Alexander: alegre pero profundo

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Foto: Efraín Cedeño

Alexander Valdés Sosa apenas vive sus 26 años; tiene alma de joven, pero carácter de persona mayor, como quien actúa desde la reflexión y la exactitud que solo la experiencia puede regalarnos. Padre de dos hijos. Entusiasta, pero serio y, esencialmente, militar. Artista (aficionado o no, ¿qué importa?) de toda la vida. Actualmente se desempeña como político de una pequeña unidad de la Región Militar de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) en Cienfuegos.

A estas alturas no puedo definir si el primer teniente tomó este estilo de vida debido a su personalidad o si, por el contrario, el propio camino moldeó su comportamiento, lo definió como persona.

Alexander forma parte de la delegación cubana al XIX Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, Sochi, 2017. A propósito, me comenta: “Desde que lo supe, he pensado muchísimas cosas: en la situación internacional, en América Latina, en los países de la región devastados por los eventos meteorológicos recientes, en la solidaridad de los pueblos.

“Si tengo la oportunidad de intervenir, no olvidaré honrar a esas dos personalidades de nuestra historia a quienes se les dedica el Festival: nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y Ernesto Che Guevara, el Guerrillero Heroico, en el aniversario 50 de su caída en combate”.

Desde bien pequeño desarrolló sus aptitudes para la música; estudiaba violín por encuentros en la Escuela Vocacional de Arte Benny Moré. Según dice, también “se le cuela” a la percusión, canta, declama, actúa. A muy corta edad y sin antecedentes familiares, decidió su futuro inspirado en un spot televisivo.

“Se trató de un paso definitorio para mí, me di cuenta de que había una vida por la cual podía optar, aparte de la música; una vía de formación diferente a la de los demás niños, porque nos caracterizamos por la disciplina, por la pulcritud y eso para mí era bastante acogedor”

¿Y acaso no era difícil para tu corta edad?

“Sí, era difícil, en la vida afrontamos muchos retos, pero mis padres siempre me inculcaron que lo difícil te define y te hace sentirte orgulloso cuando logras superarlo”.

¿Cómo relacionas tu vida como militar con tus aptitudes artísticas?

“Gracias a la idea de Fidel, de que una Revolución solo puede ser hija de la cultura y de las ideas y la necesidad de masificar la cultura, tuve la oportunidad de vivir un momento en el cual las escuelas militares contaban con un movimiento cultural muy fuerte y luchábamos porque un ‘camilito’ fuera integral, con buena preparación militar, resultados académicos y participara en actividades deportivas y culturales.

“Por supuesto, siempre me incliné por la parte cultural, me adentré mucho más en el mundo del arte y en la escuela de cadetes (Interarmas de las FAR Antonio Maceo), un poco más adelante, llegamos a participar en festivales a nivel de Fuerzas Armadas, alcancé premios y primeros lugares, me di cuenta de que ambos intereses eran compatibles.

“Además, mi carrera de instructor político se relaciona mucho, pues nos dedicamos a organizar actos políticos y culturales, realizar censos de los artistas aficionados, dirigir los ensayos de los muchachos con cualidades artísticas, etc.”.

Seguramente nadie más como él puede combinar estas dos aptitudes: la sensibilidad que el arte requiere y la disciplina y el orden del contexto militar, sin olvidar tampoco sus “fundamentos de persona mayor”.

“El Che dijo que la juventud tenía que ser alegre, pero profunda. La esencia de mi trabajo es mantener motivado al personal, cumplir las misiones, por difíciles que sean, pero con entusiasmo, con alegría. Eso no excluye la responsabilidad; nuestras tareas conllevan un objetivo y debemos asumirlo con seriedad, pero así mismo podemos disfrutar, cantar, escuchar música, decir una consigna”.
Ni sus triunfos en el plano cultural ni sus distinciones en el cumplimiento del deber se igualan al amor que profesa por sus hijos. El primero de ellos le llegó en onceno grado, ya entonces con madurez suficiente para asumir la crianza y con el incondicional apoyo de sus padres, quienes se iniciaron también muy jóvenes (quince años) en el oficio de la paternidad.

“Mis hijos son mi meta. Como los tuve en la etapa estudiantil, eso me impidió pasar más tiempo junto a ellos. En la escuela de cadetes, por ejemplo, solo podía verlos cada dos o tres meses, por eso me reconfortaba tanto cuando me daban quejas de su comportamiento, porque significaba que me tenían en cuenta para su educación. Yo converso mucho con ellos y me he ganado su respeto y cariño”.

En su primer año de teniente, el ministro de las FAR, general de cuerpo de ejército Leopoldo Cintra Frías, conversó con él a propósito de una de sus distinciones Servicio Distinguido y le dijo que no se apresurara ni quemara etapas, sino que siguiera escalando poco a poco. Un consejo que él ha seguido al pie de la letra, pero ¿cuál es el próximo escalón? “Aspiro a ocupar el cargo de dirigente de la Juventud en la Región Militar, una tarea más seria”, me responde como si acaso él pudiera ser aún más serio.

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