Bartolomé Masó, vetado por Estados Unidos

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Al centro, sentado, Bartolomé Masó junto a los integrantes del último gobierno de la República de Cuba en Armas.

Un 14 de junio, en 1907 falleció el Mayor General del Ejército Libertador, Bartolomé Masó Márquez, uno de los fundadores de nuestra Nación, el último de los Presidentes de la República en Armas.

Pudo ser el primer Presidente de la República de Cuba porque era el candidato ideal, idóneo para asumir tal puesto con dignidad, pero lo vetaron los yanquis. Para Washington era demasiado puro, demasiado patriota, demasiado justo y honorable, como para soportar la imposición de los ocupantes norteamericanos de transigir con su política interna e internacional. Ellos necesitaban un títere, un incapaz, un corrupto, un aliado subalterno, un asesino, y lo hallaron en Tomás Estrada Palma. Por eso vetaron a Bartolomé Masó.

Masó había nacido en Manzanillo, el 21 de diciembre de 1830. Cursó estudios superiores, publicó trabajos literarios y poemas, y el 10 de octubre de 1868 estuvo junto a Carlos Manuel de Céspedes en La Demajagua, en los combates iniciales; así comenzó su extensa y elocuente hoja de servicios a su Patria.

Fue General de Brigada, ascendiendo combate a combate; estuvo al lado de Antonio Maceo en la Protesta de Baraguá; luego estuvo en el intento insurreccional de la Guerra Chiquita. Fue deportado y en Nueva York apoyó a José Martí para hacer la Guerra de Independencia; se alzó en Bayate para “hacer la guerra de Martí”, sin importarle sus 65 años de edad, pues combatió como un joven y compartió con Moncada el mando de Oriente, en espera de la llegada de Maceo y Gómez. El Generalísimo le entrega el mando del Segundo Cuerpo del Ejército mambí en Oriente, la mitad de esa vasta provincia,  y así llega a General de Brigada. En la Asamblea de Jimaguayú fue elegido Vice-presidente de la República en Armas, y en la Asamblea de La Yaya, en 1897 es elegido Presidente de la República en Armas. También fue elegido, luego en la paz: Diputado a la Cámara, secretario (ministro) de Hacienda y luego de Guerra. En 1897 Masó comenta ciertas declaraciones alusivas a Cuba del Presidente de Estados Unidos al Congreso de su país. Dice Masó: “Nosotros hemos de llegar a la meta de nuestras aspiraciones en la guerra contra España, sin la “extraña” ayuda de Estados Unidos”. Y cuando vuelan en la rada habanera el acorazado “Maine”, comenta Masó: “Está próximo el día de la intervención norteamericana y no me parecen claros sus propósitos: esa gente no trabaja en balde”. Cuando a la fuerza se aprueba la Enmienda Platt que cercena nuestra Constitución, Masó declara: “El objetivo de la Revolución Cubana ha sido la total independencia: nuestro propósito no es entregarla a quien considera la Isla como su presa”.

Sí, no cabe dudas, Bartolomé Masó no podía ser de ninguna manera el candidato de los norteamericanos. No podían permitirle que fuera Presidente de la República cubana. Por eso fue vetada su candidatura.

Luego, Masó pronosticó: “¡Cuba ha de ser libre, independiente y soberana!”. El no llegó a verlo, porque cuando falleció en 1907 Cuba estaba nuevamente ocupada por la segunda intervención yanqui, pero las generaciones posteriores, hijas de patriotas tales, ¡la hemos hecho libre, independiente y soberana!.

¡Honor a quien debió ser, por derechos, nuestro Primer Presidente de Cuba!.

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