Baskets, el patetismo hecho payaso

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Baskets no ha gustado a varios críticos norteamericanos por ser una parodia cruda del modo de vida estadounidense.
Baskets no ha gustado a varios críticos norteamericanos por ser una parodia cruda del modo de vida estadounidense.

La melancolía vital del personaje de Louie en la serie homónima podría ser una de las coordenadas referativas sobre las cuales se sostienen los pilares de su análogo central de Baskets (la serie de FX, cuya primera temporada he terminado de ver), si bien su tipología se ha configurado más directamente proclive al patetismo puro. Que recuerde, ninguna de las dramedias norteamericanas salidas del cable (ni incluso Man Seeking Woman y The Last Man on Earth, otras gemas del cable, lo cual es bastante decir), mucho menos de la televisión abierta, trabajó antes con material humano con tanto potencial de autohumillación, de calamidad emocional.

El Zach Galifianiakis menos Galifianiakis posible —nada que ver con Resacón en Las Vegas o el tipo de filmes acostumbrados por él— compone a nuestro Chips Baskets, o Renoir en el arte, este peculiar payaso de la América perdida que estudió el oficio del clown en Francia y labora en un rodeo de mala muerte para campesinos ebrios, quien pasa de todo, no la lleva bien ni con su hermano (el mismo actor) ni con su madre (la incorpora un aquí grande Louie Anderson, pagar por verlo) ni con esta omnipresente agente de seguros llamada Martha (Martha Kelly) ingrávida, impávida, culmen de la inexpresividad —ex profeso, no es defecto sino loor— y ama a una mujer gala casada con él por el interés de hacerse con la tarjeta verde para la ciudadanía norteamericana. A lo único que Baskets le presta interés real en su existencia es a dicha mujer, a cuya estimación el triste clown ni fu ni fa. La francesa le esquilma el sentimiento, pero el hombre contento. Así de indefenso es el personaje de la dramedia, o mejor traumedy (comedia traumática) de FX.

Bajo el mando del director Jonathan Krisel, exportado de Portlandia, y escrita a cuatro manos, de ellas las dos del comediante Louie C.K no son las menos indelebles, la argamasa del relato tiene en este personaje incómodo, ora impenetrable, ora descarnadamente desprotegido, la base dramática a partir de la cual se compone una franca oda (del, no al) fracaso vital visto este desde el entendido del canon de la normativa moral, tendencia típica de cierto cine independiente.

Baskets no ha gustado a varios críticos norteamericanos, por ser, dicen, una parodia cruda del modo de vida estadounidense. No lo creo, va tan dirigida hacia lo individual la óptica del guion que, si bien se aproveche para proyectar visiones sobre las falencias y mentiras de un modo de vida, cuanto más cuenta aquí es hacernos partícipes de la existencia complicada, triste, patética, harto patética de este hombre medio roto que te arranca sonrisas de su mismo dolor: algo tan viejo como Chaplin, pero nunca hecho hasta ahora de una manera tan retorcidamente buena.

 

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