August Strindberg y Julia: entre la frustración y la misoginia

Desde este espacio ya le hemos dedicado una revisión a la obra del noruego Henrik Ibsen desde una perspectiva feminista. Sin embargo, en aquel trabajo dejamos claro que no fue el único creador en su región que enfatizó sobre la figura de la mujer en los complejos escenarios sociales de finales del siglo XIX.

Johan August Strindberg (1849 -1912) fue el otro gran creador del teatro realista escandinavo, que contrapuesto a Ibsen, mostró en vida un latente sentir misógino que se hace notar   —en mayor o menor medida— no solo en sus dramas, sino en las novelas y relatos que también escribió el importante sueco.

La crítica ha señalado este rasgo en varias ocasiones, como el argentino Luciano Menichelli, quien desde su ensayo Stringberg y el naturalismo en La señorita Julia, apunta varios aspectos relevantes tales como la división que solía hacer el dramaturgo sobre ellas: “las mujeres emancipadas, a quienes detestaba por su masculinidad, y las mujeres mayores, de carácter maternal (…), más su afiliación a la ideología nietzscheniana en cuanto al culto del súper hombre, el desprecio de la debilidad y la exaltación de los valores masculinos”, se cita en el mencionado análisis.

Pero no podemos obviar que mucho de ello se debió también a una personalidad esquizofrénica y a sus desastrosos matrimonios, sintiéndose la mayor parte del tiempo como un acosado y perseguido además por el movimiento feminista de su época.

En La señorita Julia (Fröken Julie, 1888), su puesta más conocida y divulgada, pone de relieve varias de estas apreciaciones, que, en última instancia, enriquecen el corpus de la tragedia realista-naturalista, incluso —en el caso de marras— transgrediendo y haciendo notables transformaciones que están ausentes en textos de sus contemporáneos.

En tal sentido, escasas veces se ha logrado concentrar tan hondo sentido dramático, si consideramos los escasos elementos que integran a La señorita Julia: solo tres personajes en una gran cocina. Basta con Julia, Juan y la criada Cristina para que Strindberg conforme casi de manera perfecta la muy citada “batalla de los sexos”, amparada en esa precisa ley darwiniana sobre el éxito del más fuerte. Supervivencia que encubre al personaje de Juan, mostrándose en él las características varoniles que el autor admiraba de manera firme.

Aun con tan poco, este drama es mucho más ambicioso de lo que aparenta, ya que en él hallamos igualmente la lucha de clases, una profunda crítica de las relaciones humanas y un singular sondeo entre lo aparencial y lo esencial.

“Carentes de carácter, oscilantes e incoherentes, mezcla de viejo y de nuevo (…)”, así el sueco describía luego a sus criaturas desde el prólogo. Y retrata con ello la profunda cobardía del binomio Julia-Juan; su imposibilidad de romper de forma categórica los lazos afectivos, sociales y económicos que los unen y los separan a la vez.

Cartel de la adaptación cinematográfica homónima de Liv Ullmann en 2014. / Foto: tomada de Internet

Concretamente, en escena única, el autor despliega el sentimiento de la frustración invariable durante la noche de San Juan, bajo un tablero de pocas piezas que riñen desde la psicología. Enfrentamiento que en Julia —al principio jovial y enérgica—, poco a poco se irá apagando, mientras se van decodificando sus distintos modos de actuar.

Frente a las ambiciones de escalar socialmente por parte del lacayo que representa Juan, la joven parece sucumbir hasta el punto de arder en deseos de destruir y destruirse a ella misma cuando llega con la jaula y su canario, “preparada” sin más para la huida.

Por ello, la tesis que tal vez nos plantea Strindberg está unida aquí a la idea de su voluble protagonista; una feminidad sometida al macho, a la culpa, a la derrota, a la ofuscación. Nos parece que hay un susurro del dramaturgo acerca de que nada obtendrán las féminas si no han observado de frente o sido partícipes de los horrores del fracaso.

La pieza, por los tópicos que continúan vigentes en la actualidad, ha sido llevada al cine en varias ocasiones, la más reciente en 2014 bajo la dirección de la aclamada noruega Liv Ullmann, con la participación de Jessica Chastain y Colin Farrell. Afortunadamente, la Chastain supo defender con vehemencia a la condesita del sueco y Ullmann pudo teatralizar su cine con decoroso empeño.

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Delvis Toledo De la Cruz

Licenciado en Letras por la Facultad de Humanidades de la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas en 2016.

2 Comentarios en “August Strindberg y Julia: entre la frustración y la misoginia

  • el 10 septiembre, 2021 a las 12:57 am
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    Sería estupendo. Cuente con mi presencia allí desde este mismo instante.
    Gracias por su lectura.

    Respuesta
  • el 9 septiembre, 2021 a las 12:42 pm
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    Hola, escribo desde México, me gustaría invitarte a una charla/debate sobre La Señorita Julia.
    Es un texto que llevo trabajando desde hace mucho tiempo y me gustaría intercambiar opiniones.
    Tengo un programa por Fb Live que se llama «Sala de lectura teatral» donde dialogamos sobre la importancia de leer teatro y analizamos alguna obra en especial.

    Respuesta

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