Abuelo cuenta de Jagua (IV)

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Una década después de la partida del Padre de las Casas y posterior a la muerte de Diego Velázquez, en 1527 regresó Pánfilo de Narváez con un solo ojo.
Su avance hacia el oeste se hacía cada vez más lento, porque tuvo que enfrentar la valiente resistencia de los caciques Ornoya y Caunao en el centro. Creyó el malvado que obtendría apoyo para su campaña invasora; contaba con sus coterráneos Díaz y Lope en el sur y los convocó a reunión en nombre de la Corona. La mayor seguridad para dicho encuentro sería en el área de Jagua, entrando por mar con una de sus carabelas, en el mismo Cayo Ocampo. Allí, en un bohío, escoltado por sus acólitos blancos, se entabló una encarecida discusión regionalista… Inició sus pretensiones don Pánfilo:

-Ya conocéis bien la situación que atravesamos. Desdichadamente la Isla se nos hace cada vez más larga y los colonos somos muy pocos. Sabemos que vuestros indios son fieles y nos serían de mucha utilidad para avanzar hacia occidente. Vengo a solicitaros más colaboración, más entrega a nuestra causa.

Díaz lo interrumpió cortante:

-¿Sabéis por qué son fieles nuestros indios? ¿Realmente vuestra causa es la nuestra?
-Bueno, sabemos que aquí confundís libertad con libertinaje, los inditos y las inditas andan con vosotros.

No sabía la diferencia establecida entre dueño y vecino en Jagua.

-Creo que tenéis bien claro que todos nos debemos a la Corona…

-¿Realmente la Corona sabe todo lo que vosotros hacéis aquí?, esta vez preguntó Lope, insinuando las bajezas egoístas que quedan fuera de todo informe. El malvado conquistador sacó sus uñas:

-Ahora seré más claro: ¡Estáis obligados a cumplir como soldados de nuestros soberanos! Ellos os han concedido estas ricas mercedes que vos se apropiáis ahora.

Su ignorancia de la situación le impedía ver que no eran dueños. No sería conveniente que lo supiera. Díaz lo conminó a desistir de su orden.

-Lo que no compartimos con vos es el método. Como podéis ver, a su alrededor no hay rebeliones ni matanzas. Están en nuestro entorno también las mercedes del querido Padre de las Casas, que goza en la Nueva España o México de un alto cargo en la Corona y apoya nuestra causa en esa instancia… El despiadado conquistador apreció que solo conseguiría repetir sus antiguas discrepancias con el renombrado fraile e hizo otro intento:

-¡Basta, señores! No se le puede pedir peras al olmo. Os doy este día para reconsiderar vuestra postura. Mañana al amanecer atacaré con artillería vuestros hogares hasta hacerlos añicos y desde ya debéis consideraros enemigos del Rey.

– Enemigo vuestro, enfatizó Lope.

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