Appaloosa: cariño por el western

En el polvoriento pueblucho de Appaloosa manda Randall, un matón temible como todos (Jeremy Irons en su salsa se lo traga de un bocado), cuya banda se despachó a los representantes de la justicia. Los habitantes pagan a Virgil Cole (Ed Harris) y Everett Hitch (Viggo Mortensen), dos legendarios gatillos de alquiler, para librarse del canalla e imponer de nuevo la ley y el orden. La amistad de estos hombres, bellísima, a veces prescinde incluso de palabras, de tanto conocerse uno y otro. Everett le completa las frases que se le extravían en la mente a Virgil, en crucigramas psicoverbales nada exentos de humor.

En medio del tejemaneje contra los malos llega a Appaloosa la pizpireta y cultivada Allie (Renée Zellweger), quien prendará al deslumbrado Virgil, conocedor carnal hasta entonces solo de indias y prostitutas. Sin embargo, la hembra no está fabricada de madera de ley, e intenta completar un triángulo inaceptado por Everett; porque si la película cantará loas a un amor será al suyo con el amigo y no al de la rubia -homosexualidad excluida, si bien habrá quien así quiera leerlo.

Aunque típica cowboy movie avenida y todo a la reexaltación del halo mitológico del Viejo Oeste de las cintas de la época dorada postbélica, en Appaloosa (2008), película más de personajes que de situaciones -sin que ello tampoco implique la renuncia a las consabidos tiroteos del género o la clásica trifulca con indios-, el multioficio Harris (la dirige, actúa, produce y escribe a partir de la novela de Robert B. Parker) se toma el tiempo que desea a fin de escarbar entre planos, gestos y medias palabras la ambigüedad moral de los personajes, su sentido de la ética, el valor, la fraternidad. Mortenssen lo aprovecha para, sin mucho uso de su lengua, meterse el filme en un puño tras morderse par de veces el bigote; y la insoportable Zellweger para reconfirmar que lo suyo es la comedia corte Bridget Jones y que a partir de sus mohínes o pedante ñoñería nada hace en piezas semejantes.

Dentro de esta puesta en escena clásica hay estilo, fuerza dramática, diálogos icónicos (verbigracia: al rechazar Cole el trago que le invita a tomarse Randall, el villano dice: “Es difícil hacerse amigo de un hombre que no bebe”, a lo cual replica el justiciero: “Difícil sí, pero no imposible”) solvencia narrativa, personajes que recuerdan a Budd Boetticher, composiciones imborrables, una regia fotografía de Dean Semler y sobre todo gran cariño por el inmarcesible género. Pero también frialdad, acaso demasiada.

El para mí sagrado en el orden actoral Harris, en tanto realizador a ratos creyera olvidarse del género y estar en el set de la anterior Pollock, su biopic del caprichoso pintor. De modo que el exceso de parsimonia le cobra factura a un ritmo resentido, el cual restará calidez e incluso empatía comunicacional a un largometraje que en tal sentido solo es comparable a las, empero, en otros aspectos harto diferentes El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford, y Wyatt Earp. Sin ello, y sin la Zellweeger, pudo ser otro de esos exponentes memorables filmados mucho después de los años cuando Arthur Miller habló de un “último western”.

Julio Martínez Molina

Julio Martínez Molina

Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana. Periodista del diario 5 de Septiembre y crítico audiovisual. Miembro de la UPEC, la UNEAC, la FIPRESCI y la Asociación Cubana de la Crítica Cinematográfica

2 Comentarios en “Appaloosa: cariño por el western

  • Julio Martínez Molina
    el 27 octubre, 2017 a las 4:57 pm
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    Diego: después del botox quedó que ni pa los zopilotes del DF en un probable sci-fi de Inárritu. Da grima la pobre. Saludos, gracias por tu comentario.

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    el 3 septiembre, 2017 a las 6:05 pm
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    Oyeee no me abuse de la Zellweger que ella es paciente psiquiátrica, padece de dismorfofobia… No la ha visto el antes y el después de la Reneé??? Ella es chulita, como la Cameron Díaz la comedia sentimentaloide es lo suyo.

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