Alejandro García Caturla: ingenio y fuerza telúrica de un músico singular (+ Video)

La ciudad de Remedios, en Villa Clara, se goza de haber dado cuna a uno de los más sobresalientes compositores cubanos de todos los tiempos: Alejandro García Caturla, considerado por Alejo Carpentier -su entrañable amigo- “el temperamento musical más rico y generoso que haya aparecido en la Isla”.

Nació el 7 de marzo de 1906. Allá, en una de las casas coloniales de la Octava Villa, sentado sobre las piernas de su nana negra —no alcanzaba el teclado— el pequeño Caturla reproducía las melodías que escuchaba. Luego, de joven, fue sumando conocimientos a la intuición, al participar en las fiestas rituales afrocubanas en su pueblo natal. Ya entonces no podía esconder su pasión por la música, lo que le propició aprender con facilidad la técnica del violín.

Su talento también se volcó sobre el aprendizaje de idiomas y la abogacía. Por complacer a su padre, estudió Leyes en la Universidad de La Habana, cursos que alternó con otros de armonía, contrapunto y fuga con el profesor Pedro San Juan. Fue en esa época que conoció al autor de El siglo de las luces, a quien le unió una indisoluble amistad. La revista Social publicó la partitura de su Danza lucumí, que luego formó parte del tríptico orquestal Tres Danzas Cubanas.

Al regresar a Remedios, tras graduarse de abogado en 1927 y animado por los mismos empeños musicales que movían a Carpentier y a Amadeo Roldán se dio a la tarea de fundar allá una Orquesta de Cámara. Lo empujaba el empeño de llevar adelante un nuevo modo de hacer música. Fruto también de su relación con Carpentier y otros miembros del Grupo Minorista fue su viaje a París, en junio de 1928, donde  estudió con Nadia Boulanger. De vuelta a Cuba, continuó su despliegue como compositor, al tiempo que ejercía su profesión.

UN TALENTO DESBORDANTE
Aunque solo vivió 34 años, Caturla dio muestras de una potencia creadora singular. /Foto: Internet.
Aunque solo vivió 34 años, Caturla dio muestras de una potencia creadora singular. /Foto: Internet.

Dotado de un talento desbordante para la composición, Caturla  dejó una obra que es referente de la música sinfónica en el continente americano. Piezas como Mi mamá no quiere que yo baile el son y Danza del tambor, han sido reconocidas dentro y fuera del país. Fue también director de orquesta, violinista y arreglista. Como pianista se inició tocando en una jazz band de la cual fue director; también hizo algunas presentaciones personales. Además, tocaba saxofón, clarinete y percusión.

Su voz de barítono se escuchó en algunos conciertos organizados por Ankerman y Lecuona. «Únicamente un genio puede componer así», afirmaría el  musicólogo Hilario González al referirse a su telúrica personalidad  y su ingenio.

Fue uno de los autores vitales en la esencia y expresión nacional durante el siglo XX, pues dejó piezas sinfónicas que rastrean y enriquecen el lenguaje de las raíces negras, españolas, populares y folklóricas del pueblo cubano. La Orquesta de Cámara fundada por él estrenó en abril de 1927 su Obertura cubana, obra enraizada en lo más puro de la música criolla, bajo el influjo de los minoristas con sus postulados renovadores.

Caturla ejerció asimismo como juez. Hombre refinado, de semblante irlandés, había sentido siempre una atracción poderosa por lo negro, lo cual le acarreó no pocas incomprensiones entre aquellos que abogaban por un folklore de sociedad.

A este notable músico le tocó vivir en una época marcada por la sociedad dividida en clases, a la cual se enfrentó todo el tiempo con singular coraje, el mismo con que encaró a las limitaciones reaccionarias. Se mostró siempre muy independiente en todos los actos de la vida. Hombre de un pensamiento avanzado, desafió los prejuicios burgueses de entonces y se casó con una mujer negra, a la cual amó con intensidad.

Cultivó el periodismo como cronista social y crítico de arte. En su legado se encuentran tratados sobre pedagogía musical y sobre la música nueva de aquel momento. Su preocupación por la justicia lo llevó a realizar significativos trabajos entre los que sobresale un ensayo sobre la delincuencia juvenil. Se desempeñó como juez en varios municipios, donde mantuvo una conducta intransigente en el ejercicio de la profesión.

El 12 de noviembre de 1940 marcó el ocaso de su efímera existencia. Ese día fue asesinado, a los 34 años de edad, por alguien a quien horas más tarde debía condenar.

“(…) Caturla dejó una obra considerable, sometida íntegramente a un mismo orden de preocupaciones: hallar una síntesis de todos los géneros musicales de la isla, dentro de una expresión propia.

“(…) Dotado de verdadero genio, su potencia creadora se manifestó desde la adolescencia en una serie de obras vehementes, dinámicas, incontrolables en su expresión como una fuerza telúrica”, expresaría Carpentier sobre el genial exponente de la música cubana.

Su arte es una síntesis de nacionalidad y universalidad, de tradición y actualidad. Mezcló con sabiduría los postulados de la vanguardia musical europea con los ritmos cubanos. Las obras sinfónicas de Caturla han sido ejecutadas por orquestas de renombre de varios países, bajo la dirección de prestigiosos directores.

Tres Danzas Cubana, Alejandro García Caturla

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Yudith Madrazo Sosa

Periodista y traductora, amante de las letras y soñadora empedernida.

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