Ballet de Laura Alonso y Teatro Lírico Nacional fusionan disciplinas en Cienfuegos

Otro momento importante de la Temporada de Conciertos, la cual acontece hasta el 31 de marzo en el teatro Tomás Terry

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Foto: Juan Carlos Dorado
Foto: Juan Carlos Dorado

Artistas del Ballet Laura Alonso del Centro Pro-Danza, liderado por la gran maître Laura Alonso, y del Teatro Lírico Nacional, dirigido por el maestro Roberto Chorens, brindaron una “Opera-Ballet Concert” en el Tomás Terry, como episodio trascendente de la Temporada de Conciertos programada este mes en dicha institución escénica.

Según idea de Helson Hernández -quien además asume la dirección artística-, el espectáculo convoca a una mixtura de las dos artes, en simbiosis de calidad dancística y vocal

El montaje bicéfalo que aúna al par de disciplinas, el cual se viera por vez primera durante noviembre pasado en la capital y constituye un estreno en provincias, arrancaría mediante Vesti la giubba, aria para tenor de la ópera Pagliacci, de Ruggiero Leoncavallo. Creíble la asunción del payaso Canio (Pagliaccio) al descubrir la infidelidad de su esposa, aunque aun así debe prepararse para un espectáculo que -siempre- deberá continuar.

Luego, la escena se llenó de la majestad sonora de la francesa Edith Piaf. Los bailarines del “Laura Alonso” tomaron sus textos musicales y configuraron el ballet Rosas rojas, evocativo del amor, el dolor, el fracaso y la alegría de vivir, señas indistintas por las que tomó el canto maravilloso de “El Gorrión”. Este momento, desde el punto de vista de la dramaturgia y la duración del montaje, se resintió en la organicidad y debió poseer menos extensión, no obstante se comprende su efecto de distensión dentro del relato coreográfico-vocal.

A continuación, se interpretó la Barcarolla, de la ópera cómica en tres actos, con prólogo y epílogo, Los cuentos de Hoffman, asimilación al género de Jacques Offenbach. Antecedió al aria Una furtiva lágrima, perteneciente a la ópera cómica en dos actos El elíxir del amor, de Gaetano Donizetti. Concluiría esta primera parte a través la coreografía que el maître Héctor Figueredo (director general de la obra) realizó de Nocturno, de Federico Chopin; y la recreación del Lírico Nacional del aria Casta Diva, de la ópera Norma, de Vincenzo Bellini.

Traspasado el intermedio, una segunda parte más desenfadada y de menos congestionamiento de referentes “solemnes” imbricó mejor a parte del público general con la propuesta. Se advirtió aquí la favorable confabulación de las bailarinas y bailarines (sobre todo las primeras) del “Laura Alonso”, al defender -con frescura, juvenilia y gozo- coreografías inspiradas en la obra de creadores musicales como Etta James, cantante estadounidense de soul y rhythm and blues; Matt Monro, vocalista británico de música popular; y Tony Bennet, uno de los grandes “crooners” norteamericanos, aun vivo a los 91 años y en plenas funciones creativas, entre otros.

En este segmento sobresalió la coreografía Cuarteto, creada por Héctor Figueredo, otra muestra del verdadero surtidor creativo que es este hombre, quien ha llevado a escena numerosas adaptaciones y creaciones propias de este corte. La conjunción de disciplinas del trabajo dirigido por él y Hernández constituyó otro momento de fuste de la Temporada de Conciertos, que prosigue este fin de semana con un recital de la orquesta de cuerdas Rubén Urribarres.

 

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