Aniversario 110 de la muerte de Leonor Pérez, madre de Martí

Se conmemora también el 64 de la ejecución en la silla eléctrica de los esposos Rosenberg

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En un parque de Santa Cruz de Tenerife, isla donde había nacido Doña Leonor el 17 de diciembre de 1828, se recuerda a la madre del Apóstol de la Independencia de Cuba con un busto y una placa colocados por la asociación de amistad canario cubana José Martí.
En un parque de Santa Cruz de Tenerife, isla donde había nacido Doña Leonor el 17 de diciembre de 1828, se recuerda a la madre del Apóstol de la Independencia de Cuba con un busto y una placa colocados por la asociación de amistad canario cubana José Martí.

A  las 5:30 de la tarde del 19 de junio de 1907, sentada en una amplia poltrona de la sala de la casa de su hija Amelia, serenamente, quedó dormida para siempre  Doña Leonor Pérez, madre del Héroe Nacional cubano, José Martí.

Había cumplido 78 años y pasaba mucho tiempo absorta en sus meditaciones, en los recuerdos de su amado “Pepe”.

Viuda, casi completamente ciega, sin recursos, desamparada totalmente de toda ayuda oficial, Doña Leonor fue a vivir al amparo de su hija Amelia, en la calle Consulado, en La Habana. Nunca recibió amparo alguno de la República que su hijo concibió para los cubanos, y ella, mujer de entereza y rebeldía, creadora con su esposo de una familia de muchos vástagos virtuosos, casi todas hembras, nada reclamó.

Tres de sus hijas, las queridas hermanas de José Martí, Antonia, Carmen y Leonor, fallecieron antes. También la anciana perdió a varios de sus nietos, por las duras condiciones de la vida austera de toda la familia. ¡Qué República era aquella! que no protegía ni auxiliaba a los fundadores de la Patria. ¡En qué la habían convertido todos los que traicionaron los ideales martianos!

Por si fueran pocos los sufrimientos familiares, tuvo que padecer las intrigas y traición del primer Presidente, Don Tomás Estrada Palma, que fiel al mandato del gobierno norteamericano, y para facilitarle las cosas, disolvió el Partido de Martí, desarmó al Ejército Libertador y entregó la Isla a la voracidad de sus ocupantes.

Sólo al morir Doña Leonor, el Gobierno Interventor norteamericano publicó una insincera nota necrológica firmada por Charles Magoon, dispuso guardar duelo oficial y ser sepultada a cuenta del Ayuntamiento habanero. Fue un pomposo sepelio que contrastó con la miseria en que vivió durante sus últimos años.

El pueblo habanero sí mostró sincera congoja y expresó su disgusto por la presencia de mister Magoon y tanto politiquero corrupto en las exeguias de la madre del más fecundo lider revolucionario y antiimperialista cubano.

ABOMINABLE CRIMEN

Coincide la fecha del 19 de junio con otra expresión del cinismo de un gobierno norteamericano, esta vez en 1953: la ejecución en Estados Unidos de los esposos Rosenberg.

Manifestación en apoyo a los esposos Rosenberg.
Manifestación en apoyo a los esposos Rosenberg.

¿Cómo imaginar los últimos momentos de dolor de esta pareja inocente de los cargos de espionaje nuclear que le fueron imputados durante la cacería de brujas en EE.UU.?

¿Pensarían en sus dos hijos pequeños que dejaban desamparados?  ¿Pensarian en la propuesta del gobierno de perdonarlos si aceptaban declararse culpables?  A esta desleal oferta ellos alegaron: “Eso es pagar un precio muy alto, incluso por el inapreciable don de la vida, porque una vida así comprada no la podriamos vivir con dignidad y respeto: somos inocentes y seremos reivindicados por la historia”.

Así ha sido. Aunque también sus hijos tuvieron que pagar por el odio acumulado entre la población norteamericana: los niños, de seis y diez años de edad, fueron expulsados de su escuela, después de sufrir las vejaciones de sus compañeros de aula y de escuela, tuvieron que cambiarse el apellido y fueron al fin acogidos por una familia bondadosa.

En el cincuentenario de la ejecución de los esposos Rosenberg, el periódico The New York Times escribió: “Perturba aún la historia estadounidense recordar la cruel injusticia que puede cometer una nación cuando se entrampa en la historia”. Lo más grave es que “la historia se continúa repitiendo”.

¡Ahh, qué dos historias dolientes recordamos en este día!

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