Ampliar el zoom de una mirada | 5 de Septiembre.
lun. Jul 15th, 2019

Ampliar el zoom de una mirada

Una espectacular vista se aprecia desde los más altos edificios del reparto Pastorita, ese vecindario en el que moraban los trabajadores de casi toda la zona industrial de Cienfuegos, otrora orgullo de esta urbe. La bahía de bolsa, enorme; el puerto pesquero, la Refinería, el embarque de azúcar a granel, la termoeléctrica con sus torres rojiblancas; toda la parte histórica de la ciudad con el parque Martí como centro, las cúpulas, los cruceros, la Punta… Pero cuando la mirada aterriza en tierra, el panorama es bien distinto, créame.

El primer punto, en mi caso, choca con un supiadero, esa ¿solución? para acopiar los desechos sólidos de los habitantes de la barriada, que se ha tornado en “esparcidor de basuras”. Sucede, que como resultado de un “cajón de aire” que se crea con la ubicación de tres edificios de 18, 8 y cinco plantas, los papeles y desechos ligeros salen volando en todas direcciones. Y ¿qué decir de las jabitas, esos “monstruos” que no se degradan y viven más que los humanos? Pues de jabitas volando se ha llenado el entorno del barrio de Pastorita, que lo afean y ensucian. Es preciso encontrar solución a un fenómeno que va in crescendo y que es preciso parar.

Se me ocurre proponer el diseño de una política pública, enfocada en dar respuesta a esta preocupación que no es solo mía, sino de la mayoría de los habitantes de esta zona residencial, que fuera creada con los aires de Revolución nueva y por idea de Pastora Núñez, a inicio de los años 60. Este proyecto, incluiría, en primerísimo lugar, la educación y concientización en materia de educación ambiental a los moradores de la barriada, porque hasta para botar la basura se necesita ser y estar educado. Quién sabe y algún sociólogo, máster o doctor, de esos que gradúa nuestra prestigiosa Universidad, que por cierto está ubicada en este mismo entorno, se anime en desarrollarlo.

Pero volvamos a los supiaderos. Cuánto me gustaría estrechar la diestra de aquel a quien se le ocurrió la idea de plantar los engendros de marras en un reparto de edificios; que lejos de ayudar a sanear el entorno y controlar los desechos, ha provocado el efecto contrario. Pero ya ha pasado mucho tiempo, demasiado, porque en más de quince años de la “incompleta” solución, alguna autoridad sanitaria o administrativa debió caer en cuenta que no es viable.

Claro, toda la culpa no es del creador, porque en honor a la verdad “Comunales” recoge la basura y deja limpios los supiaderos a diario. La indisciplina social también ha puesto lo suyo en exacerbar el fenómeno que hoy, para tristeza de quienes convivimos en el barrio, lo vemos convertirse en un basurero público. Las excrecencias íntimas vuelan, en medio del supiadero se develan los más escondidos secretos, notas, cuentas de la electricidad y del teléfono, papeles de todo tipo y los desechos más insospechados. Otros no vuelan, pero entorpecen las labores de recogida, y son los escombros y residuos de construcción, para los que ahora se han instalado colectores especiales. Ni hablar de los buzos, porque la sensibilidad duele y magulla.

Algunos vecinos ni se acercan siquiera a los sitios de recogida, y lanzan desde los apartamentos la jaba, o sencillamente la dejan en las escaleras o pasillos a la espera de que otro las recoja o se descomponga en el lugar. Cuán útil fuera contar con un antropólogo de desechos en Pastorita, buscando por algún indicioa quién pertenece y obligándolo luego a hacer guardia en el supiadero por todo un mes. Sí, porque de eso está carente esta sociedad, de medidas punitivas fuertes que castiguen al indolentey al mal educado, ese que afecta, incluso, la salud de su propia gente.

He escuchado que se efectuará un procesode “fortalecimiento” del Consejo Popular al cual pertenece esta vecindad, que supone reparaciones de edificaciones, de la hidráulica, viales, pintura de exteriores, y que quizá se ubiquen tanques colectores y la situación cambie. Pero deberá ser urgente, muy urgente, para que Pastorita vuelva a ser esa barriada limpia y tranquila, de olor a café en las mañanas y sin basura, que tiene ahora un magnífico transporte urbano, pero pendiente la educación ambiental y sanitaria.

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