América Latina y el Caribe hoy: Desafíos de la opción progresista y revolucionaria (II Parte y Final)
mar. Jun 18th, 2019

América Latina y el Caribe hoy: Desafíos de la opción progresista y revolucionaria (Final)

Los ataques de los ejes imperiales contra Nicaragua y Venezuela son signos de desesperación para frenar, sofocar o aniquilar toda muestra de desarrollo verdaderamente humano./Foto: Tomada de Internet

Los ataques de los ejes imperiales contra Nicaragua y Venezuela son signos de desesperación para frenar, sofocar o aniquilar toda muestra de desarrollo verdaderamente humano./Foto: Tomada de Internet

Hoy, cuando los poderes se confabulan para hacer desaparecer el pensamiento progresista, revolucionario o simplemente contestatario a los designios imperiales, estos se movilizan en función de frenar, sofocar o  aniquilar toda muestra de desarrollo verdaderamente humano, anteponiéndose en todo su rigor el carácter deshumanizado y avasallante del imperio de la fuerza.

Ante los avances obtenidos por las izquierdas, el poder hegemónico comienza actuar contra ellas, en el 2002 el Gobierno de Hugo Rafael Chávez Frías tuvo que soportar un fallido golpe de Estado, es realmente desde el 2008 que se intensifican intentos no democráticos de acabar con los gobiernos progresistas, como fue el caso de Bolivia en el 2008, Honduras 2009, Ecuador 2010, y Paraguay 2012. Cuatro intentos de desestabilización, dos de ellos exitosos Honduras y Paraguay, todos contra gobiernos de izquierda.

La restauración conservadora

A partir del 2014 y aprovechando el cambio de ciclo económico, estos esfuerzos desarticulados de desestabilización se consolidan y conforman una verdadera “restauración conservadora”, con coaliciones de derecha nunca vistas, apoyo internacional, ilimitados recursos, financiamiento externo, etcétera.

La reacción se ha profundizado y ha perdido límites y escrúpulos, el acoso y boicot económico a Venezuela, como parte del golpe de Estado que se ha venido gestando, el golpe parlamentario en Brasil, y la judicialización de la política como lo demuestran los casos de Dilma y Lula en Brasil, Cristina en Argentina, y el vicepresidente Jorge Glas en Ecuador.

Los intentos para destruir UNASUR y neutralizar la CELAC, también son evidentes y no pocas veces, descarados. Ni hablar de lo que está sucediendo con el Mercosur.

Ejemplos de esta restauración conservadora los encontramos en la aplicación de la Doctrina Monroe como principio de la Política Exterior de los Estados Unidos que persigue como objetivo desestabilizar la Cuenca del Caribe, derrocar al presidente legitimo de Venezuela, elevar las tensiones con Cuba y Nicaragua, controlar el nuevo canal interoceánico, para ello cuentan con los golpes de Estados parlamentarios, la cooperación de los gobiernos títeres (Grupo de Lima) de las oligarquías internas, financiamientos externos para la realización de acciones contra los gobernantes, traiciones en los gobiernos de izquierda.

El papel de los monopolios mediáticos que realizan montajes para desinformar, alterar, inventar noticias para demonizar o satanizar a las izquierdas en el poder.

En Suramérica, en los actuales momentos, tan solo quedan tres gobiernos de corte progresista: Venezuela, Bolivia y Uruguay. Los eternos poderes que siempre dominaron a Latinoamérica, y que la sumieron en el atraso, desigualdad y subdesarrollo, regresan con sed de venganza, después de más de una década de continuas derrotas.

Los ejes de la estrategia de la restauración conservadora

La estrategia reaccionaria está articulada regionalmente y se fundamenta básicamente en dos ejes: El supuesto fracaso del modelo económico de izquierda y la pretendida falta de fuerza moral de los gobiernos progresistas.

Con respecto al primer eje, desde la segunda mitad del año 2014, debido a un entorno internacional adverso, toda la región sufrió una desaceleración económica que se convirtió en recesión en los dos últimos años, con tasas de crecimiento del 1.2, -0.2, -1.1, 1,1 y 1,2 por ciento para los años 2014, 2015, 2016, 2017 y 2018 respectivamente. Los resultados son dispares entre países y subregiones, reflejo de las diferentes estructuras económicas y políticas aplicadas, pero las dificultades económicas de países como Venezuela o Brasil son tomadas como ejemplo del fracaso del socialismo, cuando Uruguay, con un gobierno de izquierda, es el país más desarrollado al sur del Río Bravo, o cuando Bolivia tiene los mejores indicadores macroeconómicos del planeta.

En Ecuador, entre el 2007 al 2017 se duplicó el tamaño de su economía, su crecimiento económico fue mayor que el promedio de la región, y fue el país que más aumentó el ingreso de los pobres y también más disminuyó la brecha entre ricos y pobres, logrando que dos millones de personas salieran de la pobreza, esto es, una reducción de 12,5 por ciento.

El problema es que, para la gente común, poco importan estos análisis económicos. Ellos sólo sienten que en los últimos años sus negocios venden menos, es más difícil para sus hijos encontrar trabajo, ya no se incrementan sus ingresos al ritmo de antes. Esto lo explota muy bien la prensa especialista, no en informar, sino en manipular.

Una recesión continental, la asocian a las políticas económicas, no a las estructuras de nuestras economías, o en otros casos pretenden hacer creer que en pocos años se podían cambiar esas estructuras, y el no haberlo logrado, supuestamente es una muestra del “fracaso” de la izquierda. Mientras que a los gobiernos de derecha se les criticaba no haber hecho nada, a los gobiernos de izquierda se les critica no haber hecho todo.

El segundo eje de la nueva estrategia contra los gobiernos progresistas es el moral. El tema de la corrupción se ha convertido en la eficaz herramienta para destruir los procesos políticos nacional-populares en nuestra América. El caso emblemático es el de Brasil, donde una operación política muy bien articulada logró la destitución de Dilma Rousseff de la Presidencia, para luego demostrarse que no tenía nada que ver con las cuestiones que se le imputaban.

En Ecuador, se está siguiendo exactamente el mismo libreto con el vicepresidente de la República.

En esta estrategia de judicialización de la política se empieza primero con alguna acusación de mucho impacto y poco sustento; luego viene un bombardeo mediático que aniquile el apoyo que pueda tener la víctima escogida; y finalmente, el ser culpable o inocente será un detalle irrelevante para jueces presionados política y mediáticamente, que ya no buscan condenar por razones, sino razones para condenar, porque la sentencia condenatoria ya fue establecida por los medios y la “opinión pública”.

¿Quién puede estar contra una verdadera lucha contra la corrupción?, pero la supuesta lucha anticorrupción de la derecha y sus medios es absolutamente insincera, y tan solo un instrumento de ataque político, como lo fue en los noventa la lucha contra el narcotráfico, o en su momento la lucha contra el comunismo. Para una verdadera lucha contra la corrupción, bastaría, por ejemplo, prohibir los paraísos fiscales, por donde pasa prácticamente toda la corrupción.

Y por supuesto, el encuadre comunicacional es que la corrupción se da por culpa del Estado, que lo público, a diferencia de lo privado, es la fuente de los problemas. La realidad es que como en el caso Odebrecht, empresa constructora brasileña que creó toda una estructura de corrupción en 12 países, la corrupción en gran medida es promovida por el sector privado.

En resumen, se busca destruir no solo el modelo sino también los logros alcanzados por el progresismo, sobre la base de amplificar y generalizar, sobre todo a través de los medios de comunicación, problemas prácticamente ineludibles del ejercicio del poder.

¿La izquierda, víctima de su propio éxito?

La izquierda es también víctima de su propio éxito. Según el Consejo Económico para América Latina, (CEPAL) casi 94 millones de personas salieron de la pobreza y se incorporaron a la clase media regional durante la última década, en su inmensa mayoría fruto de las políticas de los gobiernos de izquierda.

En Brasil, 37.5 millones de personas dejaron de ser pobres entre 2003 y 2013, y ahora son de clase media, pero esos millones no fueron una fuerza movilizada cuando un Parlamento acusado de corrupción destituyó a Dilma Rousseff.

Tenemos personas que superaron la pobreza y que ahora –por lo que se llama muchas veces prosperidad objetiva y pobreza subjetiva- pese a que han mejorado muchísimo su nivel de ingreso, piden mucho más, y se sienten pobres no en referencia a lo que tienen, peor aún a lo que tenían, sino a lo que aspiran.

Esa nueva clase media que ha emergido fruto del éxito de las políticas económicas y sociales de la propia izquierda, necesitan un nuevo discurso y mensaje. Sus demandas no son solamente diferentes, sino incluso antagónicas a las de los pobres, y sucumben más fácilmente a los cantos de sirena de la derecha y su prensa, que les ofrece para todos un estilo de vida a lo New York.

La izquierda siempre ha luchado contracorriente, al menos en el mundo occidental. La pregunta es, ¿estará luchando contra la naturaleza humana?

En América Latina y el Caribe las democracias deberían llamarse democracias mediatizadas. Los medios de comunicación son un componente más importante en el proceso político que los partidos y sistemas electorales; se han convertido en los principales partidos de oposición de los gobiernos progresistas y son los verdaderos representantes del poder político empresarial y conservador.

No importa lo que convenga a las grandes mayorías, lo que se haya propuesto en la campaña electoral y lo que el pueblo, el mandante en toda democracia, haya ordenado en las urnas. Lo importante es lo que aprueben o desaprueben en sus titulares los medios de comunicación. Han sustituido al Estado de Derecho con el Estado de opinión.

¿Existe “desafío estratégico”?

La izquierda regional enfrenta los problemas de ejercer o haber ejercido el poder, frecuentemente de forma exitosa pero desgastante. Es imposible gobernar contentando a todo el mundo, más aún cuando se requiere tanta justicia social.

Cuando se es la izquierda del 3 por ciento en permanente oposición, sin vocación de poder, acostumbrada a protestar y no a proponer, no se entiende lo que es tener que gobernar en adversas situaciones económicas, o enfrentar traidores que sucumbieron ante la tentación del poder y el dinero.

Es claro que la única batalla que no puede perder un revolucionario es la batalla moral, pero un gobierno honesto no es el que nunca sufrió casos de corrupción, sino aquel que nunca los toleró. No comprender esto confunde a mucha militancia, y resta unidad y vigor a los movimientos progresistas, desmoralizándose ante el primer inconveniente, y muchas veces otorgándoles a los opositores una razón que nunca tuvieron.

Siempre hay que ser autocríticos, pero se trata también de tener fe en nosotros mismos. Los gobiernos progresistas están bajo constantes ataques, las élites y sus medios de comunicación no nos perdonan ningún error, buscan bajarnos la moral, hacernos dudar de nuestras convicciones, propuestas y objetivos.

Por ello, tal vez el mayor “desafío estratégico” de la izquierda latinoamericana, es entender que toda obra trascendental va a tener errores y contradictores, pero también, comprender que, en una fortaleza asediada, cualquier disidencia es traición.

“No hemos dado a nuestros procesos políticos un sentido coherente. No hemos alfabetizado políticamente a la gente”. Frei Beto (2019).

A partir de este análisis (Jorge Enrique Jerez en el artículo Zurdo más que diestro, Granma 15 marzo 2019) plantea entre otros elementos:

• Ha faltado una estrategia de educación política del pueblo y su consecuente organización y movilización. Los pueblos pasan factura si no se les alfabetiza políticamente.

• No mantenerse vinculado con las bases populares, es causa también del retroceso. Esa pérdida de contacto con las masas crea un vacío que ocupan fuerzas de derecha populistas. Hay que hacer política en las calles, mantener viva las fuerzas populares en la defensa de sus conquistas.

• Se necesita utilizar las tecnologías de la información y las comunicaciones (tic) pudiera ser una excelente vía para romper esquemas. Hay que cambiar el discurso y las formas de hacerlo, no puede ser el mismo que en décadas anteriores.

• Reconstruir la imagen de las izquierdas, respetar ante todo su pluralidad y reconfigurarlas más allá de un programa político.

• Reconstruir proyectos creativos. Crear proyectos políticos de largo plazo, porque las condiciones para la revoluciones siguen presentes en América Latina y el Caribe.

• Otro desafío está en consolidar la unidad, unidos se puede mucho, sin unión no se podrán alcanzar los objetivos supremos de América Latina y el Caribe.

América Latina y el Caribe es hoy escenario de persistentes amenazas, incompatibles con la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz firmada por los Jefes de Estado y Gobierno, en la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, en enero de 2014 en la Habana.

La actual administración estadounidense ha proclamado la vigencia de la Doctrina Monroe y en un nuevo despliegue de su política imperial en la región, amenaza con especial saña a Venezuela y declara disponer de “todas las opciones sobre la mesa” para después ir por Nicaragua y Cuba.

América Latina y el Caribe hoy: Desafíos de la opción progresista y revolucionaria (I Parte)

MSc. Carlos Miguel Valdés y MSc. Elieder Núñez García, profesores de la Escuela Provincial del PCC en Cienfuegos.

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