Bella y bicentenaria ciudad

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Algunos la definen como un sitio cómodo y manejable, por lo pequeña y relativamente fácil de recorrer, sobre todo en el entramado del Centro Histórico Urbano declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad en 2005./Foto: Cortesía de la oficina del Conservador de la ciudad.

Tal vez para alguien de paso, que no la habite o no vislumbre sus riquezas culturales, los 200 años de Cienfuegos son solo una cifra.

Sin embargo, esta refinada muchachita joven, rodeada de añejas vecinas como Trinidad, Remedios, Sancti Spíritus, Santa Clara y Matanzas, cautiva aún más a nativos e hijos adoptivos, debido a esos dos siglos a completarse en abril próximo.

Y, por cierto, ¡cuánta dicha tener el cuarto mes como fecha selecta para marcar la diferencia en el calendario!, porque abril, primavera, colorido y júbilo son todos sinónimos.

Con una singularidad sellada por metropolitanos aditamentos como el Paseo del Prado y el Malecón, la Perla del Sur se anexará en 2019 a las urbes cubanas que cierran el ciclo de siglos, algunas con cinco, otras con dos, como Cienfuegos.

Quizás quien la surque a diario de un punto cardinal a otro no perciba la suerte de nacer en un espacio donde prima el equilibrio, el trazado obsesivamente perfecto, la modernidad, el eclecticismo.

Cienfuegos demuestra que no existe ciudad cubana igual a otra, gracias a esa identidad extremadamente ligada al mar, y a la bahía desde la cual emana la propia dinámica urbana.

Algunos la definen como un sitio cómodo y manejable, por lo pequeña y relativamente fácil de recorrer, sobre todo en el entramado del Centro Histórico Urbano declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad en 2005.

Para quien no llegó al mundo en su seno caribeño, retocado con pinceladas galas a la usanza de lo real maravilloso, descubrirla es un acto que conlleva minuciosidad y constancia, pues se trata de una ciudad pequeña en extensión, pero vasta en valores arquitectónicos y culturales.

Todo sorprende en ella, desde el antiguo cementerio de Reina, el señorial Palacio de Valle, las cúpulas que caprichosamente la coronan, y edificios como el “Frontón”, con tipología poco común, y por ende difícil de hallar en otras latitudes nacionales.

Una mezcla de tradiciones marineras, cosmopolitismo, coloniales herencias y cierto toque de refinamiento resultó de aquel 22 de abril de 1819, cuando este atractivo rincón del Sur marcó pautas en el mapa de la Isla.

Diversa y única a la vez, así es, para nativos e hijos de otras tierras, esta bella y bicentenaria ciudad.

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