Al plan de la economía ponle corazón

Como cada año, los cubanos asistimos al proceso de elaboración del plan anual y el presupuesto, el que de manera democrática se aprobará en diciembre en nuestra Asamblea Nacional del Poder Popular. Antes de llegar allí, el plan debió recorrer un amplio proceso de discusión con los trabajadores en cada centro laboral y con el pueblo en nuestras Asambleas Municipales del Poder Popular. Es que no solo las medidas de aislamiento por la COVID 19 que han afectado la participación de todos los trabajadores en el proceso de elaboración; ni los nuevos retos en la economía que impone su impacto para recuperarnos, resistir y desarrollarnos en un escenario más complejo, son obstáculos que deben ser superados hasta su aprobación. También están las viejas deficiencias y otros nuevos desafíos que deben enfrentarse antes de llegar a la meta; pero como dicen en mi barrio: ¡poniéndoles corazón!

En ese camino, el desconocimiento de estos pasos, así como el formalismo en los debates y su omisión negligente por empresarios y directivos de algunas entidades económicas, han conducido a que unos cuantos consideren la Planificación, una herramienta obsoleta e ineficaz. A esto se suman los que abogan por economías de mercados o modelos foráneos de desarrollo que nada tienen en común con nuestra realidad. De la misma forma, están los que han argumentado que: este es solo un método del socialismo. De solo escucharlos se concluye que los mal intencionados, los desinformados y los iletrados en el tema, cometen las mismas erratas.

También en su momento, los primeros planes de la economía en la URSS y su modelo socialista de desarrollo fueron objeto de ridiculización por parte de los países capitalistas de ayer y por los que hoy tratan de ocultar la proeza de la gran nación de los soviets y del socialismo. Mientras esto ocurría, hasta aproximadamente el año 1930, la mayoría de los políticos y economistas de los países capitalistas no consideraban necesario ninguna clase de planificación, pues confiaban en los mecanismos, las fuerzas internas y la solidez de su sistema. Pero llegó la Gran Depresión y puso en crisis al sistema capitalista mundial, atado a las fuerzas ciegas del mercado, a la inconsistente teoría burguesa y a su modelo que apostaba por limitar el papel del Estado en la vida económica de los países.

Por su parte los soviéticos, con el papel protagónico del Estado, demostraron la efectividad de la planificación, al convertir a la nación más atrasada de Europa y regida por sus despóticos Zares y Zarinas en una fortaleza industrial y militar; que jugó un papel decisivo en la derrota del fascismo, posibilitó erradicar la plaga del analfabetismo y propició un desarrollo científico técnico que le permitió neutralizar el chantaje atómico de los Estados Unidos y encabezar la carrera espacial, con el lanzamiento del primer satélite artificial al espacio. Entonces los países capitalistas, enfrentados a las crisis cíclicas del sistema, miraron hacia el campo socialista y comprobaron la necesidad de adecuar sus formulaciones y que sus economistas se ocuparan más en los elementos teóricos de la planificación.

En Cuba, aunque existieran experiencias aisladas en determinados sectores de la economía sobre el uso de la planificación, estos no eran efectivos a nivel de nación hasta el Triunfo de la Revolución. En 1961, antes de salir nuestros milicianos a combatir en las arenas de Playa Girón a los mercenarios de ayer y a sus pagadores de ayer y hoy; declarábamos el carácter socialista de la Revolución. En este sistema, como lo esbozara teóricamente Engels en su obra Anti–Dührin: “El proletariado toma el poder público y, por medio de él, convierte en propiedad pública los medios sociales de producción, que se le escapan de la mano a la burguesía. Con este acto, libera a los medios de producción de la condición de capital que hasta allí tenían y da a su carácter social plena libertad para imponerse. A partir de ahora, es ya posible una producción social con arreglo a un plan trazado de antemano”. Es por eso que en el año 1962 se declaró ¨Año de la Planificación¨ y a partir de ese momento, este método se convierte en uno de los rasgos distintivos de nuestro modelo económico. Su implementación ha constituido la principal herramienta económica y social para la construcción de nuestro proyecto social, mediante la elaboración de planes dirigidos a cumplir objetivos de futuro y que en el transcurso del tiempo ha perfeccionado sus instrumentales.

Con su declaración surgieron instituciones, así como métodos y estilos de trabajo que se han perfeccionado. Algunas jugaron un importante papel en su momento y desaparecieron como parte de dicho perfeccionamiento. Atrás quedaron la JUCEPLAN (Junta Central de Planificación) como órgano rector del Sistema de Planificación y sus dos tomos de la Metodología Típica para la elaboración de los planes de 1976, copia fiel de la aprobada en la URSS hacía diez años. Esta herramienta, en realidad no tenía errores conceptuales, o de contenido, pero respondían a otro contexto y presentaba problemas que llevaron a plantearnos la necesidad de un proceso de perfeccionamiento del Sistema de Planificación Cubano en los años 80 y su continuidad en los tiempos que corren.

Como parte de las transformaciones del nuevo modelo económico y social que implementamos por voluntad de la mayoría de los cubanos, se han formulado y aprobado la Conceptualización del Modelo Económico y Social de Desarrollo Socialista y se aprobó una nueva Carta Magna que refrenda el carácter irrevocable del socialismo en Cuba. Estas han permitido contar con un Plan de Desarrollo Económico y Social hasta el año 2030, el que representa un hito en la planificación y en el que se asumen nuevos retos, no en solo cuanto a la forma de elaboración con la disminución del número de indicadores o en cuanto al análisis de la integralidad y eficiencia del proceso de planificación de las inversiones, entre otros muchos de índole metodológica; sino que se asume el reto que imponen la flexibilización de las facultades otorgadas al sistema empresarial cubano y por otra parte, la aprobación hasta la fecha de más de un centenar de CNA (Cooperativas No Agropecuarias) y MIPYMES (Micro, Pequeñas y Medianas Empresa). Estas últimas, no solo pertenecientes a la ¨tradicional¨ propiedad estatal, sino que se incorporan empresas de propiedad privada y mixta. En ninguna de ellas se desconoce la participación de sus trabajadores y han requerido una mirada diferente en la planificación.

A lo anterior deben añadirse las facultades otorgadas a los municipios y su papel protagónico en el desarrollo de la nación. En este contexto, resulta significativo la implementación de las Estrategias de Desarrollo Municipal como herramienta de Planificación, las que deben fluir en y a través de diferentes áreas de la actividad económica que requieren gestión del conocimiento para su implementación. La economía circular con sus 3R (tres erres); la economía verde que apuesta por el desarrollo sostenible; las economías creativas o economías naranjas con sus industrias culturales creativas y Ciudades Creativas; la economía de conglomerados con sus clústeres y encadenamientos productivos; la economía azul; la economía social y solidaria o la sustitución de importaciones; por solo citar ejemplos, no pueden ser un simple esnobismo o una moda en el uso de los términos. Todas ellas tienen un caudal de conocimientos de las ciencias económicas que deben ser estudiadas a profundidad y requieren ser implementadas a nivel local.

Por otra parte, estas estrategias deben ser de dominio, no solo de los especialistas que participan en su formulación. También las autoridades encargadas de su conducción y los pobladores que las aprueban, controlan y evalúan deben dominarlas y reconocerse en ellas. Entonces no hay cabida para el formalismo; porque no basta con adoptarse como acuerdo de las Asambleas. Tiene que existir la participación de la que hablaba nuestro Presidente Díaz Canel cuando decía: no vamos a intervenir en los barrios, vamos a apoyar a los barrios, vamos a preguntarle a los pobladores que es lo que quieren que se ejecute en cada lugar. Esto también debe estar en las estrategias y en los planes, los que deben hacerse con los pies y los oídos puestos en la tierra y no encaramados en las nubes; sabiendo que existen algunos deseos y sueños que tendremos que posponer, no por falta de voluntad, sino porque existe un vecino que no quiere vernos hacer nuestra voluntad ante sus propias narices a solo 90 millas.

Pero esto también debe ser discutido en cada pedacito de tierra con el soberano, en busca de dar solución a las necesidades que beneficien a la mayoría con los mismos recursos y poniéndole corazón a la estrategia de mediano y largo plazo y al plan de la economía de corto plazo, al igual que a su posterior puesta en marcha, control y evaluación.

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Andrés Martínez Ravelo

Ingeniero civil. Miembro distinguido de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba.

Un Comentario en “Al plan de la economía ponle corazón

  • el 25 octubre, 2021 a las 7:12 pm
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    Muy actual y esclarecedor. Espero que quienes lo lean comprendan la necesidad de conocer porque es imprescindible la planificación de la economía, sobre todo para un país bloqueado cómo el nuestro.

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