerla que untársela. Pero ninguna otra expresión podría resultar más injusta que esa, si de apreciar los valores de este vegetal se trata, el cual, y para suerte nuestra, puede cosecharse todo el año.

Cuentan los historiadores que esta planta, de la familia de las Cucurbitáceas, ya se conocía en América tres siglos antes de nuestra era, data corroborada por hallazgos arqueológicos hechos en el Perú. En el caso de Cuba la variedad que más se propagó, y predomina actualmente, es la calabaza amarilla (Cucurbita moschate).

Aunque algunas fuentes afirman que su origen está en América, parece ser que la calabaza es una hortaliza originaria de Asia Meridional. Numerosos autores antiguos la citan en sus escritos y se sabe que su cultivo ya se producía entre los hebreos y egipcios.

En un principio, se cultivaba para el aprovechamiento de sus semillas más que para ser consumida como verdura. Pero esta costumbre fue desapareciendo a medida que surgieron variedades con más pulpa y sabor más afrutado.

Se trata de una planta rastrera con hojas cubiertas de pelos suaves y grisáceos, en cuyo tallo se desarrollan como apéndices las frutas, que pueden ser redondas o alargadas y color variable —en dependencia de la variedad y nivel de maduración—, pulpa amarilla y un centro hueco donde contiene, envueltas en una masa del mismo color, decenas de semillas delgadas y aplanadas que tienen valor comestible.

Foto propidades de la calabaza
Beneficios de la calabaza

El fruto contiene azúcares valiosos: sacarosa y glucosa. Es muy rico en carotenos y también en vitaminas A, B1, B2, C, E,PP y sobresale por un contenido significativo de la D, lo que le confiere enormes beneficios para la alimentación de los niños. Se recomienda también para la nutrición dietética y profiláctica, gracias a que el almidón de la calabaza no es fibroso y se digiere muy bien por el organismo.

En ella se encuentran no pocas sales de cobre, hierro y fósforo, las cuales influyen favorablemente en los procesos sanguíneos. Por ello se recomienda para combatir la anemia y la arteriosclerosis. También resulta beneficiosa para las personas con enfermedades del hígado, los riñones y para la regulación de la digestión. La presencia de pectina posibilita la eliminación del colesterol.

La hortaliza posee elevadas cualidades degustativas. Se puede preparar en sopas, purés, horneadas, cocidas con mojo, flanes, frituras y mermeladas. Es muy significativo que toda la planta resulta comestible. Así, sus hojas tiernas escalfadas sirven en la preparación de ensaladas, y las semillas son apetitosas si se elaboran convenientemente. Para ello se retira la tripa y se extrae la simiente, se deja reposar en agua con sal durante una hora. Posteriormente se escurren, se secan y se ponen a tostar en una bandeja al horno o a fuego lento en una sartén. Son muy ricas en aceites y proteínas, y se conocen también por un marcado valor medicinal (antiparasitario).

Las flores, y esto sí que es novedoso, pueden consumirse crudas en ensaladas y también rebosadas. Hay quienes ingieren el fruto crudo con aliños. En este caso se pela y se ralla muy fino para después mezclarlo con miel, limón, ajonjolí, maní machacado, u hojas de menta, al gusto y según las diferentes recetas, que no son pocas.

Cuando se somete a procedimiento térmico para servirla en trozos con mojo criollo, debe ser cocida con poca agua, cortada y sin pelar, avitando sobrepasar el tiempo que demore su ablandamiento. El agua de su cocción es factible de utilizar con otros fines, como la elaboración de caldos y guisos.

PROPIEDADES MEDICINALES

La calabaza es un alimento antioxidante por excelencia. Esa propiedad permite la neutralización de los radicales libres, y su perniciosa influencia sobre la salud humana al ser capaces de generar diversas enfermedades de degeneración de las células.

Entre los elementos antioxidantes del vegetal podemos citar los carotenos, el licopeno y la vitamina C. En el caso de los primeros merece especial atención por inhibir el desarrollo del cáncer. Se ha demostrado su efectividad en la prevención de la enfermedad en la próstata, incluso su influencia para evitar el crecimiento de esta glándula, en la patología llamada hiperplasia prostática benigna.

Aunque se toma a chanza, el chiste de que la calabaza es buena para la vista pues nadie ha visto nunca a un cerdo usar espejuelos, tiene en el fondo un fundamento médico. Resulta que los betacarotenos presentes en la hortaliza tienen una marcada incidencia en la salud ocular. Luego, una ingestión superior del componente ayudaría a precaver enfermedades de los ojos como el desarrollo de las cataratas o la pérdida de la visión por degeneración de la retina. ¡Qué le parece!

De igual manera, se ha comprobado la importancia de los carotenos en la prevención de otros males degenerativos como la sordera.

Por su parte, las vitaminas A y C impiden la oxidación del colesterol y su posterior emplazamiento en las paredes de las arterias. Todo ello facilita la circulación de la sangre y ayuda a evitar ciertas enfermedades del corazón como el infarto del miocardio y la angina de pecho.

El ácido fólico presente en la calabaza, además de intervenir en el buen funcionamiento del sistema nervioso, protege el corazón al neutralizar la homocisteina, cuyos niveles elevados en el organismo pueden ser responsables de ataques cardíacos.

Por si lo dicho no bastara, permite disminuir agua y grasa en el cuerpo, entonces, constituye un alimento ligero ideal en dietas para perder peso. Ello se explica porque el potasio contenido en el fruto promueve la diuresis al aumentar la cantidad de líquido y la frecuencia de las micciones. Así las cosas, su ingestión frecuente es un bálsamo contra la obesidad y la formación de cálculos renales.

A pesar de su reducido aporte en calorías, la ingestión de calabana sacia el apetito y elimina el deseo de comer otros alimentos, con lo cual favorece el adelgazamiento.

Por contener abundante fibra, la calabaza ayuda a la expulsión de las heces por lo que contrarresta el estreñimiento. Al mismo tiempo contribuye a eliminar toxinas del intestino y precaver la aparición de numerosas enfermedades digestivas y de otra índole, entre ellas el cáncer de colon.

No olvidar tampoco que la abundancia de fibra ejerce influencia benéfica en el control de los niveles de azúcar en el organismo. Por supuesto, esta propiedad la hace recomendable para los diabéticos, tanto más cuando se ha comprobado que es un alimento que ayuda a estimular la función del páncreas.

HISTORIAS FANTÁSTICAS

Sin lugar a dudas, la calabaza más famosa que existe fue aquella que al toque mágico de la hada madrina de Cenicienta, convirtió a la cucurbitácea en hermosa carroza que llevaría a la joven hasta el castillo donde se celebraba la fiesta real, preámbulo para el feliz desenlace de la fantástica historia.

Otro interesante relato es el que asocia al vegetal como principal símbolo de las famosas fiestas de Halloween o Noche de Brujas, muy en boga en países como Irlanda, los Estados Unidos y otras regiones del mundo Su origen es parte de una leyenda que tiene como protagonista un irlandés que no fue aceptado ni en el cielo ni en el infierno.

Foto calabaza noche de HollowenExiste un viejo relato popular que habla de Jack, un irlandés tacaño, pendenciero y con fama de borracho. El diablo, a quien llegó el rumor de tan negra alma, acudió a comprobar si efectivamente era un rival de semejante calibre. Disfrazado como un hombre normal acudió al pueblo de éste y se puso a beber con él durante largas horas, revelando su identidad tras ver que en efecto Jack era un auténtico malvado.

Cuando Lucifer le dijo que venía a llevárselo para hacerle pagar por sus pecados, Jack le pidió, como acto de última voluntad, que bebieran juntos una ronda más. El diablo se lo concedió, pero al ir a pagar ninguno de los dos tenía dinero, así que Jack retó a Lucifer a convertirse en una moneda para demostrar sus poderes. Satanás lo hizo, pero en lugar de pagar con la moneda, Jack la metió en su bolsillo, donde llevaba un crucifijo de plata. Incapaz de salir de allí el diablo ordenó al granjero que le dejara libre, pero Jack respondió que no lo haría a menos que prometiera volver al infierno para no molestarle durante todo un año.

Transcurrido ese tiempo, el diablo apareció de nuevo en casa de Jack para llevárselo al inframundo, pero de nuevo Jack pidió un último deseo, en este caso, que el amo de las tinieblas cogiera una manzana situada en lo alto de un árbol para así tener una última comida antes de su tormento eterno. Lucifer accedió, pero cuando se hallaba trepado en el árbol, Jack talló una cruz en su tronco para que no pudiera escapar. En esta ocasión pidió no ser molestado en diez años, además de otra condición: que nunca pudiera el diablo reclamar su alma para el inframundo. Satanás accedió y Jack se vio libre de su amenaza.

Su destino no fue mejor: tras morir (mucho antes de transcurridos los diez años pactados), Jack se aprestó a ir al cielo, pero fue detenido en las puertas de San Pedro, impidiéndosele el paso pues no podían aceptarle por su mala vida pasada, siendo enviado al infierno. Para su desgracia allí tampoco podían aceptarlo debido al trato que había realizado con el diablo, quien de paso le expulsó de su reino y, despechado, le arrojó a Jack unas ascuas ardientes, las cuales el granjero atrapó con un nabo hueco, mientras burlonamente agradecía la improvisada linterna que así obtuvo.

Condenado a deambular por los caminos, anduvo Jack sin más luz que la ya susodicha linterna en su eterno vagar entre los reinos del bien y del mal. Con el paso del tiempo Jack el Tacaño fue conocido como Jack el de la Linterna o “Jack of the Lantern”, nombre que se abrevió al definitivo “Jack O’Lantern”. Esta es la razón de usar nabos (y más tarde calabazas, al imitar con su color el resplandor de las ascuas infernales y por ser más fáciles de tallar que los nabos) para alumbrar el camino a los difuntos en Halloween, y también el motivo de decorar las casas con estas figuras horrendas.

Fantasías aparte, esperamos que ya esté en condiciones de discernir bien entre untarse o comerse la calabaza, ¿no lo creen así?

Noticias relacionadas
Share
Share