Antonio Hurtado del Valle: poeta, periodista y guerrillero mambí | 5 de Septiembre.
sáb. Ago 17th, 2019

Antonio Hurtado del Valle: poeta, periodista y guerrillero mambí

Su memoria perdura y se hace historia presente en nuestros periodistas a los que se honra por méritos destacados de la obra de la vida, con la Orden Antonio Hurtado del Valle que otorga la Unión de Periodistas de Cuba, en la provincia de Cienfuegos. /Foto: Internet

Como era periodista y revolucionario, y quien lo es, lo es en toda circunstancia y lugar, Antonio Hurtado del Valle llevó a la reunión de alzamiento de patriotas villareños, su sable de guerra y las armas de su profesión: lápices, plumas, papel, tinta, y una imprenta portátil. Fue entonces que el General Federico Fernández-Cavada, designado jefe de las fuerzas mambisas de Cienfuegos y Trinidad, le asignó la responsabilidad de fundar y dirigir un periódico guerrillero.

Lo llamaron La Estrella de Jagua y se editó en la manigua, al compás de las marchas y combates en los que él también participaba como combatiente de filas. Así ganó los grados de Comandante. El periódico llegaba a las guerrillas del Ejército Libertador en la región sur-central de la Isla; llevaba orientaciones a los jefes, reportajes de las acciones más importantes, y hasta una cartilla para alfabetizar. Las tomas por los mambises de las ciudades de Cienfuegos y Trinidad, a fines de 1869, publicadas en La Estrella de Jagua fueron reproducidas por la prensa internacional.

Antonio Hurtado del Valle era poeta, periodista y guerrillero mambí, y eso se reflejaba en el diario. Nació de padres campesinos pobres, en Cienfuegos, pero a sus 18 años ya era periodista autodidacta y escribía en La Hoja Económica, el primer periódico cienfueguero publicado en imprenta en esta ciudad. Además, fundó otro rotativo sureño: El Damují, antes de incorporarse a la guerra, en 1868, desde sus páginas agitó el independentismo, motivo que provocó la clausura del medio. Hurtado del Valle fue perseguido por el mismo motivo, pero como las ideas no se clausuran, el 7 de febrero del año siguiente estaba en el alzamiento de los villareños, con su sable y su imprenta portátil.

Hacia 1875, muertos ya los Generales Federico y Adolfo Fernández-Cavada, Hurtado marchó con las tropas villareñas que estaban sin armas hacia Camagüey, a reforzar allí a los insurrectos. El Gobierno de Cuba en Armas le encomienda la Secretaría del Interior, primero, y la de Relaciones Exteriores, después. Le asignan la misión de ir a México a conseguir armas para la guerra, pero por imperativos por éstas no pudo salir a esa misión.

Máximo Gómez decide la recuperación de Las Villas para ejecutar su plan de Invasión a Occidente, y Hurtado escribe entonces su canto guerrero ¡A Las Villas!, que se convierte en el Himno de la Invasión. Pero su autor no volverá a ver a su ciudad natal ni a sus montañas del Escambray, entonces llamadas de La Siguanea, porque en camino hacia Las Villas, por las llanuras camagüeyanas sufrirá fiebres; durante días y noches, extenuado, famélico, hambreado, añorará las salutíferas montañas y los hermosos paisajes marítimos de su Cienfuegos natal, pero no llegará a verlos. El 7 de junio de 1875 cayó muerto de su caballo. Será enterrado en lugar ignoto de esa llanura, como tantos otros héroes y mártires cubanos, pero su memoria perdura y se hace historia presente en nuestros periodistas a los que se honra por méritos destacados de la obra de la vida, con la Orden “Antonio Hurtado del Valle” que otorga la organización periodística, la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) en la provincia de Cienfuegos. Este redactor fue el primero en recibirla en la provincia en 2008.

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