Apuntes históricos sobre la toma de Las Tunas

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Ángel de la Guardia se batió con fiereza en el combate por la toma de Las Tunas. /Foto: Archivo
Ángel de la Guardia se batió con fiereza en el combate por la toma de Las Tunas. /Foto: Archivo

Los cubanos conocemos a aquel joven insurrecto de 20 años de edad e inexperto, de nombre Ángel de la Guardia Bello, que quedó junto a Martí en el campamento de Dos Ríos a su cuidado, cuando Gómez y Maceo acudieron a  contra-atacar a la columna española que se aproximó peligrosamente a ese lugar. Gómez aconsejó al Delegado del Partido Revolucionario Cubano que permaneciera en la retaguardia, pero el Maestro, conminó al combatiente diciéndole: –  ¡Joven, acompáñeme!  Y salió a combatir, como buen jinete que era y deseoso de enfrentar al enemigo con las armas como tanto lo había enfrentado con las ideas y el trabajo ideológico, y revólver en mano iba cuando fue alcanzado por certeros disparos  y cayó de cara al sol.


Pero aquel muchachón veinteañero tuvo muchos otros actos heroicos y una vida entregada por entero a la guerra anticolonial, que es poco conocida. Nació en Jiguaní en febrero de 1875, hijo de un maestro de la escuela del lugar, con apenas cumplidos sus 20 años se presenta en el campamento del General Bartolomé Masó en la zona de Manzanillo, donde se destacó inmediatamente. Por eso era ya Alférez aquel 19 de mayo de 1895. Con el grado de capitán combatió en Peralejo junto a Antonio Maceo, integró la Columna Invasora y durante sus batallas ganó el grado de comandante. En la campaña de Oriente, Calixto García lo ascendió a teniente-coronel  e iba a cumplir 23 años cuando luchó en la toma de Las Tunas.  También iba a ser ascendido a General de Brigada, pues la propuesta ya había sido aceptada.  Pero una bala española tronchó antes su vida.

Calixto García le escribió al Generalísimo Máximo Gómez informándole de la batalla de Las Tunas y de la muerte del joven De la Guardia.  Escribió: “Ángel de la Guardia, un joven heroico de 23 años murió también, poco antes de ser ascendido a General de Brigada…”.
La batalla de Las Tunas, ocurrida entre el 28 y el 30 de agosto de 1897,  tiene gran importancia, pues determinó el principio de la derrota definitiva de la metrópoli española.

Daguerrotipo del joven Ángel de la Guardia Bello. /Foto: Archivo
Daguerrotipo del joven Ángel de la Guardia Bello. /Foto: Archivo

Documentos inéditos hallados en los archivos militares hispanos lo confirman. Las Tunas era la región más estratégica de la zona oriental de la Isla. Enlazaba a Camagüey, Holguín y Bayamo, por eso el mando español la fortificó con un sistema defensivo externo e interno y lo guarneció con fortines, fuertes, fosos y alambradas, y la dotó de fuertes contingentes de soldados bien armados. Nada fácil de tomar una ciudad así protegida.  Pero el General Calixto García, que a la muerte del General Antonio Maceo lo había relevado en el cargo de Lugarteniente General, sabía eso y preparó muy bien el ataque con un golpe demoledor.

Para realizar tal proeza contaba con la ayuda decisiva de la joven cubana María Machado, hija natural del General español Emilio March jefe de esa plaza militar, con una joven cubana.  Ella era agente secreta de la Inteligencia del Alto Mando mambí. Por las facilidades que ella tenía para entrar y salir de la ciudad cerrada de Las Tunas brindó excelentes informaciones,  planos y croquis pintados,  que entregó al jefe del Ejército Libertador en la zona. Así pudo el mando cubano colocar sus piezas artilleras en los lugares fundamentales  y hasta estrenó un cañón de dinamita creado por los cubanos, que operó en esa batalla el joven José Martí Zayas Bazán, el hijo del Apóstol cubano,  que a la muerte del Maestro, escapó de la tutela de la madre y vino en una expedición a Cuba para vengar la muerte de su amado padre. Voló un importante polvorín del enemigo y fue Héroe de esa batalla.

La batalla de Las Tunas fue muy cruenta, porque duró tres días y en su transcurso, cayeron hombres muy valiosos, como Ángel de la Guardia, quien antes de morir heroicamente tomó el fuerte Aragón, la casa del telégrafo, y se dirigía a rendir el fuerte del Telégrafo, cuando cayó abatido por varios disparos. Falleció al día siguiente.

El gran amigo de José Martí, Federico Henríquez y Carvajal dirigió una carta de pésame al padre de Ángel que vivía en Barahona, República Dominicana, en ese momento. Y el padre del héroe le respondió así: “Mi hijo Ángel cumplió con su deber de cubano. Aún me quedan tres hijos en la manigua. Tengo otros dos en condiciones ya de empuñar las armas y otros tres en la reserva, ello que tienen 14, 10 y 8 años de edad, respectivamente. No hay dilema, hay que hacer Patria cueste lo que cueste, y caiga quien caiga. Yo me consuelo en el dolor cuando veo la firmeza de los patriotas cubanos en armas, porque sueñan con una Patria Libre, y la idolatran…”.

No hay dudas, ¡el pueblo que tiene hombres capaces de expresarse y actuar así, capaces de entregar lo más amado a la Patria, es invencible! Tal es la herencia, las raíces de nuestra historia, esa que tanto quieren que desconozcamos…

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