Aproximación al género negro en Cuba

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Todo quien se interese por la Literatura Cubana (sin parcelas) conoce al villaclareño Lorenzo Lunar, pero en específico los seguidores del género negro, o policial, lo cuentan entre los autores de su predilección.

Más allá de los premios en Europa ‒Semana Negra de Gijón incluida‒ o en nuestro país, la obra por él concebida no se procura por ningún lauro legitimador, sino mucho más debido a una prosa que, bien colocada dentro de las variantes contemporáneas del neopolicial latinoamericano, trenza las historias criminales en contextos sociales inspeccionados con tanta o más vehemencia que el presunto enunciado.

La saga conformada por las novelas Que en vez de infierno encuentres gloria, La vida es un tango y Usted es la culpable, obligadas dentro del ítem de marras, no solo posee la virtud de llevar al “noir” a estándares de indagación/reflexión social realmente meritorios, sino de ubicar un microcosmos y un personaje (El Condado, de Villa Clara; y al agente policial Leo Martín) dentro del mapa geo-iconográfico de la narrativa negra criolla.

Ahora bien, esta reseña no va del Lunar narrador sino del ensayista quien, mediante El que a hierro mata (Editorial Mecenas, 2013) se convierte en crítico de su mismo género predilecto, un poco enfadado, me parece, ante la escasa incidencia de quienes se supone deban ejercer la profesión.El que a hierro mata, Lorenzo Lunar, Mecenas 2013

El signatario de Cuesta abajo reflexiona que “No es serio simplificar la crítica de la literatura policial cubana a los nombres de Leonardo Padura y Daniel Chavarría cuando más de una decena de buenos escritores del género hacen su obra, y la publican, dentro y fuera de la isla. Menos serio es simplificar las tendencias estéticas que explaya la literatura policial escrita por cubanos en este momento a un esquema que se redunda por boca de ganso; casi siempre en paneles y mesas redondas más o menos improvisados, casi nunca asumida como letra escrita e impresa.
“(…) Lo cierto es que el policiaco cubano existe. Merece atención. Requiere un ojo crítico objetivo e informado. El género lo agradecerá. La crítica también, por que el que a hierro mata a hierro muere”, dice. Empero, el ensayo de Lunar ‒Premio de Investigación Literaria Florentino Morales 2011‒, no solo se interesa por el aspecto de los esquemas o preceptivas de la crítica.

Su autor articula la faena indagatoria en diversos apartados que lo conducen a los inevitables (y aconsejables, pese a lo academicista de la mirada) precedentes del género negro insular; a sus distintos estadios evolutivos (con peculiaridades taxonómicas bien delimitadas de cada uno, baza a destacar); a sus expresiones dentro de la novelística o la cuentística.

El segmento postrero, Las cartas sobre la mesa, a mi modo de entender la lectura rompe la lógica discursiva del ensayo. Intuyo que Lunar desea burlar la ortodoxia de muchos dispositivos hermeneúticos de semejante guisa, al insertar un intercambio epistolar sobre el género mantenido con colegas.

Aunque no sea de mi total agrado dicha última zona de El que a hierro mata, soy capaz sin embargo, cualquiera lo haría, de percibir la riqueza de las reflexiones cruzadas aquí contenidas. Como lo mismo de todo el cuerpo escritural de este plausible aporte al estudio del género en Cuba. Lunar ama tanto a su género identificador que además de hacerlo, bien, lo estudia. Y lo publica.

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