Adrián Gacell, creador constante

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El músico cienfueguero junto a su Proyecto Maracá, en espectáculo celebrado en el teatro Tomás Terry./ Foto: Julio Martínez

Adrián Gacell es el nombre artístico del creador cienfueguero Adrián González Díaz, cuyos veinte años de trayectoria artística fueran celebrados en concierto que tuvo por sede el escenario principal del teatro Tomás Terry.

Tal tiempo en la música operó como motivo de una entrevista con 5 de Septiembre, en la cual él recuerda sus inicios en la Casa de Cultura Benjamín Duarte “donde par de décadas atrás debuté en un taller de canto impartido por el profesor Gonzalo Bermúdez, director de Ismaelillo, quien vio posibilidades en mí y me hace solista de una de las generaciones del colectivo, en el cual sin embargo permanezco poco tiempo. Más tarde, realicé una audición en el entonces Centro de la Música de Cienfuegos y a partir de ahí comienzo una carrera llena de satisfacciones”.

Antes de llegar al actual momento, el músico fue cantante solista de shows de hoteles y ha pisado disímiles escenarios de casi toda Cuba y por supuesto de Cienfuegos (incluidas las pistas de baile de los barrios; de tal que conoce el pulso de la calle), participó en la última edición del evento El son más largo del mundo… amén de en eventos varios, haciéndolo todo, siempre, sin dejar de compaginar su costado vocal con el de la composición, sostiene.

“Desde pequeño emprendí mis primero pasos en la escritura de textos musicales. Hoy cuanto más firmo es salsa; pero también incursiono en baladas, boleros u otros géneros”, refiere Adrián.

Una muestra de esa faceta suya quedó bien evidenciada en 2015, mediante la producción discográfica independiente titulada Con más ganas. Son quince cortes, todos temas de su autoría, a excepción de uno. A Muévete como quieras, opening del álbum como de varios de sus espectáculos, se suman, entre otras, Tu carita -cumbia cuya autoría comparte con Edel Cabrera, entre los productores ejecutivos del material-, o Las mujeres, guaracha de favorable repercusión en el público.

“Salsa, timba, kuduru, merengue, bachata…, hay para todos los gustos, y mucha música caribeña, mi preferida, en la placa. He experimentado con casi todo, incluido el reguetón pero una variante singular muy cubanizada y apelativa a resortes muy correctos, con un tratamiento de la letra que no zahiere a nadie ni denuesta al sexo femenino. Se trata de un género más, factible de asumirse; lo que pasa es que ha servido para propósitos muy detestables y de ahí la antipatía de tantas personas”, sentencia.

Desde 2015 el artista posee una gran fuente de inspiración creativa. Es el Proyecto Maracá, una idea compartida con Marleys Verdecia Marín, su esposa y coreógrafa principal de la estructura danzario musical. Ella, universitaria como él, fue bailarina profesional e imparte clases en un centro de altos estudios.

“La Unión de Jóvenes Comunistas fue la primera organización en mostrar su respaldo a nuestro proyecto nacido gracias al concurso de adolescentes y jóvenes; como también la Asociación de Pedagogos de Cuba, la cual entre tantas cosas nos ha ayudado hasta con la adquisición de un vestuario especializado requerido por un colectivo como este de perfil danzario; y además el teatro Tomás Terry. Agradezco de forma especial a su director, Miguel Cañellas, quien advirtió el potencial de Maracá y nos facilitó la sala Ateneo para la realización de los ensayos. No obraron en igual medida todas las instituciones a las que tocamos a la puerta, debo apuntar, y son de las insatisfacciones que uno lleva por dentro”, señala.

Maracá, subraya Gacell, busca lo autóctono y va en sus motivos temáticos desde lo aborigen hasta las danzas folclóricas caribeñas. “Es un proyecto aficionado de nobles intenciones, con el cual hemos participado en la gala del evento Paulo Freyre, dado recibimiento a delegaciones extranjeras y sostenido encuentros culturales con amigos de Cuba. En fecha reciente, a tenor de uno de dichos contactos solidarios, una profesora australiana de Ballet le dio clases magistrales al Proyecto”.

Conformado por quince integrantes de edades comprendidas entre los 17 a 25 años, de heterogéneos orígenes estudiantiles o profesionales, abundan en Maracá los universitarios. Escalar a tal esfera del conocimiento, es algo que Adrián les insta a los muchachos.

Maracá -anuncia el entrevistado- acaba de abrir un cuerpo infantil, de cara a cuya conformación numerosos niños cienfuegueros optaron por integrarlo, durante las audiciones realizadas. Disponen, como en el ala madre, del espaldarazo del teatro Tomás Terry.

Adrián es alguien de tanta constancia como inteligencia, un joven culto orlado de un don que ayuda sobremanera en la consecución de cualquier empresa, mucho más las culturales: la perseverancia. No se arredra ante circunstancias limitantes y hasta ha debido invertir de su propio bolsillo para materializar sus anhelos. Pero sigue ahí. “Nunca ceso ni cejo. Lucho constantemente, siempre para adelante, no desanimo. La idea es profesionalizar a Maracá y perfeccionarnos cada día más en el difícil como tan bello camino del arte”.

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