Guáimaro y la tradición de democracia

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En el pueblito camagüeyano de Guáimaro, el 10 de abril de 1869, hace 149 años, comenzó a construirse el alma y poder de la Nación que somos. Nació allí una tradición que es originalidad del proceso revolucionario cubano.

Fue la reunión cumbre de los patriotas cubanos alzados en armas en Oriente, Camagüey y Las Villas y no convocada por algún movimiento o partido pre-existente. Habían ocurrido una serie de alzamientos en la Isla para combatir por la Independencia de la patria, principalmente en las regiones antes mencionadas. Son grupos de patriotas que carecen de vinculación orgánica, portaban distintas concepciones acerca de la conducción de la guerra y no existía una idea común sobre la estructura que debían dar a la futura República. Así que era imprescindible enfrentar esta situación, sentándose a discutir para llegar a un consenso y esto es lo que se hace en Guáimaro, precisamente.

Pero, además, tres veces más se hará esto en el curso de la guerra, hasta el término del colonialismo hispano en la Isla: Jimaguayú, La Yaya y Baraguá. Son los lugares de las diversas Constituciones de nuestra República, siempre ordenándose jurídicamente, sin anarquía ni improvisaciones. Es la continuidad, y a la vez, superación de contradicciones.

Pero algo más: No existe una experiencia histórica semejante en el planeta con respecto a otras naciones. Aquí las Cartas Magnas (o sea, las Constituciones) nacieron paralelas a la lucha, junto a la lucha y sus propósitos democráticos. En todos los demás países nacieron después de las independencias.

Incluso, nuestra primera Constitución es superior a la norteamericana de Filadelfia, que reconocía la existencia de la esclavitud y la mantenía.

Esta es, precisamente, la experiencia que hemos heredado los revolucionarios cubanos actuales, la de nuestros padres fundadores de la Nación. La verdadera democracia, no la ficticia y clasista de los capitalistas. No la fascista de los imperios modernos. Así deberá ser siempre en Cuba, “a la cubana”, a la que nos mostraron los padres fundadores de la Patria.

La Asamblea de Guáimaro que hoy cumple 149 años, la de los padres fundadores de la nacionalidad, la primera reunión de patriotas fundadores, legisló no sólo en relación con la dirección de la guerra, sino también con la vida civil y la futura organización de la sociedad cubana.

Decir que el nacimiento de la República fue en Bayamo o que fue en Guáimaro, es un tanto lenguaje poético, porque es que en ese momento es que se está creando la Nación y sus instrumentos, está gestándose el pueblo cubano, que hasta hace poco sólo podía llamarse criollo. La Nación es la que surgirá en el transcurso de la Guerra de los Diez Años que recién comenzaba en ese momento.

En Guáimaro está reconociéndose ese sueño, un sueño por el que se peleará hasta la muerte: el de que todos somos iguales; el de que cada ciudadano es un combatiente de la Revolución por la conservación de la Nación, de la Revolución, de la Cultura, de la Patria.

Además, en cada zona liberada los cubanos tienen el derecho de ejercer y defender esa igualdad y esa libertad. ¡ Esto es democracia real! Porque es que allí, en Guáimaro, donde se produce una asamblea pública y democrática, donde intervienen personas del pueblo que no son delegados. En esa plaza pública se da cabida a todos. Todos con voz. Es el caso de Ana Betancourt que, “adelantándose a su tiempo”, como diría allí Céspedes admirado, “abogó por los derechos de la mujer cubana de defender la Patria en paridad con el hombre”.

En Guáimaro encontramos esa tradición de democracia. Allí se reitera el concepto de Céspedes de que “la Revolución tiene que ser una revolución social profundamente radical: no sólo librarse de España, es preciso también demoler el régimen esclavista”.

Es el mismo concepto que enarbolan los hermanos cienfuegueros, Generales Federico y Adolfo Fernández-Cavada Howard, al alzarse en armas con los patriotas de Las Villas el seis de febrero de 1869, sesentitrés días antes de Guáimaro.

Estas son las lecciones que nos trae esta fecha, la hermosa historia cubana que no debe olvidarse jamás y tenemos que divulgar mucho más. La historia es un arma de los pueblos revolucionarios y lejos de olvidarla hay que enseñarla constantemente y siempre: en la escuela, en la plaza pública y en el hogar.

Por cierto que hay más lecciones del día diez de abril. En ese día de 1892 nació también el Partido Revolucionario Cubano, fundado por José Martí, no por casualidad el mismo día en que se recuerda la Asamblea de Guáimaro. El original Partido de Martí se inscribe en la misma tradición de lucha y de ideales republicanos y democráticos del ´68 que se reafirma y amplía en el ’95 cuando este Partido dirigió la guerra que organizó para fundar y guiar a “un pueblo nuevo en sincera democracia, capaz de vencer por el orden del trabajo real, el equilibrio de las fuerzas sociales”, como escribió Martí en sus Bases. Esa gran misión: hacer la guerra y hacer la República, esa es la letra y espíritu de las Bases del Partido martiano.

La caída de nuestro Héroe Nacional, y la del General Antonio Maceo, interrumpirán ese proceso, pero las bases estaban ya echadas para permitir que la descendencia lo lograra. Es decir, ¡nosotros!

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