Aguas pasadas, las regatas… de Cienfuegos

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A diferencia de otras disciplinas como el béisbol o el fútbol, el remo nunca perdió el ímpetu ganador. Lo que perdió igual que aquellas fue el espectáculo, el 'imán' para atraer público. /Foto: Aslam Castellón
A diferencia de otras disciplinas como el béisbol o el fútbol, el remo nunca perdió el ímpetu ganador. Lo que perdió igual que aquellas fue el espectáculo, el 'imán' para atraer público. /Foto: Aslam Castellón

Con muy poco protagónico en la cotidianidad de la urbe celebra Cienfuegos, hasta hoy, las regatas de remos de los Juegos Escolares Nacionales y Juveniles. Ya casi nadie se entera (salvo, por supuesto, los atletas, sus entrenadores, padres, madres, novios, novias, etc.) pues, a pesar de tratarse de uno de los deportes más competitivos de la provincia en todas las categorías, aquello de “espectáculo” cayó en letra muerta.

Antes, el solo anuncio del evento constituía motivo de festejos: el malecón se llenaba de kioskos, ofertas gastronómicas, bebidas (incluso alcohólicas), verbenas… Antes, para los atletas el principal síntoma de cansancio era dejar de escuchar la algarabía del público aupándolos a lo lejos. Antes, hace apenas unas décadas, se vivía y se intencionaba la tradición.

Hoy, solo el golpeo de paletas contra el agua o el ruido de la lancha auxiliar rompen el silencio que acompaña a los muchachos desde la salida. Hoy, como espectador, el simple intento de hidratarse en las inmediaciones del escenario de rivalidades es un mayúsculo acto de supervivencia. Hoy, cuando la “fiesta” del verano ya es una realidad, el diseño del territorio en lo deportivo se limita a profesores, pelotas y juegos pasivos en los balnearios. Hoy, cuando el rigor el clima deviene excusa perfecta para tamaños descuidos, en honor a la verdad, el binomio regatas e “identidad” yace en un discurso autómata ignorado en la práctica y resucitado en teoría para no asumir que vivimos de espaldas al mar.

A diferencia de otras disciplinas como el béisbol o el fútbol, el remo nunca perdió el ímpetu ganador. Unas 35 regatas se han celebrado en el país en la categoría Escolar y los nuestros conquistaron 18 de ellas. Eslabonaron diez al hilo en los años 80 y en la actualidad andan cerca de igualar la hazaña: esta podría ser la novena para los pequeñines, mientras los Juveniles sumarían la octava consecutiva. Por si no bastara, el curso anterior trascendió como perfecto para los sureños, al imponerse en todos los torneos en disputa.

“Cienfuegos es una plaza tradicional del deporte”, reconoce el comisionado nacional Ángel Luis García Fidalgo. Incluso esta edición cuenta con participación extranjera, mediante el Club Alemán de regatas Antares, de México: “vinimos porque es un torneo muy grande y nos sirve para prepararnos, señalaba su coach Raymundo Ríos. Además, esta es una pista excelente, la verdad”.

De las aspiraciones de los atletas de casa no resta mucho por añadir: “queremos la mayoría de las medallas de oro en ambas categorías y repetir el año perfecto, confirmaba Juan Alfonso Armenteros, al frente de la disciplina en la Perla del Sur. Hasta hoy nos van bien las cosas… En el acápite deportivo, ya pusimos nuestra parte”.

Sin embargo, pocos reparan en aquellos botes y sus tripulantes que, por estas mañanas, dinamizan el tranquilo paisaje del Malecón. Los locales son favoritos y todos pujan por destronarlos; pero las regatas ya no son un espectáculo para la ciudad, o al menos no se asumen ni priorizan como tal; aunque  sus protagonistas insistan en dar de qué hablar.

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