El atentado a Martí en Tampa

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Ilustración: Andez

El largo brazo del terrorismo del imperio español intentó asesinar a José Martí, nuestro Héroe Nacional, en Tampa, Estados Unidos, el 16 de diciembre de 1892.  Y es que Martí, a fines del siglo XIX, era uno de los principales blancos para la mano asesina, no solo de España sino de Estados Unidos, porque sus ideas, sus principios, su ideología, resultaban muy peligrosos para ambos imperios.

No se ha comprobado que actuaran al unísono en este atentado, pero ciertamente que se beneficiaban ambos Estados con la desaparición de nuestro Maestro y Apóstol.

El hecho es que en esa fecha un vil criminal a sueldo, vertió un veneno en los alimentos que sirvieron a Martí, durante una corta estancia en Tampa, y si no falleció fue porque con él estaba, entre otros acompañantes, el médico Miguel Barbarrosa, que ante el súbito malestar del Maestro, aquel identificó los síntomas, actuó con toda urgencia y energía, comprendiendo lo que sucedía, y logró salvarle la vida.

Elementos alquilados por el colonialismo español atentaron contra la vida de muchos líderes independentistas cubanos, y cometieron esos actos terroristas en varios lugares de Nuestra América. Es que gentes como Posada Carriles y Bosch, han existido en todos los tiempos.

En Venezuela, por ejemplo, lograron abatir en un atentado, al general tunero Vicente García, a quien en combate nunca lo pudieron derribar.

Casi dos años después del atentado a Martí que recordamos, el imperio español trató de asesinar al General Antonio Maceo, en Costa Rica, el 9 de noviembre de 1894 y lograron herirlo por la espalda, y cuando iban a dispararle de nuevo, los que acompañaban al Titán de Bronce se batieron a tiros con los atacantes y los hicieron huir.

En este último caso sí quedó probado que el cónsul español en Costa Rica recibió la orden de Madrid de abatir al patriota cubano y le tendió la celada a la salida de un teatro.

También en Estados Unidos la agencia de detectives privados Pinckerton espió a nuestro Héroe Nacional y a otros patriotas, contratada por la embajada española en Estados Unidos.

Durante mucho tiempo se escuchó comentar a los integristas españoles que “el problema de Cuba se resuelve con dos balas: una para Maceo y otra para Gómez”. También en fecha anterior a la Protesta de Baraguá, en 1875, el Gobierno español liberó de una prisión española al criminal José de las Mercedes Colás, con la misión de que asesinara a Maceo.

Es que el asesinato político ha sido arma de los imperios en todos los siglos y países, que siempre han apelado a las formas más retrógradas para combatir las ideologías revolucionarias y eliminar a los más preclaros contrincantes. Por eso José Martí escribió en “Patria”:

“Nada pueden los asesinos contra los defensores de la libertad. La puñalada infame no puede herir a la Revolución, hiere al honor de los que pretenden sofocar con el crimen inicuo, la aspiración de un pueblo”.

Son ideas martianas que sirven para el presente, en que el terrorismo de Estado de los imperios ha alcanzado niveles enormes, utilizando la más sofisticada tecnología moderna y llenan el mundo de sangre y miseria, deshonor y barbarie en nombre de la libertad.

Contra todo ello continuan combatiendo los pueblos libres del mundo. Cuba entre estos.  Los cubanos entre estos.

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