Aniversario 82 del natalicio de aquel que con su sangre escribió: Fidel

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Sepelio del joven cienfueguero Eduardo García Delgado. Sobre su féretro, la bandera y un fragmento recortado de la puerta sobre la que escribió con su sangre el nombre de Fidel.
Sepelio del joven cienfueguero Eduardo García Delgado. Sobre su féretro, la bandera y un fragmento recortado de la puerta sobre la que escribió con su sangre el nombre de Fidel.

Recordamos este 13 de octubre el nacimiento, en 1935, en un hogar humilde en las inmediaciones de la Base Naval de Cayo Loco, en Cienfuegos, de Eduardo García Delgado. Allí estaba la casita en que vivieron sus padres, Ángel García y María Delgado, y sus otros ocho hermanos: siete varones y dos hembras. Eduardo, que era el menor de todos, fue el primero en morir. Tenía entonces apenas 25 años.

Como la situación económica era difícil, él y uno de sus hermanos mayores, Osiris, debieron irse a probar suerte en la capital para intentar ayudar a la economía familiar, porque en Cienfuegos no había trabajo, no había fábricas grandes, solo los llamados “chinchales” de elaboración casera de distintos productos: tabacos, escobas de guano, caramelos, sombreros, ropa, calzado criollo, chancletas de palo, algunos talleres de mecánica, de fundición, y eso sí muchas tiendas de comestibles, ropa y otros productos, farmacias, y el trabajo de la agricultura mal pagado, esa era la principal economía cienfueguera. Porque las compañías eléctrica, de teléfonos, combustibles y el transporte estaba en manos norteamericanas que tenían sus empleados de élite fijos de muchos años, así que para la mayoría de las familias cienfuegueras era difícil ganarse el sustento de una familia numerosa. Por eso los jóvenes iban a La Habana en busca de otras oportunidades. Allá trabajaron él y su hermano en cualquier cosa que se presentara. Entonces, triunfó la Revolución.

Cándida, una de las hermanas de Eduardo, recuerda que por esos días él le escribió: “Mi hermana, tu verás que ahora todo va a cambiar, porque Fidel dice que esta Revolución es para los pobres”. Y para defenderla, Eduardo se unió a las Milicias Nacionales Revolucionarias en 1959, y poco después lo enviaron a la Escuela de Instructores Revolucionarios. Como allí leía la prensa y la comentaba con sus compañeros, empezaron a llamarlo “El Profe”. Luego fue a la Escuela de Artillería y se graduó de operador de antiaéreas. Lo nombraron Instructor Político de la esa arma en el campamento habanero de Ciudad Libertad.

Fue entonces que llegó el trágico amanecer de aquel 15 de abril de 1961. La noche del día 14 Eduardo debió salir de pase de la escuela, pero uno de sus compañeros, de apellido Gándara, le pidió que se quedara por él para poder darle una vuelta a su esposa y a su hija que estaba enferma. Eduardo, que era un excelente amigo, lo complació y le cambió el pase. Por eso dormía esa noche en una de las barracas cercanas a la pista de aviación bombardeada por aparatos B-26 de Estados Unidos con las insignias cubanas pintadas en sus alas y cola, para destruir nuestros aviones en tierra. Era el preludio de la agresión mercenaria por la bahía de Cochinos, y del desembarco por Playa Larga y Playa Girón dos días después.

Al despertar con la explosión de las bombas y el ametrallamiento, Eduardo intentó salir a ocupar su puesto en las baterías antiaéreas, conocidas por “cuatro bocas” por contar con igual número de tubos de fuego. Un pase de ametralladora calibre 50 de uno de los aviones agresores lo hiere en el segundo piso del edificio acribillado por las balas, mientras intentaba llegar hasta su metralleta. Luego un rocket lo alcanzó hiriéndolo de muerte. Le faltaban aún seis meses para cumplir sus 26 años de edad.

Con la sangre que manaba de sus graves heridas, antes de exhalar el último aliento, Eduardo García Delgado atinó a escribir con sus dedos empapados de sangre generosa, un nombre muy querido para él: Fidel.

Luego el Poeta Nacional Nicolás Guillén eternizaría aquel gesto de amor y fe en el poema La sangre numerosa, cuyo primer verso dice: Cuando con sangre escribe: Fidel / ese soldado que por la Patria muere / no digáis miserere: / Esa sangre es símbolo / de la Patria que vive.

Así resulta con todos los héroes y mártires de la Patria: se les recuerda eternamente y se les quiere con agradecimiento y emoción.

Bajo las mismas palmas que aún exhiben impactos de la embestida de los B-26 de EE.UU., en 2011 fue develada en Ciudad Libertad esta tarja en memoria de Eduardo García Delgado. /Foto: ACN

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