Benditas aguas de un balneario

El agua tiene casi 40 grados y aun así a las personas les gusta. No se les va a poner la piel “pellejúa”, como me diría siempre abuela cuando metía la mano en mi cubo para el baño. Este chorrito, así de caliente como para matar pollos —también otra metáfora de mi nana—, es igualmente curativo.

Por esas propiedades es conocido el Balneario de Ciego Montero, donde el colectivo de profesionales se niega a llamarle paciente a quien ingresa, sino curista.

Aunque cada uno viene con un padecimiento específico o enfermedad, son las características de las aguas minero-medicinales la principal cura, por sus acciones catalítica, antihistamínica, antitóxica, estimuladora y eutrófica.

Pareciera mágico, pero las propiedades de este líquido actúan en personas con enfermedades crónicas cuyo alivio cuesta encontrar por otros medios. Las aguas logran detener procesos dolorosos crónicos, estimulan la circulación periférica, provocan relajación muscular y facilitan la actividad cardio-respiratoria, entre muchas otras ventajas.

“Las patologías más comunes con las cuales llegan aquí los pacientes son aquellas del sistema osteomioarticular: articulaciones, huesos y músculos; neurológicas: secuelas de accidentes vasculares encefálicos, parálisis cerebral; y reumatológicas. Igualmente vienen con padecimientos de dermatología.”, explica Marlene Torres Gómez, especialista en Fisiatría.

“Los tratamientos son individuales, pero se sigue una rutina crítica que inicia con la toma de presión en la mañana, gimnasia matutina, unos minutos en el chorrito termal, ejercicios de relajación con la psicóloga y fisioterapia.

“A las 2 de la tarde continúan con la dinámica de grupo, en la cual se hacen charlas de salud para la vida y juegos de participación para mejorar la actividad cognitiva de las personas mayores, y luego viene el horario de piscina”, expone Torres Gómez.

Según explica, el centro cuenta con dos  albercas grandes y cinco individuales, donde cada paciente, dirigido por la enfermera, realiza los ejercicios indicados por el fisioterapeuta.

“Como todo medicamento, estas aguas tienen reacciones adversas. Por eso están contraindicadas para quienes padecen procesos neoplásicos (cáncer) o aquellos con patologías crónicas descompensadas en ese momento”, especifica.

Su uso está dosificado porque también pueden provocar una crisis termal, la cual incluye hipotensión, hipertensión o desmayos.

Los precios para tener una estancia de sanación y recuperación en este lugar son asequibles, pero no módicos, pues el alojamiento está entre los 38 y 50 pesos diarios, con comidas incluidas, y el régimen de tratamiento es aproximadamente de catorce días.

“La mayoría de los pacientes que llegan hasta aquí son adultos mayores, y proceden no solo de Cienfuegos sino también de Santiago de Cuba, Villa Clara, La Habana, Matanzas y otros”, dice Benjamín Acuña Álvarez, director de la institución.

DONDE  SE ESCURREN LAS AGUAS

 No todo es tranquilidad en Ciego Montero. Las vicisitudes para llegar bien podrían incitar a rendirse.

“A quienes venimos de La Habana nos cuesta mucho hacer la reservación, porque solo existe la consulta en el Hospital Julito Díaz ubicado en el municipio Boyeros”, comenta uno de los curistas.

“Llegar allá es un martirio, sobre todo para nosotros, con más de 60 años y algunos hasta son impedidos físicos. Y luego hay que volver a los chequeos médicos previos, etc. Si hubieran otras consultas en diversos hospitales, sería mejor”.

También lo sería para el resto del país, que no tiene esta posibilidad o desconoce de la maravilla emocional, termal y curatoria de este sitio.

Solo Cienfuegos y la capital cuentan con consultas de hidrología médica, capaces de remitir a las personas, no solo adultas, sino también con menos edad.

“Hemos recibido jóvenes, principalmente por padecimientos reumatológicos y neurológicos, secuelas de accidentes vasculares encefálicos, parálisis cerebrales, casi siempre en niños, traumas craneales, y sobre todo enfermedades de Dermatología como la soriasis, una enfermedad asociada al estrés”, indica la fisiatra.

Muchos, no solo de Cienfuegos, sino de toda la Isla, pudieran hacer uso de tales tratamientos medicinales, pero desconocen la posibilidad. “Hay falta de información sobre el centro y ni los propios fisiatras saben de esta arma terapéutica”, reconoce la especialista.

“A esto se suma, que quienes llegan hasta aquí son casi siempre jubilados, con más tiempo libre, pero vale destacar que esta es una institución hospitalaria, por cuyo ingreso se emite un certificado médico”.

Ya sean más o menos bisoños, una dificultad para casi todos está relacionada al transporte.

Balneario“Ahí se puso la cosa feísima. Es por nuestros medios. Con una maleta, una cartera, y una jabita, porque soy diabética; imagínate el trabajo que pasé cuando me vi botada en Cienfuegos. Eso sí está malo. No hay cómo llegar hasta aquí. Yo compadezco a los trabajadores, que están a su hora y no sé cómo se las arreglan todos los días”, cuestiona Marlene Cuevas Jiménez exjuez profesional de La Habana, quien tuvo que jubilarse por neuritis periférica y artritis reumatoide.

Como ella, otros curistas también demandan la mejora del transporte público, “porque no todos pueden pagar 12 CUC para venir hasta aquí, como me pidió un botero”.

A los reclamos también se suma la apertura de una cafetería cercana, no solo para beneficiar a quienes hacen estancia en Ciego Montero, sino además a los propios habitantes de la comunidad.

“Por otro lado, aquí casi no hay cobertura, solo un teléfono a través de la pizarra para hacer llamadas, ni un público hay, y la mayoría somos viejos, tenemos familia y necesitamos comunicarnos constantemente”, indica Cuevas Jiménez.

LARGA VIDA AL MANANTIAL…

Por ser el único del país con alojamiento perteneciente al MINSAP, el balneario de Ciego Montero es una especie de bendición.

Tras ser reinaugurado hace apenas unos meses, la acogedora instalación y la calidad de su colectivo, hace de este “ingreso” una estancia tan agradable, que algunos vuelven año tras año.

“Son maravillosos. Es un colectivo altamente profesional, muy competente, indica Armando Hernández Vila, uno de los pacientes. Desde el punto de vista económico esta es la única variante para un tratamiento de este tipo, porque los balnearios restantes en el país no tienen alojamiento o pasaron al turismo”.

“Le pedimos al gobierno, a Salud Pública, a quien le corresponda, que defiendan este centro con uñas y dientes, que no lo dejen perder”.

A su reclamo y preocupación se suma el de muchos, acompañado siempre por el reconocimiento a los trabajadores, por su “empleomanía a prueba de fuego” como les calificara Marlene Cuevas Jiménez.

“He visto el balneario antes, durante y después, comenta Zenia González Sánchez, jubilada. Vengo hace 15 años y siempre ha primado la buena relación con las personas. Desde la dirección hasta el jardinero te atienden como en un hotel 5 estrellas. Te reciben con alegría aunque no te conozcan, te cuidan con una deferencia y actitud envidiable.

“La higiene del lugar es muy buena, la comida, sin ser como pretende todo el mundo, es adecuada: baja de sal, condimentada sin exceso, balanceada, sana”, concluye.

Y es que a pesar de las terapias de fango, aún por llegar, los problemas del transporte, la inexistencia de consultas especializadas en todo el país, el “ingreso” en Ciego Montero no solo rehabilita los huesos, el cerebro, la piel, la salud…. también lo hace al corazón. Benditas sean entonces las aguas de este balneario.

Glenda Boza Ibarra

Glenda Boza Ibarra

Periodista. Graduada en 2011 en la Universidad de Camagüey.

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