¿Amores sin permiso?

El reconocimiento legal de las uniones consensual y civil entre personas del mismo sexo, es una demanda constante de la comunidad LGBTI. ¿Qué nos impide avanzar hacia ese estadio?

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A sus 34 años, Sandor es un hombre “felizmente” casado. El 14 de febrero de este año oficializó su romance con el ciudadano estadounidense Robert Husted, en una ceremonia privada que celebraron junto a parientes y amigos en Miami, donde ambos residen. Pero el sueño de Sandor, oriundo del poblado de Cartagena, del municipio cienfueguero de Rodas, en realidad no se cumplió del todo.

“¿Sabes?, en mi boda faltó la persona más importante… mi madre. Ni mi hermano ni ninguno de mis grandes amigos pudieron acompañarme. Estaban en Cuba; era un extraño en mi propio matrimonio”.

No es su caso, sin embargo, una trama sin desenlace como la que abruma a varias parejas homosexuales de la Isla, a la espera de ese suceso que será, ¿algún día?, el reconocimiento legal a las uniones consensual y civil entre personas del mismo sexo.

La comunidad cubana de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales (LGBTI), comprende que no se trata de “coser y cantar”, pero tras más de una década pujando por la reinvindicación de sus derechos, ¿por qué no hemos ido más lejos?

“Aunque el amor no necesita fortalecerse con papeles, los seres humanos siempre tienen la ilusión del matrimonio, alega Sandor. Ojalá sea posible en mi país; volvería a casarme con mi esposo allá, para tener todo de lo que tuve que privarme la primera vez”.

MÁS QUE UN DESEO

Para el colectivo LGBTI en Cuba, casarse no solo responde al anhelo de vivir ese instante agraciado. Supone el reconocimiento pleno de sus derechos, en pos de una sociedad más justa y equitativa.

Alain Darcout Rodríguez, especialista del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), lo asume parte de las luchas por la dignidad humana, fomentadas históricamente por causas progresistas. “Promoverlos y garantizarlos con una discusión a fondo estimulará la construcción de condiciones de igualdad y libertad en el respeto a las diferencias, así como el fomento de una cultura de paz. Además, incidirá, de forma determinante, en el diseño y ejecución de políticas públicas que aseguren no solo los derechos de las mujeres y sexualidades diversas, sino la conciencia y sensibilización social en provecho de una ciudadanía emancipadora”.

El vigente Código de Familia, al reconocer al matrimonio como institución, lo limita a “la unión voluntariamente concertada entre un hombre y una mujer con aptitud legal para ello, a fin de hacer vida en común”. Esta prerrogativa entraña no pocos inconvenientes para las parejas homosexuales, obligadas a cuidar de sus relaciones sin ningún amparo legal que las proteja.

Así lo siente Isabel, quien desde hace cuatro años comparte su vida con otra fémina y desea el matrimonio para “tener una relación más seria, con las mismas oportunidades para mi pareja. Muchas personas —dice— sufren el no poder casarse: viven toda una vida, construyen juntos un hogar, y luego, ante cualquier situación, uno intenta apoderarse de los bienes, o la familia quiere sacarte de la casa”.

Tales realidades no escapan a la mirada de quienes perciben que los tiempos han cambiado y se imponen nuevas legislaciones, con implicaciones en varias esferas, incluida la judicial.

Ignerys Ramírez Gómez, fiscal jefa de Protección a la Familia y Asuntos Jurisdiccionales en Cienfuegos, lo considera “algo complejo, porque no solo tendría un impacto en la relación de ese tipo de pareja. Lleva a la asociación testamentaria, afectaría el régimen de adopción de niñas y niños por el matrimonio; es decir, una serie de cosas que van mucho más allá”.

No obstante —aseguró la funcionaria—, “existe voluntad política, ahora más que nunca, en relación con la diversidad y los derechos de las personas de distintas preferencias a no ser discriminadas por su condición sexual ni nada similar. Hoy se emprenden muchas acciones, se trabaja en un proyecto de modificación, pero hasta ahí… Jurídicamente todavía no hay nada establecido”.

La suerte de los aplazados reclamos de la comunidad LGBTI en el país, se dirime actualmente entre los que abogan por no ser tratados como “ciudadanos de segunda clase” y los que cuestionan, con agudeza, qué posicionamiento ético, dentro del sistema socialista cubano, justifica políticas inclusivas para unos sí y para otros no.

Ellas no sienten pena, ¿deberían?

¡NI PA’ CUANDO!

El surgimiento del Cenesex, hace 30 años, encaminó de manera concreta varias demandas de la comunidad cubana LGBTI. Bajo su luz fue despenalizada la homosexualidad en tanto escándalo público, aparecieron las Jornadas Contra la Homofobia y Transfobia y se reconoció la igualdad en el trabajo sin discriminación por orientación sexual. Pero aquella, la de mayor valor simbólico, duerme sobre una almohada de prejuicios y negativas.

Desde la propia instancia nacional se advierten varios retos a enfrentar por una sociedad machista poco erosionada, pese a los avances en torno a la igualdad de la mujer. “El doble discurso (entre lo políticamente correcto y su endosexualidad) y las resistencias de todo tipo (oficiales y sociales), interfieren en el acceso a las vías más expeditas de instrucción y divulgación, en aras de generar una cultura de respeto a la diversidad, de mayor equidad y justicia social”, señala Darcout Rodríguez.

La desgastante lucha por el reconocimiento de las uniones consensual y civil entre personas del mismo sexo, ha generado, en algunos casos, actitudes de desaliento ante campañas que califican “en vano”.

Sandor, por ejemplo, opina que las acciones promovidas por el Cenesex “no tiene ningún resultado. Salen y dicen lo del ‘17 de mayo’, realizan paneles, debaten una y otra vez el tema, pero nunca ofrecen una respuesta concreta. Todavía deben cambiar los conceptos y formas de ver las cosas para que algo así sea aprobado”.

“Es cierto, las personas se desilusionan, se cansan, pero nada ocurre de hoy para mañana, comenta Olimpia Díaz Borges, coordinadora del Proyecto Fénix, dirigido a mujeres lesbianas y bisexuales en Cienfuegos. Yo les doy ánimo, porque si al final, ya lo discutimos a nivel de país, ya sale hasta por la televisión y se habla más claro sin los miedos de antaño, podemos entonces llegar a las leyes. Lo importante es guardar paciencia y seguir haciendo coro”.

Hoy día el matrimonio homosexual rige en 25 naciones del mundo, no siempre con la ponderada aprobación popular. Sin embargo, en Cuba se extiende la creencia —con tufillo machista y retrógrado— de que la sociedad necesita estar preparada para asumir una lesgilación, sin lugar a dudas, transgresora.

“En materia de derechos humanos constituye un absurdo jurídico y un sinsentido ético promover este tipo de argumentos, subraya Darcout Rodríguez, con títulos de máster en Sexualidad y Psiquiatría Social.

“¿Necesitó la sociedad cubana estar preparada para proscribir la desigualdad y la discriminación por el color de la piel? ¿Hubo que preguntarles a los blancos si estaban de acuerdo con que los negros y mestizos tuvieran los mismos derechos? ¿Necesitó la sociedad cubana estar preparada para avanzar legalmente en la equidad de géneros? ¿Hubo que preguntarles a los hombres si aceptaban que las mujeres tuvieran los mismos derechos?…”.

Desde el punto de vista judicial “no es tan fácil, sostiene la fiscal jefa de Protección a la Familia y Asuntos Jurisdiccionales en esta provincia. A mi modo de ver, inciden más las implicaciones en lo jurídico que los prejuicios imperantes, pues en otros asuntos paralelos se avanza y ello favorecerá cualquier decisión en el futuro”.

El precio de la diferencia, ¿es el acoso?

PUESTA DEL SOL

Isabel no se cansa de decir que ella no pierde la esperanza de casarse con su compañera de vida. “Sería bueno para mí, y para todos. Lo que hace falta es que acaben de decidirlo; simplemente es decidirlo y ya”, afirma, con mirada deslumbrante, como si le obsequiaran en ese momento la exclusiva puesta del sol sobre la lastimada bahía cienfueguera.

La actual reforma constitucional iniciada en Cuba, aún en fase de elaboración, podría desempedrar las rutas que ahora mismo dilatan las legítimas aspiraciones, de justicia, de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales, advierte Mariela Castro Espín, directora del Cenesex, en declaraciones ofrecidas recientemente a medios de comunicación nacionales y extranjeros.

“En la Constitución hay un área sobre oportunidades, derechos, en los que también las personas LGBTI deben estar involucradas. No necesariamente las constituciones van a especificidades. Abren puertas para después dialogar en las modificaciones del sistema legislativo”.

Ella “abre el camino para que la población decida, agrega. Y si la población se prepara, se informa y se le da suficiente información, estaremos tomando las decisiones más revolucionarias, justas, que contemplen los derechos de todas las personas”.

Alain Darcout Rodríguez entiende que, mucho más allá del matrimonio igualitario, resulta necesario evolucionar hacia una mayor democratización, en términos de mecanismos de participación, control social y gestión de los servidores públicos. “Son parte de las carencias que como sociedad tenemos para lograr la integración de todas y todos sus habitantes, sin distinción alguna, con equidad real —no solo formal— y garantías que aseguren sus derechos: una vida digna y plena con la justicia social que predicamos”. Para el colectivo cubano LGBTI, nada es más urgente que esa condición prorrogada de su felicidad.

2 Comentarios

    • Le agradezco esa percepción, aunque esa valentía se traduce en responsabilidad social, un principio ético de la prensa. Saludos.

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