Arnaldo Figueredo: ¡un surco que improvisa! | 5 de Septiembre.
mar. Jun 25th, 2019

Arnaldo Figueredo: ¡un surco que improvisa!

“Está pegado a la tierra / lo mismo que un tronco duro” (Anónimo)

Entre los numerosos poetas improvisadores, repentistas, del Parnaso cienfueguero, Arnaldo Figueredo González es, sin dudas, uno de los más bucólicos. Sus temas, casi invariablemente, están vinculados con la tierra, que aunque ya no la trabaja, anda con ella en los bajos de los pantalones guajiros, en sus zapatos, en su sombrero o en el inseparable tabaco, y en los cuentos, que de una jocosidad contagiosa le brotan espontáneamente, sin preparación y en cualquier escenario. Las fabulosas historias del “Tío Chura” cobran vida en su voz y nos parecen narraciones escapadas del Macondo de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez o de lo real maravilloso de la pluma de Alejo Carpentier.

Las décimas de Arnaldo, de una plasticidad tremenda, son retratos, postales de una época. Sus vivencias hablan por sí solas.

La escuela: Empecé la escuela / cuando más de diez años tenía, / porque en los campos no había / ningún maestro enseñando. / Allí me empezaron dando / más reglazos que cariños, / porque como no era un niño / de catana y papalote / me vieron con un bigote como el de Carlos Baliño.

Y claro, la primera novia del pequeño Quijote de Sabana Miguel: En un papel aprendí / a conquistar una niña; / por el desprecio y la riña, que sintió el padre por mí. / En un papel descubrí; / como era el noviazgo aquel, / y aunque la sabía fiel, / no me conformé con eso / porque me mandaba un beso / en un labio de papel. / La primera novia mía, / nunca la pude besar / me tuve que conformar / con el beso que leía. / En el que siempre decía, / que jamás le fuera infiel; / pero en el invierno aquel, / por la falta de sus besos, / me congelaba los huesos / una escarcha de papel”.

Para nuestro amigo sabanero, la naturaleza, sus fenómenos y la embrujadora esmeralda de su suelo natal, la sinfonía de los pájaros y el amor filial se convertían en maravillosa simbiosis, que plasmaba magistralmente en sus décimas, que huelen a tierra mojada: Como en el campo nací / yo recuerdo todavía / que cuando aquello no había / ni un coppelia para mí. / La lluvia la recibí / como sagrados bautizos / y bajo los colgadizos / en un coppelia enyerbado / nunca tuve más helado / que un puñado de granizos.

Mi padre: Ni un solo día dejaba / de ir a bañarse, / al río, / para quitarse / el cansancio que tenía. / Y como se parecía / a mí, tanto el viejo mío, / por la noche en el bohío, / que se me quedó sin dueño / con las aletas de sueño / estoy nadando en el río. / El cauce del Lagunillas, / lo miro desde mi casa / espejo largo que pasa / enlutando mis mejillas. / Cuando llego a sus orillas, / mis huesos tiemblan de frío, / porque cuando el padre mío, / se me murió de repente, / por poco arrancan el puente / los lagrimones del río.

Aquí hay una variante de la toponimia, pues en realidad se refiere al río Caunao. Todo parece indicar que por la cercanía con el barrio Lagunillas, el uso del vocablo se enraizó en la población de la comarca. La madre de Arnaldo era un verdadero ángel que no dejaba de admirar y mirar al hijo poeta y existía entre los dos una complicidad que les permitía, con solo mirarse, conocer cuál era el secreto, la pena o la alegría. A ella no dejó de cantarle nunca, aún lo hace.

Mi Madre: Cuando mi madre planchaba / mi guayabera de hilo, / al cuello le daba filo / y por el filo cantaba. / Estando enferma lavaba / a mano mi guayabera / No quise que falleciera, / pero al fallecer un día / ya la guayabera mía / no canta en la tendedera. / Como en el campo no había / materno, ni comadrona, / la mujer a la cañona / dando pujidos paría. / Así fue la madre mía, / para nueve hijos lograr, / y mi padre sin usar / venda,yodo ni algodón, / nos cortó la tripa con / las tijeras de pelar.

Arnaldo le ha cantado a todo lo humano: al campo, hijos, amigos, abuelos, nietos, porque este juglar criollo sigue siendo, por los siglos de los siglos, un guajiro pegado a la tierra como un tronco duro.

Actualmente la promotora e investigadora cultural Patricia Tápanes edita la filmación que se hizo para un documental sobre el poeta, que debe ver la luz en breve, para efectuar su estreno en la Casa Luis Gómez, de Caunao.

POETA SABANERO: En qué lugar dejaste escudo y lanza / Quijote de Sabana Miguel, / casaste a Dulcinea y a Espinel / teniendo de testigo a Sancho Panza. // En qué viejo recodo de la orilla, / estaba descansando Rocinante / y Tú, sobre la luz de un consonante, / viajabas por el río Lagunillas. // Qué metáfora anduvo los caminos; / Qué liga de parrandas, gallos finos, / te dieron ese porte juglaresco, // Qué verso va midiendo tu estatura, / qué cuento te recuerda al Tío Chura / Arnaldo Figueredo: ¡quijotesco!

Por Alberto Vega Falcón (Veguita). Poeta, vicepresidente de la UNEAC en Cienfuegos.

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